Wednesday, December 3, 2008

Opinion: Origen y desarrollo de la crisis global actual - por Adrian Ravier


Si bien la mayoría de los analistas sólo empezaron a advertir de una posible recesión en los Estados Unidos a partir de mediados de 2007, hubo un conjunto de economistas, especialmente aquellos que siguen la tradición de la Escuela Austríaca de Economía, que han advertido sobre la misma desde bastante tiempo atrás.

Entre los teóricos más importantes de esta Escuela nos encontramos con los fallecidos Carl Menger, Eugen von Böhm Bawerk, Ludwig von Mises, Friedrich A. von Hayek y Murray Rothbard, o nuestros contemporáneos Israel Kirzner, Joseph Salerno, Peter Boettke, Lawrence White, Roger Garrison, o Jesús Huerta de Soto, por citar sólo algunos.

Algunos analistas afirman que la crisis global actual comienza hacia finales de la década de los ´90, cuando comienza a crearse la burbuja tecnológica. Esto sería correcto, pero pocos de estos analistas advierten que aquella burbuja, como las actuales inmobiliaria y bursátil, tuvieron su origen en la manipulación de las tasas de interés y en la expansión de la oferta monetaria y crediticia desarrollada por la Reserva Federal (Fed) desde el comienzo del gobierno de Bill Clinton.

Entre 2001 y 2002 la burbuja bursátil, y especialmente el sector tecnológico, se desinfló. Algunos economistas adjudicaron el problema a fraudes contables en empresas como Enron y Worldcom, pero en realidad, la política monetaria había cambiado, y había pasado a ser contractiva, por el riesgo inflacionario de continuar la política expansionista.

El derrumbamiento de las Torres Gemelas también golpeó a la economía norteamericana, mostrando su debilidad y alertando de un posible estancamiento. De esta manera el 11S impulsó a Alan Greenspan, presidente entonces de la Fed, y a quien podríamos considerar como el “padre de la actual crisis global”, a intentar evitar, o debiéramos decir más bien, posponer, esta crisis reduciendo las tasas de interés, desde el 6 por ciento en 2002, hasta el 1 por ciento en 2004. Cabe señalar que esta última tasa de interés era en realidad negativa en términos reales, si consideramos que la inflación de 2004 era superior a la tasa de interés nominal. Esta reducción de las tasas de interés fue provocada por una fuerte expansión monetaria y crediticia que permitió, al menos momentáneamente, abandonar las expectativas de estancamiento y recesión.

Los eventos que se sucederían a partir de aquella política monetaria son perfectamente descriptos en la conocida “teoría austríaca del ciclo económico”, desarrollada por el mencionado Mises en 1912; más tarde, en la década del ´30, Hayek profundiza estos estudios, siendo parte importante de su reconocimiento al recibir el Nobel de Economía en 1974.

La reducción artificial de las tasas de interés, y decimos artificial porque la misma no fue el resultado de mayor ahorro, sino de la expansión crediticia de la Reserva Federal, permitió que muchas empresas emprendieran proyectos de inversión que hasta antes de tal expansión eran inviables por el alto costo financiero, y a la vez, que muchas personas tomaran hipotecas para comprar sus viviendas. Esta exposición, gracias a una legislación que fomentaba el sector inmobiliario, generó la llamada burbuja inmobiliaria al concentrar la expansión crediticia en este sector. La mayor demanda impulsó entonces la construcción de nuevas viviendas (en Estados Unidos se construyeron más de 4.6 millones de nuevos hogares entre 2003 y 2006) y también un incremento en el precio de las ya existentes (el incremento alcanzó el 40 % para viviendas residenciales, entre 2002 y 2006).

Si no es erróneo, al menos es incompleto, denominar a esta crisis global como crisis subprime. Y es que la burbuja no fue sólo inmobiliaria, sino también bursátil, dado que si bien existía un sesgo regulatorio hacia el mercado inmobiliario, parte de la expansión tarde o temprano llega a otros sectores. Entre 2003 y 2006, el Dow Jones se incrementó, sin tener en cuenta los dividendos, un 45 %, el S&P 500 un 55 % y el IBEX un 125 %. Todo esto, cabe remarcar, fue el resultado de la política monetaria y crediticia expansiva dirigida por la Fed. Política, que según la teoría predicha, presenta una primera etapa de auge donde además de lo dicho, se observan incrementos en los beneficios empresariales, y en estos años en particular, fue mayor aún en las empresas constructoras (entre 2003 y 2006 los beneficios fueron de 136 % para Meritage Homes Corporation, 131 % en el caso de Cetex Corporation, 128 % para Lennar Corporation y 97 % en el caso de DR Horton Inc). No es extraño entonces observar que el sector de la construcción a su vez, haya atraído mano de obra que se desplazaba desde otros sectores.

Pero si algo caracteriza a la teoría austríaca del ciclo económico es que tal política monetaria expansiva es insostenible en el tiempo. Mises explicaba, ya en su “Teoría del dinero y del crédito” de 1912 que, “llegará un momento en que ya no será posible seguir aumentando la circulación de medios fiduciarios. Entonces se producirá la catástrofe, con las peores consecuencias, y la reacción contra la tendencia alcista del mercado será tanto más fuerte cuanto más largo haya sido el período durante el cual el tipo de interés de los préstamos estuvo por debajo del tipo natural de interés y cuanto mayor haya sido el alargamiento de los procesos indirectos de producción no justificados por la situación del mercado de capital.”

Es cierto, como afirman muchos economistas, que numerosos bancos otorgaron créditos a tasas bajas sin analizar correctamente el riesgo crediticio, pero a mi juicio, tal cosa ocurrió como consecuencia de la política monetaria y crediticia desarrollada por la Fed. Sin aquel “dinero fácil” los bancos no habrían podido crear esta burbuja especulativa.

Ya en 2004 Alan Greenspan presenta un discurso ante el congreso norteamericano donde afirma que se debiera aumentar la tasa de interés, para prevenir los primeros indicios de inflación en los Estados Unidos, y también desincentivar el tomar nuevas hipotecas para la compra de viviendas. La tasa de referencia de la Fed, que se encontraba en el 1 %, comienza entonces a subir hasta alcanzar el 5.25 %. Este aumento fue, por un lado, acompañado por una contracción del crédito, lo que redujo la demanda de propiedades, y en consecuencia, el precio de las mismas se desplomó. Por otro, elevó el costo financiero de las cuotas que aquellos que habían comprado sus viviendas a crédito debían pagar. Esto implicó serios problemas a numerosos bancos que observaron que las cuotas no se pagaban. En pocos meses, ante la imposibilidad de continuar pagando las cuotas, muchas personas tuvieron que entregar sus viviendas al banco, quien las acumulaba y observaba que el precio de las mismas caía por debajo del dinero que habían prestado.

En cuanto al mercado bursátil, desde principios de 2007, se observan fuertes caídas en el valor accionario del Dow Jones, S&P 500 y el IBEX 35.
Así, no es difícil comprender las dificultades de numerosas compañías de primer nivel como Citibank, Bear Stearns, Fannie Mae y Freddie Mac, Lehman Brothers, Merrill Lynch, AIG, algunas de las cuales fueron fusionadas con otras empresas, otras quebraron, y otras fueron rescatadas por el gobierno norteamericano. El sistema financiero, al no poder recuperar el valor de los créditos otorgados –dada la caída del precio de los inmuebles- debe comenzar a vender sus inversiones en activos financieros haciendo caer el precio de las acciones y bonos, afectando así el valor del mercado de las inversiones del sistema en general.

Es importante remarcar que las crisis económicas no son únicamente un efecto financiero o de “bolsas”, sino que el efecto es real, “no neutral”, incluso en el largo plazo. Estos movimientos artificiales en las tasas de interés afectan decisiones de inversión, especialmente generando un sesgo hacia inversiones de un plazo mayor al conveniente, dada la tasa natural de mercado. Si esto se mantiene por varios años, entonces comienzan a acumularse errores de inversión. Cuando la Fed revierte su política monetaria y la tasa de interés comienza a subir, proyectos de inversión, que quizás aún no han sido completados, dejan de ser rentables, teniendo problemas para devolver sus créditos a los bancos o teniendo que cesar sus actividades. En estos proyectos se han invertido recursos y capital, que ahora no puede utilizarse en otros proyectos, motivo por el cual se ha “destruido” capital en términos económicos. Aquel proyecto que contemplaba un astillero no puede transformarse en una fábrica de autos, y dado que los recursos de capital ya han sido utilizados en un astillero tampoco podemos producir la fábrica de autos que el mercado sí pedía. En pocas palabras, no sólo se ha invertido mal, sino que se ha retrocedido.

Ni la burbuja bursátil, ni la burbuja inmobiliaria han alcanzado aún su piso. Los precios de las acciones y de las viviendas siguen cayendo, al tiempo que numerosas empresas quiebran y despiden trabajadores. La tasa de desempleo en Estados Unidos ya es récord en los últimos 10 años.

El gobierno y la Fed, pueden tomar una decisión similar a la que tomó Greenspan en 2002, reduciendo artificialmente las tasas de interés y generando un nuevo auge económico. Pero de tomar tales medidas, debemos saber que pronto nos enfrentaremos a un nuevo episodio con similares características a las que hoy estamos viviendo.

Algunos analistas llaman a “regular” mejor los mercados y abandonar la “liberalización financiera”. Ignoran estos economistas, a mi juicio, que llegamos a esta crisis luego de intentar emular, en materia monetaria, aquellas políticas que Carl Marx planteaba en su “Manifiesto Comunista”, o John Maynard Keynes, proponía en su “Teoría General” cual es “gestionar científicamente” las variables monetarias, decidiendo la autoridad monetaria la cantidad de dinero que debe haber en circulación y controlando a partir de allí el nivel de la tasas de interés, del tipo de cambio, de generación de empleo e incluso la tasa de crecimiento económico. Si hay algo que el sistema financiero no tiene es ausencia de regulaciones y controles.

