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Venezuela

#Venezuela Balance 2017: Otro “Annus Horribilis” – por Pedro Carmona Estanga

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Al cierre del 2016 titulé mis reflexiones en este Blog como un “Annus Horribilis” para Venezuela. Pero como en nuestro país todo es susceptible de empeorar, el balance del año 2017 ha sido aún más grave. No existen palabras ni referentes mundiales para describir el proceso de destrucción de una nación como Venezuela, de manos de una banda delincuencial que en medio del caos niega lo evidente, o trata de endilgar a terceros su estruendoso fracaso.

Algunos deplorables pero irrebatibles datos avalan esa afirmación:

–          Venezuela registra al cierre del año otro récord mundial de inflación: 1.400%, con proyección a 2.400% para el 2018, aunque el Economista Oliveros cree que podría trepar a 8.000%. La inflación de noviembre alcanzó 56,7%, pues el Banco Central emite dinero inorgánico para financiar el gasto público. A fines de octubre la liquidez monetaria había crecido en más del 400% y se quintuplicará al final del año; el financiamiento a empresas públicas, especialmente a PDVSA aumentará en 1.000%.

–          Tras 19 aumentos salariales, 4 este año, el salario mínimo mensual fue decretado en noviembre en Bs. 177.507 (US$ 1,60), más un bono de alimentación de Bs. 279.000, que sumados son apenas US$ 4,20 mensuales. García Larralde afirma que el valor del bolívar medido por su capacidad adquisitiva fue en octubre el 0,0025 del que encontró Maduro.

–          El 75% de la población no puede adquirir la canasta básica de bienes y servicios, y según la ONG “Ciudadanía en Acción” 1.200.000 venezolanos sufren desnutrición crónica, pues consumen apenas el 40% de las calorías y 10% de las proteínas requeridas.

–          La moneda se ha devaluado en el mercado paralelo a Bs. 108.000 por dólar, es decir 108 millones anteriores a la supresión de tres ceros decretada por Chávez. Con respecto al peso colombiano la paridad es de 0,003 por bolívar, es decir, casi sin valor monetario. Los anuncios oficiales de crear una criptomoneda (Petro), provocan total escepticismo.

–          El PIB decrecerá este año entre 10 y 12%, cifra que sumada a las caídas del 2014: -3,9%; 2015: -5,7% y 2016: -16,5%, muestran una reducción del tamaño de la economía en cerca de 40% en cuatro años. En paralelo, el ingreso por habitante, que fue siempre de los mayores de América Latina, cerrará en 2017 en US$ 9.000, a la par de Paraguay y Bolivia.

–          El déficit fiscal se ubica en 15% del PIB, lo cual impulsa el financiamiento del gasto público por parte del BCV y la enajenación de activos públicos para proveerse de caja.

–          La deuda externa pública llegó a US$ 170 millardos, equivalente a seis veces el valor de las exportaciones. Las dificultades para honrar la deuda externa han colocado al país en “default” selectivo, mientras el riesgo país según JP Morgan se ubica en 4626 puntos, el más alto del mundo, con un deterioro del 113% este año. Compárese con Perú: 113, Colombia: 177, México: 189, Brasil: 244, para advertir su impacto sobre la deuda.

–          Según cifras de la OPEP, la producción petrolera venezolana fue de 1.863.000 b/d en octubre. De dicho volumen, 505.000 b/d se destinaron al pago de la deuda con China y 123.000 b/d a entregas concesionales al Caribe. PDVSA tuvo que importar 453.000 b/d de crudos livianos, quedando menos de 800.000 b/d como ingresos reales. De allí la crisis fiscal, pese al mejoramiento reciente en los precios. El valor de las exportaciones petroleras del año será el menor en décadas, US$ 30 millardos, comparado con US$ 89 millardos en 2013. Las importaciones solo llegarán a US$ 19 millardos, principalmente del sector público, contra US$ 57 millardos en 2013. Las empresas básicas: siderurgia, aluminio, petroquímica y electricidad se encuentran en virtual parálisis o bancarrota.

–          Las cifras de inversión continúan en caída libre, estimándose que entre 2014 y 2018, se reducirán en 60%, con un 2017 especialmente calamitoso.

–          Las reservas internacionales bordean US$ 8 millardos al cierre del año, con reservas líquidas en nivel crítico, cuando históricamente fluctuaban entre 30 y 40 millardos.

