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Argentina

#Argentina Esa prenda femenina tan odiada por las feminazis – por María Celsa Rodríguez

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La feminazis siempre se han mostrado contrarias a los atuendos y costumbres que marcan la condición de ser mujer. El corpiño, sostén o brassiere, siempre ha sido un instrumento de protesta. Si bien muchos creen que la fábula del “corpiñazo” que surgió en Argentina luego que una alumna fuera amonestada en un colegio cuando asistió con un atuendo – un vestido musculosa- que no estaba en el reglamento interno, fue la primera manifestación de este tipo. Pero no es así, es parte de la guerra cultural hace muchos años.

El 7 de septiembre de 1968 fue la primer protesta por la “liberación femenina” con motivo de la elección de Miss América en New Jersey en los Estados Unidos. En aquella época, mujeres amas de casa y profesionales armaron un piquete fuera del centro donde se celebraba el certamen, con el argumento que veían sexista a todos los concursos de belleza comparándolo “con una exposición de ganado vacuno” al considerar que se calificaban a las mujeres “como si fueran reses”. En un enorme balde, con el previo permiso a la policía quisieron incinerar lo que ellas llamaban sus “elementos de tortura”: “sujetadores, fajas, ruleros, zapatos de tacón alto, pestañas postizas y algunas revistas, entre ellas ‘Playboy’ y ‘Cosmopolitan’”. Pero NO le fue permitida la quema de tales elementos, así que quedó como un incendio sin fuego. El problema fue cuando al día siguiente ‘The Washington Post’ publicó un artículo que decía: “La parte final y más trágica de la protesta tuvo lugar cuando varias mujeres quemaron públicamente sus sostenes”. Esto fue lo que abrió la polémica por la “falsa noticia” de una quema que no se llevó a cabo. Y escaló en la audiencia de los Estados Unidos que se transfirió a la audiencia mundial quedando la “visión de un sostén ardiendo como forma de protesta”. Como vemos sin la existencia aún de las redes sociales el tema trascendió igual, conociéndose desde entonces a la quema de corpiños como ‘bra-burning’.

En 2018 pasó lo mismo con la historia de Bianca Schissi, la noticia se viralizó por las redes y llegó a los medios donde la joven dijo que la retaron en el colegio por” no llevar corpiño”. Inmediatamente la agrupación feminista MuMaLa armó la manifestación del “corpiñazo” argumentando: “Nos parece que las escuelas están mal enfocadas. A pesar de estar pleno siglo XXI, se enfocan en cuestiones retrógradas como si una chica tiene corpiño o no, en vez de aplicar las leyes, por ejemplo, la de Educación Sexual Integral que está vigente hace más de diez años… ¿Cuántas veces los pibes se sacan las remeras en una clase de gimnasia y eso no es reprimido? Hay una construcción bastante desigual en la exhibición de los cuerpos de los varones y las mujeres”, dijeron. Como vemos tienen mal enfocado los argumentos que esgrimen estos “colectivos”. Primero porque un atuendo no tiene nada que ver con la educación sexual. Segundo, el cuerpo masculino no tiene la misma paridad sexual biológica que el femenino. Y tercero tienen una construcción equivocada de la semiótica en cuanto a los sexos.

En aquella escena de los 60, los corpiños eran exhibidos en público. Esta vez, a 50 años de aquellas primeras feminazis, el fuego consumía sus sostenes. “El uso de esta imagen quería poner de manifiesto la idea de que el feminismo no sólo rechazaba ser objeto del deseo, sino que también trataba de destruir la imagen femenina, privando así a los hombres del placer de contemplarla y mostrando una envidia poco fraterna hacia otras mujeres más atractivas” dice la escritora británica Paula Nicolson.

¿Pero por qué las feministas atacan a los corpiños, y que efectos no solo estéticos sino también médicos generan usarlos o no? En The New York Times, se publicó un estudio realizado por el médico francés Jean-Denis Rouillon, que durante 15 años analizó los senos de 330 mujeres entre 18 y 35 años, separando entre quienes usaban corpiño y las que no lo usaban. Según él, las mujeres que lo usaban tenían sus mamas más caídas, alrededor de 7 milímetros y encontraba sus razones en que el músculo deja de trabajar al estar sostenido. Afirmó que “El hecho de usar corpiño supone que los tejidos que soportan los senos no crezcan y hasta se atrofien y que los pechos se degraden gradualmente”. Sin embargo esta posición
encontró su crítica en cirujanos de estética argentinos que dicen que el estudio sólo tuvo en cuenta la edad de las mujeres analizadas y no el tamaño de sus lolas donde sí estaría la diferencia entre usar o no sostén.

“Fernando Felice, especialista en Cirugía Plástica, Estética y Reconstructiva y director médico del Centro Vesalio Estética, explicó que ‘es inaceptable decir que el uso del corpiño detiene el crecimiento de las mamas, ya que todas las mujeres lo usan y los tamaños de sus mamas son diferentes; de hecho, aquellas que tienen poco volumen mamario y no usan corpiño no obtienen un aumento en sus mamas’. […] el corpiño tiene como función principal generar mayor comodidad en la mujer al evitar que sus mamas se muevan con las actividades diarias. La función secundaria, que tomó más popularidad, es que permite realzar el busto generando un aspecto más sensual en la figura femenina. […] Por la acción de la gravedad, todos los tejidos que se encuentren péndulos en el cuerpo tienden a caer más rápido que los no péndulos (mamas vs cejas). Y también juega a favor la flaccidez cutánea, producto de la genética de cada paciente, y el proceso de envejecimiento”.

Pero el otro problema que se le escapó al médico francés es el tema de la columna de la mujer, al respecto “el traumatólogo Dr. Carlos Vilariño, explicó que ‘por una cuestión del peso que debe soportar la columna, se pueden producir problemas dorsales en las mujeres con senos grandes que no usan corpiño’”.

El corpiño nació de la mano de Pierre Poiret en 1907 y médicamente se sostiene que mejora la postura y evita los dolores lumbares y de espalda por el peso de las mamas para aquellas que tiene un tamaño determinado. Por otro lado ayuda a que los tejidos de la mama no se deterioren más rápidamente provocando un descenso prematuro, molestias al correr y dolores ante cualquier golpe. Los médicos aseguran que  a partir de los 35 años la mujer no debe prescindir del sostén porque la naturaleza y el tiempo demostrarán que la ley de la gravedad hace su trabajo.

* María Celsa Rodríguez Mercado es  Directora de ChacoRealidades.

Fuente: HACER

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