No recuerdo, a modo de prueba empírica, que durante la vigencia del Patrón Oro, el mundo haya experimentado un episodio de inestabilidad tan fuerte como el presente.
No podemos dejar de advertir tampoco el problema de “riesgo moral” que implica el salvataje que hoy desarrolla el gobierno norteamericano. La sensación que queda, es que no importa los errores de inversión que se cometan en el futuro, ni el excesivo riesgo que los empresarios asuman, ante riesgos de insolvencia o quiebra, el gobierno norteamericano los rescatará. Este mismo “riesgo moral” lo observamos en el sistema financiero, cuando la banca central, en el caso norteamericano la Fed, juega un rol de prestamista de última instancia para rescatar a bancos, como es hoy el caso de Citibank.

Entre las propuestas que le valieron a Hayek el mencionado Nobel de Economía se encuentra eliminar las intervenciones sobre el mercado monetario y crediticio, terminando con el curso forzoso de la moneda gubernamental, y dar lugar a un sistema monetario libre o de “libertad bancaria”. Si seguimos este camino, y el gobierno norteamericano se abstiene de intervenir en la economía mediantes regulaciones, controles o subsidios, la economía se recuperará rápidamente a través de un ajuste de mercado que acomodará la economía a la realidad económica subyacente. Es cierto que algunas empresas o bancos caerán, pero este es un costo ineludible para corregir los desaciertos acumulados durante tantos años de tasas de interés artificialmente manipuladas. En economía, ciertos límites metodológicos nos impiden acertar en predicciones cuantitativas o de tiempo, pero me apresuro a predecir, que de liberarse el sistema financiero, como ha sugerido Hayek, en menos de un año, la creatividad empresarial habrá creado suficientes empresas para absorber a todos los trabajadores que hoy están desempleados.

* Adrián Ravier es Economista de la Fundación Friedrich A. von Hayek. Artículo publicado originalmente en la revista digital: “La Escuela Austríaca en el Siglo XXI”, No. 11, diciembre de 2008.

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Sunday, November 30, 2008

Argentina: Vietnam, los Kirchner y la APEC - por Ernesto Poblet


Los pueblos no mueren ni se suicidan. Salvo el caso de Esparta que desapareció por su exacerbación estatista y belicista. Mayas y aztecas se integraron a nuevas civilizaciones y prodigaron a la humanidad buenas muestras culturales. De Esparta no quedó ni una mísera alfarería ni pensamiento relevante.

El Licurgo del siglo IX a/C., de dudosa existencia, aparece como el diseñador del sistema espartano, una especie de libretista de sociedades totalitarias reglamentadas al estilo Karl Marx.

Nada de libertades y los seres humanos convertidos en esclavos del Estado tras un régimen militar rígido. Eso sí, el pensador alemán radicado en Inglaterra supo adornar su teoría con pintorescas fórmulas seductoras y el violento Lenin debió aplicarlas a machaca martillo hasta modificar prestamente la economía de la U.R.S.S en 1923.

Es curioso el paralelismo a contramano que se ha operado entre la Vietnam "comunista" y los casi seis años de la Argentina de los Kirchner. Terminada la famosa guerra en 1974 el régimen marxista de los vietcong comenzó con sus clásicas medidas centralistas a través de un selecto bureau o simple oligarquía.

Prohibieron todo partido de oposición, encerraron en presidio cualquier dirigente político que no coincidiera con ellos o lo mandaban a campos de reeducación no muy diferentes de la colonia penal de Marcos Paz. Abolieron la propiedad privada. Colectivizaron el campo y las fábricas. Ocuparon a la vecina Cambodia y millones de personas se fugaban en balsas por el Golfo de Tomkin. La debacle económica se había instalado desde que comenzó el sistema pero hizo eclosión por lo disfuncional e irrespirable en el año1986.

Vietnam es un país de más del doble de población que la Argentina (85 millones y medio de habitantes) con un territorio no más grande que Alemania. Durante los doce años de estatismo colectivizante los vietnamitas fueron ayudados por la Unión Soviética en forma sigsagueante. La decisión por el "DO MOI", nombre dado a la Reforma de 1986, cambió el destino de este ajetreado país.

Empezaron a paladear el sabor por la competencia no del todo extraño en un pueblo saturado de la post guerra y la falta de libertades, abordaron desafiantes la demonizada economía de mercado, motivaron rápidamente a la propiedad privada, especialmente en el campo y las empresas, atrajeron a las inversiones extranjeras incluyendo a sus ex feroces enemigos los norteamericanos.

Pronto creció la producción industrial, el agro, la construcción y fomentaron las exportaciones. Multiplicaron el ahorro y las inversiones. Vale decir, todo lo contrario de lo que hacen los Kirchner.

Si bien hoy Vietnam no ha llegado a ser un paraíso se ha transformado en el país con menor porcentaje de desempleo en el sudeste asiático. Redujo la pobreza brutal a sólo un 14,75 %, menos de la mitad que la Argentina de los Kirchner. Sostienen en distintos foros que Vietnam puede pasar a ser un país desarrollado en poco tiempo.

La Argentina de los Kirchner continúa adormecida por las peroratas y parece esquivar toda posibilidad de desarrollo que se le presenta. No supo aprovechar con inteligencia la bonanza de la soja transgénica que apareció de sorpresa en 2003 fruto del coraje, esfuerzo y riesgo de nuestros agricultores de 1996, cuando se lanzaron a la experiencia modernizante aprobada por los grandes laboratorios del mundo.

Se comieron los Kirchner la gallina de los huevos de oro al gravar con confiscatorias retenciones la producción de oleoaginosos. En alocada y perversa política se prohibieron las mejores exportaciones de la Argentina con marca registrada en el mundo. Perdió nuestro país sus mercados de carne, leche, quesos, cereales, oleaginosos y la gama alimentaria que la naturaleza prodigó a esta Argentina destruida no por la naturaleza ni por las guerras sino por estos insólitos gobernantes.

Pretenden hacer creer que el manotazo de ahogado para robarse los fondos previsionales y malversarlos entre la burocracia de Anses va a significar una mejora para los mismos jubilados estafados, tanto los de reparto como los de capitalización.

Todas las promesas fatuas y retóricas de los Kirchner no podrán contra la realidad. Hay margen para vislumbrar una luz de optimismo. Ya en las conversaciones de los argentinos aparece una resignación esperando unos meses apocalípticos.

Los vencimientos de las obligaciones externas, la incidencia de la crisis internacional, la falencia absoluta de inversiones y créditos, las demandas salariales por la inflación, el desempleo esperando en las gateras y todos los males derivados de una suicida política estatista y centralista determinarán la implosión irreversible de los Kirchner. Ellos son sus propios destituyentes.

¿ Y qué vendrá después…?. Los vietnamistas y otros 20 países y 1178 empresarios del mundo se reunieron en Lima por la cumbre de la APEC, sigla en inglés del Foro de Cooperación Económica de Asia y el Pacífico. Lo integran por latinoamérica México, Chile y Perú, además EE.UU y Canadá. Los tres países de Oceanía y 13 del Asia del Pacífico entre los cuales están las dos Chinas, Japón, Hong Kong, Rusia, Corea del Sur, Singapur, Indonesia, Malasia, Vietnam, etc.

Hace veinte años varios de estos países estaban peor que Perú y Chile y hoy son potencias. ¿Y que los cambió…? A juzgar por las propias expresiones los cambió la educación, la innovación tecnológica, las inversiones, la confianza crediticia y la falta de barreras para producir, exportar e importar. Exactamente las falencias de los Kirchner.

Con sencillez y sabiduría proclamó la APEC que las crisis se combaten con inversiones y sin encerrarse entre barreras. Las crisis son la gran oportunidad para innovar tecnológicamente. Declararon el compromiso de no imponer medidas proteccionistas por 12 meses e impulsar un rediseño financiero internacional.


El optimismo prometido para los argentinos consiste en un dato de reciente actualidad que nos promete un futuro promisorio para después de la tormenta kirchneriana: en la etapa de los alimentos los países con mayores posibilidades son tres: Argentina, Brasil y la India ¡en ese orden!.

Son los tres países con ventajas productivas considerables, con la diferencia que la India y Brasil tienen el problema alimentario de su propia población y por ello sus saldos exportables resultan menores que los nuestros. El problema de la demanda alimentaria no es transitoria sino estructural, por lo tanto necesitamos institucionalidad, seriedad, cumplimiento de palabras, contratos, seguridad jurídica y jamás llegar tarde. Por esta veta, la gran producción alimentaria, el futuro es nuestro.

Los psicólogos han extraído de la física la palabra "resiliencia". Significa la capacidad de sobreponerse a las tragedias o períodos de dolor emocional.

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Friday, November 28, 2008

El New Deal argentino - por Adrian Ravier


El Gobierno argentino pretende controlar la producción, ignorando que en un mercado libre, gracias a las señales que proporcionan los precios, el tipo de interés y los beneficios empresariales, prevalece la famosa "soberanía del consumidor".

Mientras Estados Unidos y la Unión Europea lanzan unos paquetes de gasto público de cientos de miles de millones de dólares y de euros con la vana esperanza de que sus economías se reactiven, el Gobierno argentino no quiere ser menos y viendo que su economía se enfría día a día y se encamina hacia una gran crisis, ha anunciado su propio plan.

Ante la nacionalización del sistema de pensiones, los argentinos nos hemos preguntado cuál sería el destino de los fondos (unos 24.000 millones de dólares que habían acumulado las administradoras, además de unos 4.500 millones de dólares que anualmente se sumarán a las arcas del Estado por las nuevas aportaciones de los "contribuyentes"). Ayer, la presidenta Cristina Fernández de Kirchner se ocupó de despejar las dudas. Las cuatros medidas fueron las siguientes:

1) La creación de un Ministerio de la Producción, que entre otras tareas –aún por determinar–, ejecutará a partir del 15 de diciembre "el plan de obras públicas más ambicioso del que se tenga memoria, con una cifra de 71.000 millones de pesos" (algo más de 20.000 millones de dólares).

