Chile: Viento en contra sobre la Concertacion - por Hector Soto

"... El clima de los negocios y las expectativas de los consumidores se han deteriorado a una velocidad que no augura nada bueno para los próximos meses. Las autoridades están poniendo todo de su parte para negar que exista una crisis, pero lo cierto es que ese discurso es poco persuasivo. Si los ministros insisten tanto en que no hay crisis, piensa la gente, debe ser justamente porque la hay."
En la cadena de anécdotas que ha sido el gobierno de Bachelet –revueltas estudiantiles, Transantiago, episodios de corrupción, conflictos laborales, pérdida de la mayoría parlamentaria- quizás lo único serio y trascendente es la reforma previsional que entró en vigencia en julio pasado. A su turno, lo único realmente amenazador, más allá de la creciente acidez del diálogo político en un año de elecciones, es el súbito deterioro de las expectativas económicas, a raíz tanto de la desaceleración de la economía como del rebrote inflacionario que en el último año elevó los precios al consumidor casi en un 10%. Los expertos anticipan que este año el producto crecerá por muy por debajo del 5% que proyectaban en su momento las autoridades y, tal como van las cosas, también por debajo del 4%. Habida cuenta de las holguras de la caja fiscal, de las oportunidades que ofrecía el entorno externo y del alto precio del cobre, ese desempeño es apenas discreto.
Obviamente tanto el gobierno como el oficialismo están pasando susto. En cosa de semanas, la inflación, que durante décadas fue la gran bestia negra de la economía chilena y que parecía estar finalmente controlada, ha vuelto a situarse, junto con la delincuencia y el desempleo, entre las grandes preocupaciones ciudadanas. El discurso oficial aduce que más de la mitad de la inflación es importada, porque responde al alza mundial de los alimentos, y trata de demostrar que la economía está todavía lejos de presentar síntomas recesivos. Aunque a tasas menos satisfactorias, efectivamente el país sigue creciendo. Pero el clima de los negocios y las expectativas de los consumidores se han deteriorado a una velocidad que no augura nada bueno para los próximos meses. Las autoridades están poniendo todo lo de su parte para negar que exista una crisis, pero lo cierto es que ese discurso es poco persuasivo. Si los ministros insisten tanto en que no hay crisis, piensa la gente, debe ser justamente porque la hay.
Las nubes en el horizonte económico han inducido a posiciones ortodoxas incluso a sectores tradicionalmente expansivos y devotos del gasto fiscal dentro de la Concertación. Piensan que si el estado sigue gastando con la intensidad que lo ha hecho en los últimos años, la inflación podría desbocarse con efectos políticos muy adversos el año próximo, lo cual podría ser fulminante en diciembre del año próximo, cuando los chilenos elijan al sucesor o sucesora de la presidenta Bachelet. Por lo mismo, el ministro de Hacienda Andrés Velasco ha anunciado un programa de ajuste del gasto para el actual ejercicio y está trabajando en un presupuesto más estricto para el 2009.
Este mes de agosto Chile entrará de lleno a la campaña municipal. Las elecciones de fines de octubre serán un punto de inflexión en la carrera presidencial que, hasta ahora al menos, va encabezando el candidato opositor, Sebastián Piñera. Como al oficialismo –vaticinan los expertos- no le irá mal en las municipales, es un hecho que el gobierno interpretará los resultados como un voto de confianza en la Concertación. Con esa sensación de triunfo, la coalición de gobierno deberá elegir a su abanderado y la única duda reside ahora en si la DC tendrá o no la fuerza suficiente para nominar un candidato propio y viable. Si la tiene, podrían entonces ir dos candidaturas concertacionistas en primera vuelta: Soledad Alvear o Eduardo Frei, por el lado DC, y seguramente José Miguel Insulza, por el polo de la izquierda. Pero si la DC no puede levantar un nombre, lo más probable entonces es que el bloque apele al ex presidente Lagos, la figura mejor posicionada en las encuestas para enfrentar a Piñera.
Crispada por el desafío de gobernar con viento en contra y muy desanimada por una experiencia gubernativa que no consigue superar la mediocridad, la Concertación no se resigna a perder el poder, pero tampoco está siendo capaz de regenerar un proyecto político a la altura de los actuales desafíos.
Labels: Chile














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