Thursday, January 1, 2009

Paraguay: ¿El pueblo del Che Guevara? - por Eduardo Quintana

El pueblo son todos menos yo, la sociedad la hacen todos menos yo, la mayoría son todos menos yo. ¿Qué es el pueblo realmente sino un conjunto de individuos que interactúan de acuerdo a sus intereses y en el cual la barrera es perjudicial para su desenvolvimiento? ¿Por qué abanderar a unos cuantos? ¿Quién decide qué es bueno y malo para "todos"? ¿El Gobierno, el partido político mayoritario, la ideología dominante? ¿Quién? ¿Por qué las autoridades tienen que decidir qué deben hacer los individuos? La razón de estado se limita solo a la seguridad y mínimo bienestar de sus habitantes.

Muchos desconocemos siquiera cómo se corre el rally y a varios, en realidad, nos tiene sin cuidado. ¿Por qué prohibir entonces? En un mundo donde florecen las seudociencias, más que las propias flores, es fácil decir (con un cargo en el hombro): "afecta al calentamiento global", "altera el ecosistema", "atenta contra las poblaciones indígenas", ¿pero cuáles son los argumentos racionalmente comprobados para dar esos datos? ¿En qué se basa el principio de prohibición? Podemos estar en contra o a favor, pero no prohibir por simple caprichos.

El ecologismo, en su máxima expresión dogmática, nació luego de la desmembración de la Unión Soviética, porque los marxistas tenían que buscar un espacio en donde poder despotricar contra el sistema capitalista. Y no encontraron mejor opción que encuadrar el desequilibrio ambiental en "las acciones de los hombres". Lo mismo que el comunismo, esta religión secular, pretendió y sigue luchando, por un mundo "sin capitalismo, ni contaminación, ni opresión". No nos debe extrañar entonces que varios ecologistas se opongan a la realización del evento deportivo.

Los grupos sociales tienen amplia libertad de expresión y de acción, ¿con qué atentan los rallistas? Ellos no atentan contra la vida, ni contra la libertad ni propiedad de nadie. ¿El problema parte de otra premisa? ¿Se les cercena porque son ricos? La lucha de clases ya está abolida, el odio como método nunca logró estabilizar a las naciones y jamás trajo progreso y desarrollo. Si los guevaristas promueven el odio, el rencor y el asco hacia los que "tienen más", por simplemente "tener más", tienen que saber que con el sentimiento de culpa a los otros y el rencor encajonado no podrán combatir el hambre, la pobreza y la ignorancia de miles de paraguayos.

No hace falta dividir a la gente para conseguir mejor bienestar, para producir más y concretar la estabilidad. No necesitamos de más Che Guevara, que potencien el odio al ser humano; la lucha armada como método para reformar el país, o que pretendan imponer el igualitarismo, apartar a la razón y destruir la libertad de las personas. La gente dijo no a los proyectos chavistas en las elecciones de este año en Paraguay, ¿para qué insistir entonces? ¿Por creerse simplemente los salvadores de la República?

Muchos apostaron a Camilo Soares para lograr una banca y conseguir más racionalidad dentro del Parlamento, pero no supusieron que el comunismo, por más valores intelectuales que tenga dentro de la corriente refutada, es el mismo que mató a millones en la Unión Soviética, el mismo que exilió a miles por pensar distinto, el mismo que prohíbe la libertad de prensa e ideológica a los cubanos, y el mismo que deja morir de hambre a los norcoreanos.

El comunismo es el mismo, en forma y fin. Hay que felicitar a Soares por ser coherente con sus principios socialistas, pero no nos sirve de nada tener un ministro que desea dividir a la población y que quiera implantar una ideología que acabó con el pensamiento libertario, al igual que el nazismo y el fascismo.

En la era del conocimiento, ser socialista es ser insistente en la seudociencia y defender al Che, es simplemente adorar una religión, en la cual el mito se quiere anteponer a la realidad, siendo que esta es objetiva.

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