En pocas palabras, la presidenta destinará los "fondos expropiados" a un plan de obras públicas que genere empleo y reactive la economía. Es de esperar también que el Gobierno, mediante este Ministerio, pretenda controlar la producción, ignorando que en un mercado libre, gracias a las señales que proporcionan los precios, el tipo de interés y los beneficios empresariales, prevalece la famosa "soberanía del consumidor" (éste es quien determina qué se debe producir, en qué cantidad y a qué calidad). A partir de ahora, en la Argentina, los empresarios deberán seguir la voluntad del Ministerio de la Producción, en lugar de la de los consumidores.

2) "En materia de empleo vamos a condonar la totalidad de la deuda tributaria a los empresarios que tengan a todos sus trabajadores regularizados", sostuvo la presidenta, al tiempo que aclaraba que la medida sólo se aplicará a las empresas de hasta 10 empleados.

Más allá de ciertos problemas que surgen con la aplicación de esta medida, se observa cierta miopía si uno tiene en cuenta que las empresas con menos de 10 trabajadores son las que acaparan el 75% del mercado laboral informal. La medida, en definitiva, no logrará cambiar la situación de las pymes, que es el objetivo del Gobierno.

3) "Además vamos reformar el sistema de contribuciones patronales, de manera que por cada nuevo puesto de trabajo sólo se aportará el 50 por cien de la cotización actual durant el primer año y el 75 por cien en el segundo", explicó Kirchner.

Argentina evidencia en la actualidad un nivel de presión fiscal récord. Se ha pedido, desde distintos ámbitos, reducir esta carga con el objetivo de que las empresas puedan disminuir sus costes y generar empleo. Esta política iría en la buena dirección, pero es insuficiente y difícilmente será exitosa si tenemos en cuenta todo el otro arsenal de regulaciones adicionales que sólo incrementan el riesgo y los costes empresariales.

4) Y como cierre, la presidenta anunció un nuevo esquema impositivo destinado a fomentar la "repatriación de capitales". De acuerdo a las nuevas categorías anunciadas, los fondos sin declarar estarán gravados con un 8 por cien, los que no formen parte del sistema financiero con el 6 por cien y los que se inviertan en títulos de la deuda o proyectos de infraestructura o inversión inmobiliaria, agraria o industrial sólo con el 1 por cien.

Según los propios informes del Banco Central, Argentina ha registrado en los últimos doce meses una fuga de capitales que supera los 25.000 millones de dólares. Difícilmente esta medida logrará generar un ingreso siquiera similar a esta cifra, más aun considerando que la propiedad privada es un concepto que el Gobierno ha mostrado desconocer.

La confusión del mensaje se trasladó a los mercados, con una pequeña subida de la Bolsa de Buenos Aires de tan sólo un 0,5 por ciento, tras haber perdido la mayor parte de su capitalización en los últimos meses.

En definitiva, Argentina ha aprobado su propio New Deal y lo financiará hipotecando el futuro de sus ciudadanos. Si sigue aplicándose la filosofía del actual Gobierno, parece inevitable que comiencen a violarse los contratos, la seguridad jurídica y la propiedad privada y que la Constitución nacional continúe siendo letra muerta. La única esperanza que puede quedarnos es que, como en tantas otras ocasiones, el Ejecutivo no cumpla sus promesas y este "plan" quede en el olvido.

* Adrián Ravier es economista de la Fundación Friedrich A. von Hayek.

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Thursday, November 27, 2008

Argentina: Inseguridad teatralizada - por Laura Etcharren


La obra de Eduardo Pavlovsky en Página 12 y los intentos creativos de no explicar nada.

Desde la característica parcialidad del gobierno en materia de seguridad, aparecen nuevos adherentes vinculados a la intelectualidad complaciente que se enarbolan en la composición de la marginalidad y la pobreza como factores determinantes de la delincuencia. Fundamentalmente, de la delincuencia juvenil que ha puesto en la mesa de debate el interrogante del qué hacer con estas nueva generación de menores que bajo el cliché del desencantamiento del mundo, el hastío de la vida misma y la impunidad que les otorga la benevolencia de la ley salen a matar y robar como una práctica cotidiana que agudiza el proceso de descomposición social por el cual atraviesa, desde hace décadas, la sociedad argentina.

Bajo estas características, los ciudadanos, inexorablemente, se convierten en rehenes de las decisiones incoherentes de magistrados que aún no han comprendido, ya sea por incapacidad o bien, por voluntaria negación, que existen menores víctimas y menores victimarios. Estos últimos, divididos entre los diferentes estratos sociales que construyen el panorama callejero violento de nuestro país que ya es permeable a la penetración e influencia del narco al momento de entablar relaciones de poder.

Y los menores víctimas que también se dividen en estratos sociales, ya que niños que viven en barrios de emergencia o villas miseria también se encuentran atados a la demencia de aquellos que por decisión y rentabilidad no quieren salir del mundo delictivo.

Entonces, si de criterios epistemológicos y sociológicos se trata, pongamos las cosas en su lugar sin caer en baratos reduccionismos funcionales a un gobierno que ha bastardeado los derechos fundamentales de manera antológica.

A través de la palabra, analicemos el estado de situación de la realidad para que la llegada al lector tenga veracidad empírica y no sea producto del imaginario de individuos que buscan llenar las páginas de los diarios con ideas obsoletas que contribuyen a ampliar el espacio para la proliferación de las pandillas en su antesala de maras.

Como Eduardo Pavlovsky, que en un artículo titulado “Hambre y represión” publicado en Página 12 el sábado 22 de noviembre de 2008 se embarca en un intento descriptivo frustrado acerca de los por qué la inseguridad es la "estrella" de la Argentina. Un intento creativo de no explicar nada.

Hace referencia a que la lógica de un chico del Conurbano Bonaerense no es la misma que la de un chico de Capital cuando lo cierto es, que la lógica delictiva no distingue espacio geográfico. La lógica del delincuente siempre es la misma con la única diferencia que algunos lugares son más proclives para llevar adelante la compulsiva seguidilla de ilícitos.

Un chico de La Matanza puede pensar como un chico de la Villa 31 ubicada en plena Capital Federal. Puede pensar, como dice Pavlovsky, que dentro de un par de años estará muerto. Algo que va más allá del espacio físico.
La inseguridad no es una caricatura para satisfacer morbos o perversidades.

Hacer comparaciones forzadas con el ayer es un sinsentido cuyo fin último y verdadero es profundizar las heridas de algunos, distorsionar el hoy y escarbar sigilosamente en los odios y los rencores que nos estacan en una sociedad de pasado que no evoluciona y por ende, tampoco se desarrolla en lo que a la construcción de la subjetividad respecta.

No permite que la conciencia colectiva se expanda y repose en los lineamientos de un presente que más allá de tener reminiscencias de pasado puede ser concreto y no repetitivo.

Entonces, resulta extraño que las mentes supuestamente agiornadas digan, por ejemplo, que el hambre y la desnutrición infantil son violaciones a los derechos humanos equiparables a las atrocidades de la dictadura. Y que allí está el germen de la formación de la delincuencia infantil y sus consecuencias actuales.
Traer a colación a la dictadura como parte responsable o equiparable de todas y cada una de las cosas que suceden en la Argentina es una carencia argumentativa típica desde Néstor a Cristina.

Sí es cierto que el hambre y la desnutrición son violaciones a los derechos del niño y de los hombres pero distan de ser comparables con la dictadura. Ese proceso se encuentra situado en otro momento socio- histórico que como tal, tiene sus propias características. Las cuales requieren, por supuesto, de un tratamiento aparte.
Es bastardear a los pobres decir que ellos son el germen de la delincuencia infantil. En todo caso, ellos, serán una de las extremidades de este banquete delictivo que paulatinamente se sofistica y alía con el crimen organizado que no precisamente es marginal.

Razón por la cual, la inseguridad a nivel Nacional no es el libreto de una obra que usted, como director, pueda dirigir, acomodando a sus protagonistas conforme a sus intereses creativos.

La inseguridad, no puede ser teatralizada en la página de un diario.

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Tuesday, November 25, 2008

La Argentina de ensueños - por Marcos Aguinis

A menudo nos quejamos de la decadencia argentina y solemos fantasear sobre el mejor destino que nos hubiese deparado la ausencia de algunos hechos negativos, como los golpes de Estado, o qué rasgos predominarían si se hubieran consolidado leyes y costumbres que capaces de mantener la tendencia al crecimiento material, cultural y moral que prevalecía en los comienzos del siglo XX. ¿Cómo hubiera sido nuestro país si aquellos graníticos pilares que se llamaban "la cultura del trabajo", "la cultura del esfuerzo" y "la cultura de la decencia" no se hubiesen degradado a la mendicidad, el facilismo y la anomia que hoy nos corroen?

Acaba de aparecer un libro que nos permite navegar sobre las posibilidades que no fueron, pero dejan una enseñanza poderosa que debemos atender. No se trata de ficción, sino de análisis y perspectivas fundadas en hechos. Lo ha escrito Rosendo Fraga, e integra el nuevo género de la historia contrafáctica, que empezó en el Reino Unido en 1931 y es ahora cultivada en varios países. Faltaba la Argentina. No se trata de conjeturas antojadizas, sino de recordar los hechos tal como fueron y detectar cómo, merced a un giro menor, pudieron haber seguido un curso diferente al que registra la historia. Es un ejercicio mental fruitivo, un homenaje al azar que -lo insinuó Borges- suele equivaler a la categoría que llamamos destino.

