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by Manuel F. Ayau CordonManuel F. Ayau Cordon


 





Suplantando a lo pobres

Comerciar equivale a salir de la pobreza

Por Ronald Bailey *

Cancún – Una multitud de cuerpos desnudos recostados en las playas en señal de protesta contra la Organización Mundial de Comercio (OMC) me dieron la bienvenida desde las tapas de los periódicos locales, apenas llegado a Cancún. Y ésa fue la demostración más tranquila de los "globalifóbicos" como llama la gente de aquí a los que se manifiestan en contra de la OMC. Pero hoy las cosas se pusieron más serias finalmente. Los líderes del movimiento antiglobalización congregaron esta mañana a gente muy pobre, pequeños agricultores, campesinos y pescadores tradicionales de todo el mundo y los reunieron en un gimnasio céntrico de la ciudad a escuchar sus acalorados discursos. Uno tras otro, los distintos disertantes les repitieron a los indigentes que los ministros de comercio del mundo se encontraban reunidos a pocas millas del lugar, conspirando junto a gigantescas corporaciones transnacionales para robarles sus sustentos y para hacerlos a todos igualmente pobres.

"¡La lucha sigue sigue, Zapata vive vive!" coreaba a gritos la muchedumbre, siguiendo al pie de la letra el antiguo ritual de provocación y respuesta.

Por supuesto que los manifestantes estaban enojados y usted también lo estaría si estuviese en su lugar y creyera todo lo que dicen los altavoces. Envueltos en bufandas verdes con la consigna "fuera OMC de nuestros alimentos y de nuestra agricultura", se podía apreciar claramente el sentimiento de agravio por parte de los países desarrollados y las grandes corporaciones.

¿Es probable que estas personas estén equivocadas? Podría ocurrir que sus energías estén dedicadas a un objetivo erróneo y que los supuestos líderes de las ONGs estén, en el mejor de los casos, confundidos y en el peor, utilizándolos cínicamente para lograr sus ambiciones políticas.

Hoy los pobres congregados en Cancún, bajo el comando de las ONGs de los países ricos, armaron enormes barricadas. Uno de los manifestantes murió y es el caso de un ciudadano coreano que se suicidó para mostrar las injusticias que, en su opinión, están cometiendo el mundo desarrollado y la OMC. Resulta horrible y entristece mucho pensar que esta persona murió convencida de que su sacrificio podría ayudar a la gente pobre del mundo a tener una vida mejor.

Mientras tanto, del otro lado de las barricadas, en las salas de reunión con aire acondicionado reservadas en el hotel de Cancún, los líderes de las ONGs de los países más ricos y desarrollados, proclamaban conocer la mejor manera de mejorar la situación de los pobres del mundo. En suma, mientras los manifestantes gritaban, luchaban y morían en las barricadas a tres millas de distancia, las ONGs más ricas ponían en marcha un simposio sobre "comercio justo".

Estos grupos explicaron la importancia de haber creado los sistemas de certificación privados apuntados a que los consumidores sepan como se producen los artículos que compran. "Las etiquetas de los productos, hoy en día, advierten generalmente sobre la calidad del producto comprado, cuán nutritivo es éste y si se han respetado estándares específicos de seguridad", dijo Pierre Johnson, jefe de una de las alianzas para el comercio justo. "Ud. no sabe como se hacen estos productos. ¿Se hicieron explotando a niños o por métodos que dañan o que protegen el medioambiente?”.

Los activistas que apoyan el concepto de comercio justo quieren que se modifiquen las etiquetas utilizadas hoy en día y se les agregue la historia de cómo se hace el producto para mayor información de los consumidores. La propuesta incluye certificar la clasificación de los distintos alimentos como: "orgánicos" o no, "intercambiados justamente" o no; y la de los bosques como "administrados sosteniblemente" o no. Resulta interesante notar que los artículos clasificados como "intercambiados justamente" son los de más bajo valor, como lo es el caso del café, el té, el cacao y el azúcar.