–          La crisis de la salud no tiene parangón. Han reaparecido enfermedades como la malaria, difteria, sarampión y tuberculosis. La Federación Médica Venezolana afirma que los 300 hospitales públicos solo cuentan con el 3% de los insumos requeridos. No existen medicinas para la hipertensión, la diabetes, y los escasos antibióticos son inaccesibles. Según la Encuesta Nacional de Hospitales de 2017, al 76% de los hospitales públicos le faltan medicinas, al 81% material quirúrgico, catéteres o sondas, el 86% tiene dañados los equipos de rayos X, el 94% los tomógrafos, y el 44% los quirófanos están cerrados.

–          Según Caritas Internationalis, la desnutrición infantil es del 15%, lo cual tipifica una emergencia humanitaria. Producto de ello, el 33% de la población infantil presenta retardos irreversibles en el crecimiento físico y mental.

–          La otrora próspera clase media está pauperizada y el 80% de la población recibe ingresos por debajo de la línea de pobreza. El gobierno avanza en su plan de nivelar la clase media hacia abajo, destruir la iniciativa privada y mantener subyugados a los pobres, haciéndolos depender de las limosnas del Estado y del “carnet de la patria”.

–          La diáspora de venezolanos se acercó a fine de 2017 al 10% de la población: 3 millones de personas. Es una irreparable pérdida de capital humano que prosigue, causando problemas migratorios a numerosos países del mundo.

–          Venezuela está aislada. De las 23 líneas aéreas internacionales que unían al país con el mundo 17 se han retirado, y las que quedan mantienen escasas frecuencias. De la flota aérea nacional solo opera un 25% por falta de repuestos y altas tarifas.

–          Unos 560.000 alumnos abandonan la escuela cada año por necesidad de trabajo, falta de alimentos y de transporte público. El déficit de profesores en la educación media y superior es suplido por personas sin formación, mientras la matrícula universitaria y el número de egresados desciende a niveles desconocidos. “La universidad se nos muere en los brazos”, dice un Vicerrector de la UCV, quien agrega: “La misión de la educación es formar valores socialistas y no el talento que el país necesita para progresar. Se busca que las generaciones futuras se cohesionen en un proyecto político totalitario. Hoy tenemos una educación en franco deterioro, en la que el gobierno dejó de lado la calidad”. Solo de tres universidades han emigrado 20.000 profesores en búsqueda de oportunidades y calidad de vida en otros países.

–          En el orden político, este año se acentuó el cerco internacional por parte de EEUU y Canadá, especialmente en transacciones financieras y sanciones individuales a personeros del régimen. La Unión Europea cortó la venta de armas y pertrechos, y se apresta a sancionar a cabecillas del régimen acusados de violación de derechos humanos, narcotráfico y detrimento del patrimonio público.

–          El conocido saqueo a PDVSA fue investigado hace dos años por la Asamblea Nacional sin que el gobierno lo aceptara, pero ha aflorado a raíz de investigaciones de periodistas españoles que han forzado al régimen a acusar a los expresidentes de PDVSA Rafael Ramírez, Eulogio del Pino, Nelson Martínez y su círculo, aunque las cabezas del régimen siguen impunes. Los ex directivos y sus testaferros cobraban hasta 15% para facilitar contratos con la empresa. En Andorra ocultaron US$ 2.300 millones, que son solo la punta del iceberg, y de ello se ocupan actualmente la policía y los jueces del principado. En EEUU los “narcosobrinos” fueron sentenciados a 18 años de cárcel por narcotráfico; el Fiscal de Nueva York concluyó que Maduro y su entorno tenían conocimiento de dichos manejos. Por la corrupción de Odebrecht ruedan cabezas en el mundo salvo en Venezuela, donde la empresa pagó millonarias comisiones y dejó las obras inconclusas.

–          El régimen enterró en 2017 el referéndum revocatorio, convocó a elecciones ilegítimas para una Asamblea Nacional Constituyente (ANC), a la cual se le dio plazo indefinido y poderes supraconstitucionales para subordinar a los poderes públicos y asumir las atribuciones de la Asamblea Nacional electa por voluntad popular.