El título de la obra que ha escrito Rosendo Fraga es ¿Qué hubiera pasado si...? Traduce el What if?? que apareció en Londres y Nueva York en 1931, y luego fue objeto de numerosos trabajos publicados en sucesivos volúmenes, todos ellos a cargo de personalidades reconocidas. Con firme erudición, despliegue imaginativo y un lenguaje fluido, autores tan diversos como Emil Ludwig, Winston Churchill, G. K. Chesterton, Philip Guedalla, André Maurois, Hilaire Belloc, Milton Waldman, Caleb Carr, David McCulloght y muchos otros permiten apreciar el panorama de un mundo distinto del que conocemos. Y que casi, casi, pudo ser el nuestro.

No se trata de ficción, tampoco de la ficción ucrónica ni utópica. Es historia, porque se respalda sobre datos marmóreos, pero incorpora a esos datos el aleteo de una mariposa, que genera una modificación atmosférica cuya resonancia a lo lejos puede llegar a tener la potencia de un huracán. Ese aleteo pude ser algo tan nimio como la firma de un decreto, la muerte de un general en el caos de una batalla, o la decisión de cometer una desobediencia al poder de turno. Los argentinos podemos preguntarnos ahora qué hubiera sido de nuestro atormentado país si, en su breve período, el presidente Duhalde no hubiese elegido a Néstor Kirchner como sucesor, regalándole sus propios votos.

En la historia del mundo han ocurrido hechos que la dibujaron tal como la conocemos. Stefan Zweig, en su maravillosa serie titulada Momentos estelares de la humanidad , describe los chispazos que tuvieron consecuencias enormes. Pero esos chispazos pudieron no ocurrir, y entonces se habrían desbrozado otros caminos.

Aunque el libro de Rosendo Fraga está dedicado a la Argentina, brinda algunas páginas para sintetizar reflexiones que conciernen al universo entero. Por ejemplo, el gran historiador William McNaill, en su obra Gente y Plagas , describe cómo una epidemia mortífera salvó a Jerusalén, en el año 701 a.C., de ser destruida por los asirios, luego de un asedio que pretendía un masivo exterminio. De no haber estallado esa plaga, o de haberse demorado, o de haber sido menos virulenta, no sólo caducaba en ese año la identidad y la religión judías, sino que se tornaban imposibles sus dos gigantescas derivaciones que son el cristianismo y el islam. ¿Nos imaginamos un mundo sin esas vastas religiones?

Otro autor, Josiah Ober, desarrolla las consecuencias que se hubieran originado si un camarada no salvaba a Alejandro Magno de una muerte segura en la batalla del Río Granicus, en el año 334 a.C., frustrando de ese modo la expansión helénica por Asia y Africa, luego por el resto de Europa. Quizá las maravillas de esa civilización habrían quedado sepultadas por milenios.

Otros estudios, siempre basados en hechos, reflexionan sobre las consecuencias de una victoria romana sobre los bárbaros de Europa central, y el avance del imperio hasta el Báltico, provocando una unidad continental sin paralelo. ¿Qué hubiera pasado si Charles Martel no hubiese podido detener, en la batalla de Poitiers, a las victoriosas tropas musulmanas, que en una centuria se habían expandido sobre tres continentes y anhelaban completar la conquista de toda Europa? Y así, de año en año o de siglo en siglo, se pueden conjeturar rutas lógicas que hubiesen conducido a otros finales, tanto de pequeñas regiones como de extensiones inconmensurables.

Además del placer que brinda navegar por esas posibilidades "de novela", que no son novela, se puede adquirir una visión sorprendente sobre acontecimientos que, mirados a la distancia, parecen obvios. No son obvios y estuvieron a un tris de convertirse en otra cosa. Equivale a mirar con lupa y descubrir elementos que exaltan nuestra emoción, refuerzan nuestros conocimientos y nutren el motor imaginativo.

La obra de Rosendo Fraga sigue un orden cronológico que empieza en el Virreinato y se decide por un punto final (transitorio) ubicado en la guerra de las Malvinas. Cada uno de los quince capítulos tiene la insolencia de plantear una pregunta incómoda y jugarse por el despliegue de una respuesta satisfactoria sobre la base de una profusa y bien procesada documentación.

No me resisto a reproducir esas cuestiones, porque son axiales para la comprensión de la historia nacional. ¿Qué habría pasado "si no se hubiese creado el Virreinato del Río de la Plata?, ¿si las invasiones inglesas hubieran tenido éxito? , ¿si San Martín hubiese obedecido al Directorio, que le ordenaba regresar a Buenos Aires en vez de seguir hacia el Perú?, ¿si al general Paz no le hubieran derribado el caballo?, ¿si Rosas hubiese triunfado en Caseros?, ¿si el Paraguay hubiera ganado la Guerra de la Triple Alianza?, ¿si Roca no hubiese ocupado el sur del país?, ¿si hubiera triunfado la revolución del 90?"

El libro se introduce en el siglo XX con otras cuestiones fogosas, de las que aún viven testigos presenciales. Qué habría pasado "si hubiera fracasado la revolución del 30?, ¿si no hubiese tenido lugar la revolución de 1943, o esa revolución hubiera tomado otro camino?, ¿si en 1955 se hubiese precipitado una guerra civil?, ¿si hubiera fracasado el golpe contra Frondizi?, ¿si no hubiese habido un golpe contra Illia?, ¿si no hubiera habido golpe en 1976?, ¿si se hubiese recuperado la soberanía en las islas Malvinas?"

En el fluir de esta obra repasamos nuestro pasado con un estímulo diferente. No se trata del gastado y plagiado revisionismo, ni de la llamada historia oficial, ni de las sombras que impone la alienación ideológica. Nos conduce por el pavimento de hechos indiscutibles, y es a partir de ellos donde tropezamos con un incidente -recordemos: ¿es el azar un sinónimo de destino?- que tuerce el devenir hacia otro derrotero, muy lógico, pero que no fue el hollado. El golpe de timón no es transitorio, sino que genera consecuencias de inconmensurable magnitud.

Ahora que las reivindicaciones indigenistas cargadas de demagogia (apoyo sólo las que de veras benefician a los pueblos originarios) quieren expulsar a Roca del panteón nacional, vale la pena recordar que él incorporó a la soberanía argentina los territorios que le pertenecen en la actualidad. Rosendo Fraga narra qué hubiese pasado si Roca no hubiera asumido la presidencia de la Nación en 1880. En su lugar habría estado Adolfo Alsina, que desechaba los planes de extender la ocupación de la Patagonia, con el argumento de que sería un gasto improductivo, que la tierra no era cultivable y las condiciones de vida parecían una tortura. Entre 1880 y 1883, Alsina hubiera seguido un plan de ocupación gradual que no excediese el Río Negro. Toda iría bien: "Tras cada avance se crean poblados, se distribuyen tierras y se someten a las tribus que optan por quedarse. Tampoco desea colonizar los territorios del gran Chaco, que han quedado bajo la soberanía argentina después de la Guerra del Paraguay".

Pero promediando la presidencia de Alsina tiene lugar un conflicto internacional que crea fuerte tensión. Los colonos galeses del Chubut, en una asamblea, piden la incorporación de sus tierras a la corona británica y proponen crear la colonia del Chubut-Islas Malvinas. Es clara la intención de Gran Bretaña de ocupar una porción de la Patagonia sobre el Atlántico. La explotación de lanares en la región y la conveniencia de dar mayor seguridad estratégica a las Malvinas llevan a que el Foreign Office dé ese paso. El Imperio Británico pasa entonces a sumar tres posesiones en el territorio continental latinoamericano: Belice en América Central, Guyana en el norte y Chubut en la porción austral de América del Sur. Al mismo tiempo Chile, que ha puesto fin a su triunfal Guerra del Pacífico, ocupa militarmente el estrecho de Magallanes, todo el territorio de Santa Cruz e instala una gobernación departamental sobre el Atlántico. En esas condiciones -se pregunta Rosendo Fraga- ¿puede la Argentina enfrentar un conflicto simultáneo con Gran Bretaña y Chile? Prima la convicción de eludir la guerra y concentrarse en la explotación económica inmediata de las tierras fértiles. Argentina se resigna a ser mucho más pequeña. Y se olvida que Sarmiento (otro genio vapuleado por el revisionismo populista) había enviado al comandante Piedrabuena al Sur, cuando los chilenos pretendieron instalarse en la Patagonia aquende los Andes y dispuso, en 1873, que en las escuelas se enseñara que esos territorios son argentinos.

Pero todo eso no ocurre, felizmente, porque el prestigioso ministro de Guerra que fue Alsina había muerto en diciembre de 1877. Esa muerte no prevista facilitó que Roca ascendiera a ministro y luego presidente. Sin Roca no hubiera tenido lugar la campaña del Sur, la colonización del Norte, ni se hubiera sancionado la progresista ley 1420, que impulsó la educación argentina hacia sus niveles más altos.
¿ Qué hubiera pasado si...? Historia argentina contrafáctica es un ejercicio admirable, que debería ser recomendado en colegios y universidades para incrementar la conciencia de errores y aciertos que no deben olvidarse.

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Argentina: El inocultable colapso del kirchnerismo - por Roberto Cachanosky


No quedan ya dudas de que el Gobierno ha acumulado un sinfín de problemas económicos y políticos que podrían explotar en cualquier momento.

A esta altura del partido, todos advierten que el gobierno kirchnerista está colapsando. Los grandes interrogantes son cuándo terminará de colapsar y qué vendrá después. Pero veamos el cúmulo de problemas en que se han (nos han) metido Néstor y Cristina. Comencemos por la economía.

El emblema de la política kirchnerista eran: a) el tipo de cambio competitivo, b) el superávit fiscal, c) las reservas récord del BCRA, d) el saldo de balance comercial positivo y e) el crecimiento a tasas chinas. De reformas estructurales nada. De violento de cola exterior mucho.