En términos teóricos, no tiene nada de malo que los consumidores elijan en base a tal información, siempre y cuando tales certificaciones sean privadas y realizadas en forma voluntaria. Pero la afirmación de que un producto fue “intercambiado justamente” podría hacer que las personas piensen que porque dos productos compiten, han sido intercambiados de manera injusta. ¿Y cuales serían entonces los estándares subjetivos a aplicar? Por ejemplo, ¿Estaría permitido que los compradores discriminen en favor de los productos "hechos en Estados Unidos" dado que las leyes de trabajo de dicho país son mejores que la de Rusia o las de Brasil?

Además, los que abogan por un comercio justo podrían no contentarse con dejar que la gente elija adherirse o no a sus estándares. De hecho, ya están pensando en maneras de convertir los sistemas "voluntarios" en "sistemas” obligatorios y luego incorporar sus estándares y valores subjetivos a las reglas comerciales de la OMC. Chantal Harvard, quién trabaja con el grupo de certificación canadiense Transfair, sugirió que la meta principal de quienes apoyan un comercio justo debería ser la incorporación de estándares ambientales y sociales a las reglas de negociación de la OMC.

Actualmente, las reglas de la OMC se aplican a la calidad objetiva de los productos y prohíben a los distintos países discriminar contra productos específicos en base al proceso de producción de los mismos. Esto implica que las reglas de negociación de la OMC dicen que los países deben dar el mismo tratamiento arancelario y no arancelario a las importaciones de acero, sin importar si éste fue producido en China o Japón; y en el caso del jugo de naranja, sin importar si las naranjas provienen de Brasil o del estado de Florida. Pero la duda más importante es si quienes desean certificar los distintos tipos de productos intentarán engañar o no a la gente pobre responsable de la producción de los supuestos productos "intercambiados justamente".

"Los consumidores canadienses que encuestamos nos han dicho que están dispuestos a comprar productos intercambiados justamente, pero que no necesariamente pagarán precios más altos por ellos” dijo Chantal Harvard. Y es aquí donde se evidencia que no tienen idea de las implicancias de la propuesta. Los precios bajos en el mercado señalan a los productores pobres que deben dejar de cultivar materias de bajo valor y dedicarse a producir algo más valioso; pero al mismo tiempo, los partidarios del comercio justo les están diciendo que podrán mantener su estilo de vida tradicional. Dado el ritmo del cambio económico y tecnológico en el mundo, ésta última es sin dudas una promesa engañosa. El comercio justo puede impulsar temporalmente el ingreso de un reducido número de pobres en el mundo, pero definitivamente no logrará sacar a centenares de millones de personas de la pobreza desesperada en la que viven.

Resulta de gran importancia analizar las agendas de muchos de los grupos medioambientales de países ricos tales como Greenpeace y Friends of the Earth. Estos, aparentemente, temen que el crecimiento económico y la prosperidad de los pobres destruyan el mundo natural que tanto ansían preservar.

En consecuencia, inventan esquemas para persuadir a los pobres de continuar con la agricultura tradicional de baja tecnología y la producción en pequeña escala; podría entonces decirse que es de este modo que logran que los pobres permanezcan fuera del sistema de negociaciones del mundo. Estos esquemas de persuasión, deben enfrentar la evidencia empirica que muestra que en los países más ricos es donde más han mejorado las condiciones del medioambiente natural: el aire se está purificando, las aguas de los ríos se ven más limpias y las superficies forestales continúan expandiéndose. Clara muestra de que desarrollo económico y mejora medioambiental no sólo no son extremos opuestos sino que van de la mano.

La conclusión es muy clara: Incorporar estándares ambientales y sociales a las reglas comerciales de la OMC, sólo logrará retrasar el día en que las personas más pobres del mundo conozcan la prosperidad. Y aquí es donde aparece la pregunta clave para los que creemos en esta última afirmación: ¿Cómo haremos para explicar a los pobres que el libre comercio es una causa por la que merece la pena luchar?

* Ronald Bailey, es corresponsal científico de la revista Reason y becario de International Policy Network

Traducción: Eneas Biglione - Hispanic American Center for Economic Research www.hacer.org



  


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