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Uruguay

#Uruguay Atrapados en su laberinto – por Conrado Rodríguez

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vazquezmujicaCuando uno piensa en todo lo que sucedió a lo largo del año, se da cuenta que ya no todo es, ni será igual. De aquel gobierno que asumió el 1ero de marzo con la legitimación de haber obtenido mayoría parlamentaria en primera vuelta, y haber ganado con holgura en el balotaje, a este otro que desea que el almanaque pase sus hojas lo más rápido posible para dar vuelta un 2015 que llevó al presidente Vázquez a decir que estos 9 meses habían sido los más difíciles como gobernante, un mundo de cosas han sucedido.

Varios paradigmas tambalearon y otros cayeron. El Frente Amplio ha demostrado que gobernar en dificultades no solo no le es cómodo, sino que también dejó en evidenciala falta de pericia para resolver los problemas que se le presentaban; todo lo cual abre un signo de interrogación hacia el futuro.

Todo primer año de gobierno, es año de discusión presupuestal, y con él es sabido que los conflictos sindicales emergen. Mientras el conflicto en la educación por incrementos presupuestales iba en ascenso, el gobierno no actuaba abriendo canales de diálogo. No se tuvo la previsión de avizorar la complejidad de un asunto que no era debidamente atendido, y que tenía como base la promesa electoral del presidente Tabaré Vázquez de darle el 6% del PIB a la Educación.

Cuando se decidió actuar, se lo hizo de forma tardía y con un instrumento totalmente inadecuado. El presidente Vázquez decide decretar la esencialidad de forma errática de todo el servicio educativo, en algo que pretendió suponer una señal de ejercicio de autoridad nunca antes vista. Ni el antecedente de aquel largo conflicto del año ‘89, en el que el ex presidente Sanguinetti no llegó a decretar la esencialidad sobre la educación, pesó. En esta oportunidad sí lo hizo el Frente Amplio, sin meditar, ni calibrar los pasos a dar en caso de un no acatamiento.

La resolución de esencialidad finalmente no fue aceptada por los docentes, los que continuaron con los paros y el gobierno quedó enredado en su propia decisión.

Otro mojón importante estuvo marcado por la política internacional del Uruguay. Los primeros anuncios del canciller Nin Novoa abrían la esperanza de que Uruguay cambiaría el eje de sus decisiones. Las afinidades ideológicas y las sociedades peligrosas quedarían atrás. La política exterior pasaría a ser nuevamente una política de Estado, poniendo los intereses de nuestro país como centro de la cuestión.

Hacia finales de la Administración Mujica, Uruguay había entrado en las negociaciones del TISA, a instancias del ex canciller Almagro y del propio ex presidente Mujica. El TISA (Trade in Services Agreement) es un acuerdo que busca facilitar el comercio de servicios, de modo que un proveedor de un país pueda prestar sus servicios en otro país. En esta fase de negociación, los países podían establecer listas para exceptuarlas del acuerdo. Para un país como el nuestro que tiene una fuerte actividad en la industria de los servicios, quedar afuera de negociaciones mundiales sobre esta temática, no parecía lo más inteligente.

Sin embargo, ante la decisión negativa de quienes lo habían propulsado en primera instancia -el MPP y el propio Mujica-, el presidente Vázquez prefirió matar un instrumento válido para Uruguay, a cambio de paz interna y apoyo en el Presupuesto. Nuevamente el país quedó rehén de las disputas internas del Frente Amplio. Por segunda vez pasó el tren, y las autoridades de Uruguay decidieron no subirse a él.

El capítulo de Venezuela generó una brecha, no ya en la interna del gobierno, sino entre el Frente Amplio y las mejores tradiciones de Uruguay. La privación de libertad y proscripción de dirigentes políticos, la acusación del fiscal Nieves sobre las presiones que recibió de parte del gobierno venezolano para establecer pruebas falsas en contra del dirigente opositor Leopoldo López que determinaron su prisión, las amenazas antidemocráticas del gobernante Nicolás Maduro, dejaron en evidencia cómo el oficialismo uruguayo se dividió entre un apoyo obsecuente al régimen venezolano, o el silencio ensordecedor de la Administración Vázquez sobre lo que allí sucedía.

La discusión presupuestal siguió abriendo las grietas de una pared que se descascara. Presupuesto que parte de premisas sin asiento en la realidad, con proyecciones de casi imposible concreción; desfinanciado en más de US$ 2000 millones anuales, con normas que alientan la concentración de poder en Presidencia. Otras que cercenan derechos como el de la tutela jurisdiccional efectiva en los reclamos salariales de los funcionarios públicos, o limitan la responsabilidad del Estado en el suministro de medicamentos de alto costo que pueden salvar vidas, lo que afecta claramente a los que menos tienen. También la política de discriminación y debilitamiento de los órganos de contralor, como el Poder Judicial, el Tribunal de Cuentas, el Tribunal de lo Contencioso Administrativo o la Corte Electoral. Lo que a todas luces, constituye una señal negativa en una República que se debe guiar por el respeto de sus “frenos y contrapesos”.

Estos eran tiempos para fomentar las eficiencias por encima de los eslóganes. De priorizar lo importante y sensible para una sociedad que debe apostar a la verdadera integración de sus hijos, al estímulo de la superación, y al conocimiento que abre puertas y genera más libertad. Nada de esto se vio en este Presupuesto.

Ancap y la cabal demostración que el Frente Amplio no solo no sabe gestionar, sino que no toma las decisiones que debe tomar. En los últimos años el Ente monopólico perdió más de US$ 800 millones de dólares, y nadie es responsable. No hay renuncias, no hay destituciones. Mujica le echa la culpa a Astori, y Astori a Mujica, mientras que la sociedad entera tiene que solventar un nuevo rescate a Ancap, a través de su capitalización.

Mientras tanto, el presidente Vázquez no actúa, no resuelve. La empresa creada por el Partido Colorado sobre 1931, ahora es llevada a situación de “inanición” por parte del Frente Amplio.

Para muchos nada de esto es nuevo; Pluna ya había sido solo la punta de la madeja de una misma actuación. Aquellos que prometieron “el cambio a la uruguaya”, despilfarraron más de 10 años de bonanza, cambiando poco o nada las estructuras del país, pero llevando al abismo el patrimonio de todos los uruguayos.

Sin dudas fue un año intenso en el que el gobierno se vio enfrentado a sus propios dilemas internos; y cuando claramente los caminos se bifurcaban, para avizorar alguna luz, en vez de decidir en beneficio de la gente, prefirió quedar atrapado en su propio laberinto.

Ya no todo es, ni será igual. El 2015 fue un mojón que difícilmente pase inadvertido en la historia de Uruguay. Que en el 2016 Uruguay pueda salir de este enredo, que augure mejores perspectivas a las vividas, pero que en todo caso también deje en claro el desatino de los que tuvieron la posibilidad de resolver, y no lo supieron hacer.

Fuente: Crónicas (Uruguay)

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