¿En qué quedó el famoso tipo de cambio competitivo? Como ya hasta los mismos economistas del Plan Fénix reconocen que desapareció y la UIA le reclama al gobierno que el famoso tipo de cambio competitivo, el eufemismo del tipo cambio competitivo quedó pulverizado por la inflación que generó el BCRA, porque más que lo hayan mandado a Moreno a esconder la realidad interviniendo el INDEC. Primer problema grave que tiene el gobierno. El tipo de cambio se le atrasó, que era toda la ciencia económica que parece dominar el matrimonio gobernante, y solo puede corregir la lógica de su modelo mediante dos alternativas: a) acelerando la inflación obligando al BCRA a emitir moneda para levantar el tipo de cambio o b) flexibilizar las normas para permitir que la fuga de capitales incremente el tipo de cambio nominal. Claro que, en cualquier de las dos alternativas, el correlato sería una mayor fuga de depósitos del sistema financiero, aumento en las tasas de interés y profundización de la recesión que recién comienza. En este caso los Kirchner habrían hecho un formidable aporte a la ciencia económica al descubrir que los países crecen cuando se le fugan los capitales o la inflación es una bendición para la economía.

Ligado al problema del tipo de cambio, el gobierno tiene el problema de un Brasil que ha devaluado su real un 35% desde el inicio de la crisis internacional. Esto implica dos posibilidades: a) tener serios problemas con nuestro principal socio comercial en el Mercosur o b) intentar subir el tipo de cambio a los niveles de 4 o 4,5 pesos por dólar. De nuevo, incertidumbre cambiaria, corrida financiera y suba de las tasas de interés junto con una llamarada inflacionaria o bien, permitir que los capitales se fuguen para solucionar la competitividad de la economía argentina según la nueva teoría economía kirchnerista.

Es claro que el gobierno tiene un serio problema con su discurso del tipo de cambio competitivo en un contexto en que ahora Brasil no revalúa el real sino que lo devalúa, mientras que los economistas sabemos que a la gente se le miente cuando se le dice que el BCRA tiene mucho poder de fuego para dominar el mercado de cambios en caso de una corrida. En rigor el BCRA no tiene un cañón para dominar el mercado sino que, a lo sumo, dispone de un revolver de cebita.

En lo que hace al superávit fiscal, este es claramente insuficiente para hacer frente a los vencimientos de la deuda pública, seguir financiando con subsidios tarifas de servicios públicos artificialmente bajos, continuar con las obras públicas y, encima, ahora pretende otorgarle subsidios a las empresas para que no despidan personal. Tanto ha aumentado el gasto público que ha sido estacionado en niveles récord, aclarando que la calidad del mismo es deplorable y el grado de confiscación tributaria que sufre el contribuyente tiene pocos antecedentes en Argentina. De manera que el famoso superávit fiscal gigante se ha esfumado y tenderá a ser menor por dos razones: a) los precios internacionales más bajos de las commodities y los menores volúmenes de exportación le generarán ingresos fiscales más reducidos al gobierno y b) la caída en el nivel de actividad afectará los ingresos por IVA, ganancias y otros impuestos ligados al consumo.

Hasta mediados del año pasado, el saldo de balance comercial era mayor a la demanda de dólares por parte de los particulares. Desde el tercer trimestre del año pasado, la dolarización de los ahorros y la fuga de capitales son mayores al saldo de balance comercial, con lo cual el tipo de cambio tenderá a subir, si es que a Cristina no se le ocurre enviar una ley al Congreso para derogar la ley de la oferta y la demanda.

La creciente desocupación, ausencia de inversiones y trabajas a las exportaciones que el mismo oficialismo le establece al comercio exterior, terminan de mostrar un cuadro sumamente complejo, junto con una profunda distorsión de precios relativos que ya es imposible de sostener a base de subsidios porque los recursos no alcanzan.

En lo que hace a la actividad económica, por más que Néstor recurra a sus tradicionales gritos y amenazas, la economía entrará en recesión porque el consumo se contrae, la inversión fue espantada y las exportaciones están limitadas por el contexto internacional y las barbaridades que aplica Moreno como política de controles de precios.

Si en materia de política económica los Kirchner se han caracterizo por ser caprichosos y querer ir en contra de las normas más elementales, desde el punto de vista institucional no han dejado desastre por hacer. Se han reído de la división de poderes, del respeto por la propiedad privada, han incumplido su palabra en los acuerdos alcanzados y han confiscado cuanto activo líquido estuvo a su paso y seguirán en ese rumbo. Ejemplo, vencidos por el campo por la 125, lo único que han sabido hacer es ignorar a los productores y dejar que se fundan. Es como si, en su sed de venganza, estuvieran matando la gallina de los huevos de oro.

La gente ya percibe al matrimonio presidencial como una seria amenaza a sus ahorros y a la propiedad privada y toma todo tipo de recaudos para protegerlos de la expoliación estatal.

Tanto Néstor como Cristina han perdido toda credibilidad ante la opinión pública y saben que, en el probable escenario de perder las elecciones de 2009, se acabarán los superpoderes, las arbitrariedades de Moreno, el despilfarro de los recursos públicos y demás abusos del poder. El problema es que los Kirchner no están acostumbrados a gobernar como si fueran monarcas absolutistas. No creen en la democracia y mucho menos en el sistema republicano de gobierno. Son fervientes admiradores de los modelos autocráticos de gobernar. Sean estos fascistas, nazis o comunistas. Para ellos, los derechos de la gente no existen, son solamente una graciosa concesión que Néstor o Cristina pueden llegar a conceder en un acto de bondad.

Si juntamos una situación económica que tiende a deteriorarse rápidamente por errores propios, profundizados por la crisis económica internacional junto el cansancio de la gente frente al deterioro institucional del país, no resulta exagerado pronosticar el colapso del kirchnerismo.

La única duda que queda es si, antes de dejar el poder, en un acto de resentimiento final dejan tierra arrasada de la Argentina o, simplemente, como diría Jorge Asís, terminan demostrando que son unos duros en el arte de arrugar y salen disparados a alguna playa del Caribe a tomar sol para, de paso, evitar las cataratas de juicios que se vendrán cuando, inexorablemente, pierdan el poder.

Si algún valiente dentro del gobierno se animara, en el futuro, a demostrar que el que daba las órdenes es Néstor, la usurpación de poder, asimilable a un golpe de Estado, en tanto que Cristina podría ser juzgada por incumplimiento de los deberes de funcionario público. A todo esto habría que sumarle los escándalos de corrupción, casos que podrían activarse el día que dejen de ocupar la Casa Rosada.

Todos saben esto y, por eso, hoy los Kirchner, son incapaces de revertir la situación económica. Primero porque siguen dando contundentes muestras de no querer cambiar y, segundo, porque ya ni ellos creen en lo que dicen.

Ante tanto desmadre económico e incapacidad para gobernar, este gobierno no tiene otro destino que el de colapsar. ¿Cuándo? Eso es imposible de predecir porque la acumulación de errores y horrores que han cometido terminarán, inevitablemente en una profundización de la actual crisis que terminará de estallar en el momento menos pensado y por el camino menos sospechado.

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Monday, November 24, 2008

Argentina: Sobre esos otros temas que no son "tema" - por Gabriela Pousa


No hay nada que más ayude al hombre a vencer o, por lo menos, a soportar las dificultades objetivas y las penalidades subjetivas que la conciencia de tener una misión que cumplir” F. Nietzsche

Dos situaciones igualmente fútiles impiden que inicie estas líneas como lo hubiera hecho en otra oportunidad. En primera instancia, porque parece ser necesario – amén de conveniente para el gobierno – enmarcar todo cuánto sucede en el contexto de la crisis internacional. Y en segundo término, no sé si el temor o el oportunismo de cierto tipo de analistas, hace que no pueda compartir la visión de un escenario político nacional signado meramente por los litigios que cubren las portadas de los diarios.

Los reclamos de los gremios, los vaivenes de la oposición, las leyes que se festejan como si fueran botines de guerra, etc., no es todo cuánto sucede hoy. Si bien se mira, hay mucho más sólo que está “políticamente” acallado.

Poco o nada tiene que ver la última maniobra del oficialismo respecto a las AFJP con la caída de los mercados internacionales. No nos engañemos tan fácil. Tampoco el intento de expropiar Aerolíneas comulga en demasía con la recesión que se vislumbra en estos días.

Mucho menos todavía hay forma de hablar de los muertos que va dejando esta peculiar “democracia” kirchnerista en relación con lo que acontece detrás de las fronteras donde las crisis tienen su razón de ser, su comienzo y su perspectiva de solución o salida. Aquí, por el contrario, las crisis son perpetuas: sin comienzo ni final, se superponen y nadie sabe a ciencia cierta si son económicas, políticas o sociales o si acaso son una mezcla inexplicable de todo ello agravado por la apatía.

Y es que en la Argentina no hay forma de encarar un tema sin que surja, repentino, el condimento político casero. Un ejemplo: si encaramos el tema del narcotráfico y la efedrina, inevitablemente los caminos conducen a la campaña y entronización de Cristina Fernández, y ni siquiera hay voces capaces de desmentir que así sea.

Si de atender las necesidades básicas insatisfechas de los habitantes de las villas miseria se trata, la puja entre el gobierno nacional y el gobierno de la ciudad encuentra una trama siniestra de especulaciones que además, no son nuevas y nada tienen que ver con los desbordes hipotecarios de América del Norte.

Todos o la mayoría hemos escuchado desde la asunción misma de Mauricio Macri decir que no iba a poder gobernar una ciudad con el poder central oponiéndose a cualquier medida.
Plasmé anteriormente en letra mi sorpresa al ver al Jefe de Gobierno asombrarse porque no le cumplían la palabra dada en Balcarce 50. Hace 6 años que incumplen, ¿dónde está la noticia?

