Tuesday, August 19, 2008

Guatemala: Servicios de salud semiprivados - por Manuel Ayau Cordon


Con buena intención e ingenuidad sorprendente, se pretende que solo se presten servicios médicos gratuitos, y que no se cobre ni siquiera una módica suma por recibirlos. Eso estaría bien para el comprobado indigente, pero todos sabemos que muchos de los que reciben esos servicios sí están en condición de sacrificar alguna otra satisfacción para pagar por su salud, y contribuir así a la existencia de servicios cuyos costos el mismo Gobierno no logra cubrir. La realidad, que ni el Vice puede ignorar, es que no existe servicio “gratis”, pues siempre alguien de carne y hueso lo tiene qué pagar.

El vicepresidente, antes médico y hoy funcionario público, se opone a que el paciente o su familia pague algo por los servicios. Esa actitud es comprensible, porque ejerció su lucrativa profesión de médico en una comunidad (Houston) donde nada falta, pues ya son ricos. Esa situación es hoy muy distinta a cuando eran pobres, antes de que multimillonarios fundaran y financiaran hospitales y universidades con sus enormes ganancias del petróleo, a cuando aún vivían como se vive hoy en nuestros países, donde en aras de “justicia social” mal entendida hacer fortuna es mal visto y los servicios deben ser gratis para que no solo los ricos los disfruten.

El ingenuo afán de imponer “justicia social” logra todo lo opuesto a lo deseable, pues desalienta el surgimiento de mayor número de servicios, porque destruye iniciativas e incentivos, impide los ejemplos que estimulan a otras personas, desvía esfuerzos hacia actividades menos sujetas a censura ideológica y fomenta mercados informales. Olvidan que el servicio más caro y menos “social” es el que se impide con tal de que sea gratis.

Por ejemplo, fue el afán “social” de que no solo los ricos tuviesen teléfonos y que nadie lucrara. Hace años, se nacionalizaron telégrafos y teléfonos, y se prohibió prestar servicios de comunicación por medios existentes y hasta por inventarse. En vez de abaratar, tener teléfono se convirtió en un caro lujo, hasta que se permitió lucrar por prestar el servicio. Hoy, el 90 por ciento de la gente tiene teléfono. El mismo afán “social” creó el problema eléctrico que durante varias décadas produjo apagones diarios y generalizados e indujo la antieconómica autosuficiencia con pequeñas plantas generadoras. (Aún no hay electricidad competitiva, debido a la inconsulta ley que segregó la natural estructura de la industria eléctrica, y obligó la intromisión estatal, amén de crear una antieconómica “tarifa social”). Lo mismo ocurrió con los servicios privados de agua, y hoy la mayoría de la población urbana y rural compra agua más cara en tonel. Ya la misma ideología “social” está privando a miles de niños la oportunidad de tener familia, con tal de que nadie “gane” con las adopciones.

Es notorio que donde los gobiernos no prohíben remunerar a quienes donan órganos vitales no se están muriendo miles de personas esperando en cola a un donante gratuito o difunto. Por razones “sociales”, el Vice está ahogando algunos servicios médicos público-privados, por ejemplo, clínicas de diálisis y trasplante de órganos, de oftalmología, y otros, porque se opone a que cobren las módicas sumas para complementar ingresos que reciben de donaciones y del Gobierno. ¿Acaso se preferirá que no existan si para ello tienen que cobrar? ¿Es eso “justicia social”?

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