–          La oposición se fragmentó a raíz de los diálogos con el gobierno y la juramentación de cuatro gobernadores ante la ANC. Los principales partidos no participaron en las recientes elecciones de alcaldes, en las cuales el gobierno hizo de nuevo de las suyas en fraudulentos comicios. En otra satrapía, Maduro pide a la ANC que excluya de las próximas elecciones presidenciales de 2018 a los partidos que no participaron en las municipales, y si el triunfador no se juramenta ante la ANC será inhabilitado, como ocurrió con gobernadores y alcaldes. Entre tanto, voceros del régimen amenazan con no convocarlas mientras EEUU mantenga las sanciones contra el gobierno.

–          El diálogo en República Dominicana termina el año sin acuerdos. Es impensable que el gobierno acepte las exigencias de la oposición de renovar el CNE, garantías electorales, apertura de un canal humanitario, liberación de presos políticos y normalización de la Asamblea Nacional electa en 2015 y bloqueada por el régimen, como ocurrió con el Tribunal Supremo de Justicia designado por ésta, cuyos integrantes están todos en el exilio. Diosdado Cabello no tardó en proclamar que no habrá cambios en el CNE ni liberación de presos políticos, evidenciando que solo desean la capitulación, ganar tiempo o mostrar al mundo que sí dialogan. La nueva reunión prevista para el 11 de enero de 2018 es por ello una ilusión. Es esencial que la oposición no negocie de espaldas al pueblo, pues genera más rechazo, desmovilización y desesperanza.

–          Antonio Ledezma y María Corina Machado formaron recientemente la alianza “Soy Venezuela” junto a personalidades relevantes, planteando como única salida una transición política, en reacción a la erosión en la confianza popular en la MUD.

–          Las protestas protagonizadas por la resistencia en 2017 tuvieron un luctuoso balance de 157 muertos, centenares de heridos y presos, pero terminó diluyéndose, al igual que la acción de algunos militares detenidos; queda no obstante la percepción de que no todo es lo que refleja la abyecta cúpula militar, sino que existe un malestar soterrado. Los heroicos jóvenes de la resistencia se replegaron ante las inconsistencias estratégicas de la MUD, pero dicen estar preparados para hacer presencia en el momento propicio.

–          El Foro Penal maneja la cifra de 391 presos políticos y de, en secreto, centenares de militares, pero alerta que el gobierno haría falsos anuncios de liberación bajo la figura de la puerta giratoria, o excarcelando a personas que no son realmente presos políticos.

–          La militarización del país continúa. La designación del General Manuel Quevedo al frente de PDVSA reafirma la entrega a militares y cubanos del petróleo, minería, alimentos, puertos, notarías y registros, inteligencia, identificación, migración y empresas básicas del Estado, además de negocios ilícitos con total impunidad. En Venezuela hay más Generales que en EEUU con inmenso poder y dinero, para respaldar al régimen y reprimir a la disidencia, ganándose el desprecio de la población.

El recuento anterior refleja otro año con un balance catastrófico, de los 19 largos años de despotismo. La falta de unidad de propósitos en la oposición y las argucias del régimen son sin duda obstáculos en el camino de la libertad para Venezuela. Sigo meditando en que los retos de un futuro gobierno de cambio son harto complejos: a) Reconciliación nacional sin impunidad; b) Reconstrucción de la institucionalidad destruida: PDVSA, FAN, sistemas electoral, judicial e independencia de los poderes; c) Desarme del país y de los grupos paramilitares pro oficialistas; d) Golpe de timón para impulsar la economía, corregir las distorsiones cambiarias, de precios, insostenibles subsidios como el de la gasolina, y atraer inversión para lograr la reactivación productiva; e) Rescatar a la Fuerza Armada, para que reasuma sus funciones constitucionales, y deje de ser un partido político armado, ideologizado y servil al régimen gobernante.

Los factores clave de la crisis actual: colapso económico, crisis humanitaria, corrupción desbordada, fraude electoral, abuso de poder, irrespeto a los derechos humanos y persecución implacable a la disidencia, son potenciales detonantes de una implosión social o de reanimación a la resistencia activa. Ello a la par de una firme presión internacional, que ya ve en Venezuela un narcoestado o un Estado fallido. Confiamos que del dudoso diálogo no surjan nuevas promesas engañosas que oxigenen al régimen, en momentos en que se requiere enfrentar unidos a la inescrupulosa autocracia, empeñada en perpetuarse en el poder de la mano de Cuba, el Foro de Sao Paulo, el crimen organizado, el mundo islámico y la guerrilla colombiana.

Fuente: Desde la distancia (Colombia)

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