Aún así, parece asombrar esta actualidad de peleas y groserías que se esgrimen en pro de una defensa meramente partidaria del lado que sea, pero evita se llegue al eje de la polémica: cómo solucionar la carencia en la que viven miles de familias.

Quién corta la autopista es casi un dato anecdótico cuando se ven simultáneamente, niños que apenas caminan, descalzos y expuestos a los peligros más descarnados. Y a esos niños no se los vio la semana pasada por una movilización prefabricada, sino que se los veía antes y se puede seguir viéndolos todos los días.

Puede que una mañana asomen con más presencia ante cámaras por una porfía de la dirigencia que se bate a duelo buscando inútiles victorias pírricas, pero cuando las cámaras no estaban y cuando dejan de estar, siguen sin zapatillas y expuestos a la droga, a la prostitución en todas sus formas, y a la condena de por vida...

Mientras estas postales de la Argentina se consiguen a toda hora, los 365 días del año, Cristina Kirchner pasea con su hija por África, “negocia” que Tuntankamon venga por esta geografía, y en carácter de titular del PJ -o bajo esa máscara-, su marido discursea sin sutilezas. Va delineando, una por una, las directivas de lo que hay que hacer, y se hará en materia política.

De ese modo, los fondos de las AFJP pasaron a sus manos, y con idéntica impunidad manda su “advertencia” a los empresarios para que los despidos no sean una epidemia. Bastaría con aplicar el sentido común para advertir que nada tienen que ver las cesantías obreras con las plagas o los contagios que el Ejecutivo cree o le conviene hacer creer.

Y aunque parezcan graves, estos hechos, finalmente, son temas banales si tenemos en cuenta otros que se suceden , sin que se difundan demasiado. Apenas como una nota más se pudo leer un dato que no gravita quizás como la caída del MERVAL o el índice inflacionario aunque, en gran medida, ilustra la calidad de vida que se ha perdido en Argentina.

De nada sirven los datos macroeconómicos del país de maravilla que recita por el mundo Cristina. Si es más importante o genera más reacción en la calle un índice trucado que uno posiblemente incompleto (porque no conviene completarlo…), algo más grave -que dista de ser la crisis internacional y el saqueo de los fondos provisionales- está fallando.

Pero completemos el inventario: porque son más de los que se relatan en los atriles, los logros kirchneristas. No sólo suma “el primer desaparecido de la democracia”, extraño mote que le dan algunos a la desaparición de Jorge Julio López, puesto que los desparecidos de esta “democracia” son tantos ya que no figuran en listas oficiales ni en medios, pues estos deberían tener tiradas no de ejemplares aislados sino de fascículos continuados. Serán otra "categoría" de desaparecidos pero la ausencia, a sus afectos, les pesa de igual manera.

El kirchnerismo ha logrado incrementar también el uso de psicofármacos, y la cantidad de pacientes con enfermedades psicosomáticas que podrían explicarse, más que con un examen médico, con un análisis político que no se quede en el debate distractivo de una portada que cambia cada 24 horas, necesitada de ganancias.

Cuando un accidente jaquea fuerte, entonces se debate un par de días qué pasa con la sobredosis de ansiolíticos o por qué crece desproporcionadamente el consumo de energizantes y el alcoholismo en comunión con el desprecio por la vida. Y la intervención estatal (no gubernamental que es distinta)en estos sucesos es mucho más esencial que la mano del gobierno disfrazado de Estado en la regulación de precios o en el apriete de Moreno.

Así, retomando los “logros” de esta etapa K, cabría mencionar que han conseguido algo jamás visto desde la crisis del 2001: un apabullante aumento en los suicidios. Veamos: http://www.perfil.com/contenidos/2008/10/28/noticia_0022.html

La falta de expectativas, el ver un futuro incierto, y el sentirse despreciado por quienes han prometido y jurado velar por el bien común no son temas ajenos a ello.

No puede decirse que es casual que, en el 2007, por ejemplo, se hayan quitado la vida más de 3 mil personas en la Argentina, (una tasa de más de 8 suicidios cada 100 mil habitantes)

Desde luego que esta cifra no se conoce por el recitado en el atril del Salón Blanco, sino por estudios privados y por un recorrer morgues donde los forenses no dan abasto con su trabajo, amén de no salir del asombro por este incordio: los cuerpos que revelan el suicidio como causal de muerte tienen un promedio que va de los 20 a los 40/50 años.

La incertidumbre y el cortoplacismo que se impone desde “arriba”, es decir desde la cocina de la política es espeluznante y cercena la vida. Nos enseñaron y se ensañaron en que vivamos siempre en la antesala de una crisis mayor que se avecina. Si avasallan la libertad, si ganan las batallas judiciales los culpables, y pierden o vuelven a perder las víctimas, si los hijos, de la noche a la mañana, ven a sus padres enfermarse porque no se trabaja para vivir sino que se vive para trabajar, y así todo siempre peligra el sueldo familiar, ¿qué esperar?

Por más negación y gritos que profiera el Ministro de Seguridad y Justicia, en la Argentina se vive en un estado de indefensión e inseguridad que suma a la delincuencia y al crimen de todos los días.

Infartos, preinfartos, accidentes de tránsito porque la mente está en mil lados simultáneamente y no en el volante exclusivamente; más disparos en la sien y masacres familiares completas sellan la postal de una Argentina que ha sido saqueada no sólo de plata sino de esperanzas y educación como para entender que no puede una dirigencia política de turno regir el rumbo de nuestra vida.

Es menester difundir que debemos ser artifices de algo mejor y "más vivible", y además que -en cuestiones de vida o muerte- y del modo cómo se lo conciba, es únicamente Dios quien dictamina.

Son múltiples las razones y escapan a una nota como esta, ya demasiado extensa.
Sumemos, por ejemplo, la falta de Maestros que guíen, la burla a los próceres que ensalzaban el patriotismo y el deseo de seguirlos, en plumas de historiadores que olvidan sus hidalguías y se mofan de sus miserias como si acaso alguien creyera que San Martín o Belgrano no tuvieron dudas, temores o llantos como cualquier ser humano; más la nueva iconografía cultural que se endiosa en la pantalla televisiva, genera pérdidas magnánimas. Pero claro, éstas no se reflejan en la caída de la Bolsa porteña ni en los ‘salvatajes’ de los Kirchner, Bush u Obama…

No se trata de pesimismo ni de mostrar lo peor de lo malo. Hay siempre heroísmos que no salen en los diarios. Se trata simplemente, de hacer ver que hay otros hechos que no escapan al escenario político ni al ejercicio democrático aunque no se debatan en el Congreso ni se interrogue en reportajes sobre ellos.

Quedémonos con los desparecidos de los setenta solamente porque es más fácil encarcelar a cualquiera que haya vivido en esa década, que detenerse ante esta serie de “desapariciones" en democracia que no tendrán juicios ni movilizados con pancartas hablando de derechos humanos. Son ‘desparecidos’ sin justicia y por desidia. Silenciados. Son muertos cuya sangre seca rápido aunque demoren los subtes porque a diario se tiran debajo, o haya aún prejuicios familiares para declararlos.

Muchos pueden esgrimir que el futuro debe hacérselo cada uno. Concuerdo. Pero si en ese intento, el robo, la mentira, la corrupción, el desdén y la falta de respeto por el otro afloran como las únicas políticas de Estado, es difícil vislumbrar escenarios que permitan proyectarnos. Todo está inevitablemente impregnado de lo cotidiano.

Blandamos cacerolas cuando adelgace el bolsillo o suba el dólar pero sigamos en el mutismo mientras perdemos ciudadanos porque, el gobierno, antes que a las AFJP, ha saqueado sueños, proyectos y misiones que cumpliríamos como argentinos y humanos mostrando encima que se “triunfa” robando y falseando relatos para reemplazar una realidad que no asoma ya ni en los diarios.

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Sunday, November 23, 2008

Argentina: Un desafio para todos - por Carlos Mira

El fallo de la Corte Suprema de Justicia sobre la libertad sindical es un llamado de atención a todos los argentinos que hemos descuidado la defensa de las instituciones, la independencia y la autonomía.

El fallo de la Corte que decidió que no es necesario estar afiliado a un sindicato para ser elegido delegado gremial constituye uno de esos casos en donde las instituciones del país producen un cambio de paradigma con el que habrían soñado los padres de la Constitución.

La Ley Fundamental argentina apostó a un país no-revolucionario que, sin embargo, produjera cambios asombrosos en la vida humana gracias a pequeños avances apoyados en el derecho y en la paz.

Los padres fundadores no eran amigos del grito hueco y de la rotura abrupta de los valores; tenían en vista, más bien, un país gradual y pacífico que mejorara la vida de los argentinos por la vía de las síntesis superadoras de ideas más que por el grito revolucionario.

Pertenecían, en ese sentido, a la escuela de las Revoluciones Inglesa y Americana que se diferenciaron de la Francesa justamente por apostar a la "evolución" antes que a la "revolución".

Pero el fallo ha disparado en los días siguientes varios comentarios interesantes. Uno de ellos es el del dirigente de los judiciales, Julio Piumato, que consideró que la decisión hay que tomarla como una "provocación".

¿Cómo una provocación?, ¿pero qué significa semejante cosa?, ¿que cualquier decisión que no coincida con el parecer de los "señores" proviene del enemigo y que en lugar de salvar la justicia busca provocar o causar un daño?

La mentalidad fascista de la Argentina se ha acostumbrado, efectivamente, a que ciertas cosas se den por descontadas. Entre ellas que la representación sindical sea monopolizada por la corporación que, entongada con el Estado, usa los fondos y las estructuras públicas para su propio beneficio. Pero en realidad esa "segunda naturaleza" a la que nos hemos acostumbrado como corderos a la esquirla, no tiene nada que ver con las bases jurídicas que han formado a este país.

Le parezca a Piumato o no, lo que ha sido una provocación a los principios de la libertad individual, de igualdad ante la ley y de la reivindicación del individuo como centro social, es que una estructura corporativista, propia del fascismo anterior a la Segunda Guerra, se haya apropiado de derechos que según la letra y el espíritu de la Constitución le correspondían a las personas individuales y no a pesadas y corruptas organizaciones amparadas por el aparato del Estado que usando la demagogia explotan a los trabajadores en su propio beneficio.

Allí lo tenemos hoy al propio Moyano devolviendo seguramente favores económicos del Estado (léase los Kirchner) negando despidos cuando todo el mundo sabe lo que está pasando en las empresas. ¿Son esos los representantes de los trabajadores?

Esta claro que una vez producido el acomodamiento corporativista el sistema le ha venido bien a más de uno. No solamente en el ámbito de los "gordos" sindicalistas sino también entre los empresarios que han preferido entrar en connivencia con unos cuantos conocidos que discutir seria y racionalmente los intereses de la producción con quienes resulten más representativos.

Es cierto que el corporativismo peronista ha funcionado como un tapón a dirigentes sindicales más radicalizados. Pero el precio que pagó el país por la corrupción a que ese sistema de connivencias lo sometió, ha sido mucho más elevado que el que hubiera resultado de tener que lidiar con dirigentes más extremos pero, por el mismo motivo, más insostenibles en el tiempo.

La casta sindical ha sobrevivido por su capacidad de adaptación a las distintas circunstancias, importándoles muy poco los verdaderos trabajadores, a quienes han usado de carne de cañón. Es posible que el fallo de la Corte si no es abortado por los hechos de la realidad signifique una puerta abierta para la aparición de dirigentes más radicales que los acomodaticios que hemos conocido hasta ahora.

Pero en todo caso ese será un escenario mas compatible con el diseño de la Constitución que no ha dicho que la vida fuera sencilla sino simplemente que vale la pena vivirla libremente sin renunciar a los desafíos y sin perder de vista que es la persona individual el verdadero objeto de su desvelo.

La Corte ha, efectivamente, "provocado". Pero no en el sentido malicioso que lo expresa Piumato. La "provocación" no constituye una "mojada de oreja" a la rica dirigencia sindical que encontró en el monopolio peronista la fuente de su riqueza.

La "provocación" es a todos nosotros para que aprendamos a vivir en libertad y dejemos las pequeñas conveniencias del corto plazo a cambio de la grandeza y la permanencia del largo.

La "provocación" esta también dirigida a esa estructura empresaria cómplice de un corporativismo fascista que hundió al país. La "provocación" va en el sentido de destruir el facilismo miope que prefiere un corrupto a un radicalizado.

La "provocación" es un aguijón que manda agudizar el ingenio para destruir con argumentaciones racionales (que obviamente las hay de sobra) las posiciones extremas de los radicalizados, pero sin que ello incluya el allanamiento del camino a cinco vivos que habían encontrado en el monopolio sindical el "yeite" de su vida.

El fallo de la Corte tiene un alto valor simbólico y debe ser interpretado como un desafío para todos. Ninguno de los padres fundadores dijo que la defensa de la libertad fuera una tarea sencilla. Si los principales usufructuarios de esa libertad no están dispuestos a hacer lo suyo para ella florezca, la Argentina seguirá en manos de bandas que, adueñándose del Estado, arrebatarán el diseño de un futuro que la Constitución creyó poner en manos de los sueños de cada uno de nosotros.

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Monday, November 17, 2008

Argentina: Martires por voluntad - por Gabriela Pousa


“Todos los demás son culpables, salvo yo.” Louis-Ferdinand Céline

A veces, es necesaria una pausa, una suerte de toma de distancia para poder observar como si una pudiese acaso ser una extraña en esta geografía, y contemplar el escenario como se contempla una obra literaria. Comedia, ficción, tragedia… Todo puede ser y nada es.

Tan difícil etiquetar lo que acontece como lograr una exégesis válida de la reacción del público frente a hechos que ya ha presenciado un sinfín de veces. No hay asombro pero tampoco hay suficiente desdén.

En plateas, palcos y tribunas el silencio ensordece, y de pronto, algún quejido distante hace a las veces de eco y de sostén para un mutismo inexpugnable. Al frente, todos aquellos que alguna vez escucharon de ese mismo público la súplica lacerante: “Qué se vayan todos”. Todos… Y todos, en argentino básico, es siempre ninguno.

Son vericuetos de una manera de ser que demandaría infinidad de páginas para explicar una mínima parte de lo que implica la argentinidad tal como se manifiesta en esta actualidad: inmutable a pesar…

Aún no termina de caer la última hoja del calendario pero el bicentenario y otros tantos eventos más, la muerte de un 'modelo', por ejemplo, intentan una algarabía que no halla demasiados adeptos.

La causa de los festejos es tibia o demasiado “light” como se dice actualmente. Los negocios se llenan de fantasía navideña, hay ofertas de pan dulce, de guirnaldas, de nieve artificial, casi tan artificial como la gente que, detrás de la vidriera, mira sin ver más allá.

En pocos días, volveremos a tener la gran noticia y entonces, todos los canales mandarán sus móviles para averiguar dónde se consigue el tesoro que se ha de anunciar.

En los últimos 5 años, el Secretario de Comercio, no se privó de emular a Santa Claus para “regalar” al “gran pueblo argentino” la canasta navideña a un precio irrisorio. Tampoco este año ha de faltar. Si acaso la Sidra vale mil, Guillermo Moreno nos la ofrecerá a diez, y aunque no la hallemos en ninguna góndola, esperaremos como esperan los pobres salir de su pobreza…

Esperamos, insensatos, porque en ninguno de los años pasados se halló tampoco semejante obsequio oficial, esperamos la falsa magia navideña de los K.

Resulta bastante extraño…

No cabe otra explicación a la apatía que merodea la ciudad. ‘Nadie está conforme con el gobierno actual’: sería esa, aproximadamente, la síntesis de lo que se ve y escucha sin detenerse demasiado a analizar.

Pero esa desconformidad se paraliza en las múltiples formas que se ofrecen como si fueran clases de yoga para ahogar la ansiedad: Diego Maradona debutando con la selección nacional, la Copa Davis sin Rafael Nadal (el heroísmo sin riesgo es tan vil como el triunfo sin rival), la efedrina como novedad cerca de los mexicanos que apenas son pura casualidad, el aquadance, el bailar bajo la lluvia o el no bailar, los embarazos que se contagian terminando de matar el sentido de la maternidad, y la crisis mundial…

¡La crisis mundial! El consuelo que cayó del cielo. No debe haber punto del planeta donde se festeje tanto la crisis de los mercados como se celebra en Balcarce 50.

Bienaventurados los austriacos, los ingleses, y los escoceses de aquella tríada que pregonaron la libertad de la oferta y la demanda. Say, el de la ley, hoy es endiosado en la quinta de Olivos por ser el salvador de una Argentina que se dignifica en el saqueo y en la mentira.

Si no hubieran estallados las Bolsas del mundo, ¿qué salida les quedaba a Néstor y a Cristina? Hoy se erigen paradigmas ejemplificadores. Son para sí mismos la alternativa a un capitalismo que nada tiene que ver con las culpas ni con los indicadores que se convierten, para el hombre medio, en palabras familiares siendo tan ajenas y distantes.

El MERVAL, el BOVESPA, el DOW JONES, el NASDAQ… Doña Rosa convive con ese elenco como si fuera la nómina del equipo que ha de enfrentar a la selección nacional el próximo miércoles redimiendo a un Maradona convertido en icono cultural de la argentinidad.

Vivimos en la falacia más trivial o tribal…

Ni siquiera sabemos de qué tratan los temas que discutimos cotidianamente. Nos venden AFJP como el enemigo, y al ANSESS como el prototipo del redentor capaz de devolvernos lo que ya no tenemos: interés.

A esta altura de los acontecimientos, mientras Cristina Kirchner se pasea por Estados Unidos y África dando cátedra del modelo nacional, es decir, de cómo llenar las arcas de un Estado entendido únicamente como bolsillo del matrimonio presidencial, es justo reconocer aunque duela hasta en la piel, que el Gobierno hace aquello que el pueblo le permite hacer.

Aún cuando esa afirmación me genere un sinfín de detractores que se sienten ajenos al rebaño que aprendimos a ser, no hay forma de analizar al país sino se asume lo que hay en él.

Una masa amorfa que se maneja con extrema sencillez y una suerte de beneplácito por pertenecer a ella aunque haya, en el fondo, algunos plenamente conscientes de lo que sucede aún sin suceder.

No estamos en el reino de los 'bienpensantes' sino en la época de los 'biendolientes', como diría Pascal Burckner, filosóficamente.

Estamos haciendo un culto a la desesperación convencional, la religión de lloriqueo obligatorio, el conformismo del infortunio.

“Sufro luego valgo”. Y así es, los argentinos en vez de rivalizar en la excelencia, en el entusiasmo, competimos en la exhibición de las desdichas que presuntamente soportamos.

Consagramos una idolatría al dolor que no conduce al aprendizaje de la experiencia, y a la fortaleza sino a la blandenguería. Encontramos el confort en la derrota. ‘Nos saquean’, protestamos sentados leyendo el diario.

Eso explica que ante la confiscación alevosa de ahorros particulares, las plazas no se colmen, eso hace que ante la sangre derramada frente a delincuentes inescrupulosos y autoridades que no ven lo que no quieren ver, presenciemos por TV los reclamos de unos pocos.

Porque si no somos la totalidad de los ciudadanos, siempre seremos pocos y vapuleados.

Los números, recordemos, en esta geografía los maneja el INDEC, también es oficial la cifra de cuánta gente se moviliza, el ritmo de los tiempos y las fiestas si acaso llegan…

Una semana de vacaciones en octubre genera algarabía y acalla otros temas que están fogoneando la vida. Son conductas argentinas. Conductas de mártires autoproclamados de ante mano, es decir, antes incluso de que sobrevenga la desdicha.

En esa condición, siempre será bienvenido el héroe que redima, y quién está presto a ejercer ese rol no deja de ser jamás el gobierno disfrazado de Estado benefactor.

A ese Estado, que no es el Estado real que concibieron los artífices del sistema en la antigua Grecia, estamos inclinados y rindiendo pleitesía.

Callados y casi autistas… De nosotros, depende levantarnos y buscar, urgente, la salida.

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Saturday, November 15, 2008

Argentina: El futuro no existira - por James Neilson


Siempre y cuando los senadores no opten por depararnos otra sorpresa mayúscula, lo que no parece demasiado probable, dentro de una semana los aproximadamente 80.000 millones de pesos que las AFJP aún manejan irán a engrosar la caja K. También ayudará a mantenerla llena por un rato lo que recaudaban de quienes confiaban más en el sistema privado que en el estatal.

Desde el punto de vista del Gobierno kirchnerista, los trámites parlamentarios que le permitirán cohonestar el zarpazo han resultado ser maravillosamente sencillos. A diferencia de lo que sucedió con las malhadadas retenciones móviles, la decisión inconsulta de Néstor Kirchner de apropiarse de los fondos jubilatorios privados no provocó una reacción masiva. Hubo manifestaciones callejeras por parte de quienes temían perder sus empleos e hicieron gala de su indignación algunos pedantes de mentalidad arcaica que se sentían alarmados por el desprecio evidente del Gobierno por la opinión de quienes hace poco reafirmaron su voluntad de seguir afiliados a una AFJP. Pero el grueso de los diputados no tardó en darse cuenta de que le serían ínfimos los eventuales costos políticos de votar a favor de la reestatización del sistema. De ahí la mayoría abrumadora que fue conseguida por el oficialismo. Todo hace pensar que los padres de la Patria compartirán la postura de los diputados.

El hecho de que con contadas excepciones los políticos se sientan entusiasmados por el llamado régimen de reparto, es decir, estatal, puede entenderse. Con su propia vejez asegurada por jubilaciones de privilegio generosas, se han acostumbrado a tratar al dinero aportado al sistema por la gente común como botín que pueden aprovechar toda vez que el país se encuentra en emergencia, como sucede con cierta frecuencia. A través de los años, gobiernos de todos los signos han robado a los jubilados actuales y futuros sin que tal práctica los haya perjudicado, razón por la que los contrarios a la maniobra ideada por Kirchner se concentraron en plantear interrogantes acerca de lo que se proponía hacer con el dinero, ya que a los radicales, socialistas, devotos de Elisa Carrió y peronistas disidentes tampoco les gustaba para nada la noción de un sistema mixto. Tampoco incidió en la actitud adoptada por la mayoría de los legisladores el impacto económico tremendamente negativo que en seguida tuvo una medida que sembró pánico en los mercados locales, hizo subir a las nubes el índice riesgo país, privó a las empresas locales de una fuente de financiamiento fundamental y provocó una corrida cambiaria al asustar a todos los ahorristas que se preguntaban: ¿Qué harán los Kirchner cuando hayan agotado el dineral que acaban de arrebatar? ¿Irán por las cuentas de ahorro, las cajas de seguridad? Por las dudas, muchos cambiaron sus pesos por dólares que metieron en el colchón.

En cuanto a la ciudadanía en su conjunto, a esta altura sabrá que, a pesar de sus presuntas bondades teóricas, en la Argentina el sistema de reparto es desde hace varias décadas una estafa vil que sólo ha servido para repartir pobreza: el igualitarismo con el que tantos se llenan la boca es para los mayores, no para los demás. Lejos de ser “solidario” como aseveran sin sonrojarse sus defensores, condena a quienes dependen por completo de él a la indigencia, devolviéndoles una fracción miserable de lo que aportaron durante décadas y frustrando las ilusiones hasta de los más humildes.

¿Por qué, pues, no sacó provecho la ciudadanía de una oportunidad inesperada para exigirles a quienes figuran como sus representantes una reforma global del régimen provisional para que haya algún vínculo entre las expectativas razonables de la gente y lo que en efecto le espera cuando se vea obligada a jubilarse? Es de suponer que por resignación. Privilegiados aparte, todos entienden que la Argentina carece de un sistema jubilatorio genuino y que por lo tanto sería una pérdida de tiempo tomar en serio la retórica viscosa, rebosante de hipocresía, empleada por aquellos políticos que juran que ellos sí se preocupan por el destino económico de quienes conforman lo que llaman, con justicia, “la clase pasiva”. En ocasiones, algunos jubilados se rebelan contra la realidad así supuesta, pero lo único que logran es cierta notoriedad mediática.

Por desgracia, los Kirchner distan de ser los únicos que están tan obsesionados por el corto plazo que no se les ocurriría intentar prepararse para lo que podría suceder pasado mañana. De ahí el desconcierto que les ha producido el viraje abrupto del viento de cola que impulsó el crecimiento macroeconómico “chino” de los años últimos. Parecería que el país entero sufre de miopía. La falta de interés de la mayoría en el régimen jubilatorio es un síntoma inconfundible de dicho mal. Aunque todos saben muy bien que –a menos que mueran antes– tarde o temprano llegarán a la vejez, muy pocos parecen inquietarse por la probabilidad de que como consecuencia sus ingresos experimenten una caída precipitada, acaso por comprender que les sería tan penoso pensar en las calamidades por venir que sería más sensato vivir al día. Mientras que en otras partes del mundo cualquier modificación –por mínima y por oportuna que fuera– que pudiera redundar en la reducción de los futuros haberes jubilatorios basta como para llenar las calles de manifestantes furibundos, aquí los gobiernos pueden transformar el sistema caprichosamente de la noche a la mañana con la más absoluta impunidad. Parecería que para la Argentina, el futuro no existe.

Además de la indiferencia generalizada que es atribuible al cortoplacismo congénito, el gobierno kirchnerista se vio beneficiado por los prejuicios difundidos contra todo cuanto sabe a libertad económica. En la Argentina, el capitalismo como tal –a menudo calificado de “salvaje” o “neoliberal”– tiene mala fama, lo que es una desventaja porque es la única modalidad económica conocida que sirve para generar la riqueza necesaria para que todos los integrantes de una comunidad nacional puedan dejar atrás la indigencia. A ojos de muchos políticos, comentaristas y otros, aludir al “negocio de las jubilaciones” equivale a dar a entender que las AFJP son asociaciones delictivas que deberían reprimirse. Asimismo, la mayoría de la población parece convencida de que en última instancia le corresponde al Estado encargarse del sistema provisional y si se opone a la nacionalización impulsada por los Kirchner es porque sospecha que sus motivos tienen más que ver con sus necesidades personales que con el bienestar común. Los muchos que piensan de este modo lo toman por una cuestión de principios, de suerte que no les importa el hecho de que a través de los años el Estado se haya comportado de forma mucho más rapaz y mezquina que los denostados gerentes de los fondos privados.

En los debates, por llamarlos así, que se celebran en torno de temas como el pro y el contra del sistema de reparto por un lado y de capitalización por el otro, y el papel que debería cumplir el Estado en la economía, los participantes más locuaces suelen subrayar las deficiencias del sector privado que efectivamente se da en el país y reivindicar los méritos de un Estado hipotético que se asemeja mucho más al sueco que al monstruo corrupto, clientelista y fabulosamente ineficaz que todos conocemos. Huelga decir que en la contienda entre lo real y lo ideal que se libra en las sesiones parlamentarias y una multitud de cenáculos, lo ideal siempre gana. Con todo, el compromiso emotivo con el estatismo de la mayor parte de la clase política no quiere decir que le interese mejorar su desempeño. En la Argentina estatista, hablar de reformar el Estado para que se parezca más al dechado de solidaridad imaginado por quienes lo reivindican es considerado propio de reaccionarios.
Las perspectivas para casi todos aquellos que ya se han jubilado y quienes lo harán en el futuro son sombrías. Si bien a partir de mediados del 2002 el producto bruto creció mucho, pocos jubilados sintieron los beneficios, de modo que es de prever que estén entre los más perjudicados por las repercusiones de la crisis internacional, sumadas al agotamiento del “modelo”, que ya ha comenzado a afectar a sectores cada vez más amplios de la economía al desplomarse los precios de las exportaciones y reducirse todavía más la posibilidad de acceder a créditos.

Todos los dirigentes políticos, encabezados por los Kirchner, hablan con fluidez envidiable de “solidaridad” y de su compromiso irrenunciable con los jubilados, pero si la experiencia nos ha enseñado algo, esto es que sólo se trata de palabras huecas. Con suerte, los “pasivos” disfrutarán de algunas mejoras preelectorales, pero si las dificultades resultan ser tan graves como vaticinan quienes prevén que, por no haberse preparado debidamente, la Argentina estará entre los países más golpeados, se verán postergados una vez más. Total –se dirán los responsables de manejar la economía– puesto que los jubilados pronto morirán, hasta que el crecimiento se haya reanudado lo más realista sería dejar las cosas como están y preocuparse por quienes están en condiciones de continuar entregándoles el dinero que necesitan, no por los que insisten perversamente en cobrarlo y por lo tanto constituyen un problema más.

* James Neilson es periodista, analista político y ex director de “The Buenos Aires Herald”.

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Argentina: Una democracia renga - por Marcos Aguinis

Celebremos que hace un cuarto de siglo recuperamos la democracia y que no se haya interrumpido. Es una proeza en un país donde las iniciativas positivas no suelen durar. Pero reconozcamos que n