¿Por qué Perú crece más que Chile? - por Hernan Cheyre
Perú está creciendo más que Chile en términos económicos porque el desafío del crecimiento lo está abordando con seriedad, pragmatismo y convicción.El contraste en la actual coyuntura es notorio. Mientras los analistas y organismos internacionales ajustan hacia arriba la proyección del PIB en Perú (7 por ciento en 2008), en Chile el movimiento es en la dirección contraria, habiendo una alta probabilidad de que el año termine con una expansión inferior a 4 por ciento; mientras el crecimiento anual promedio en el período 2002-2007 ha sido 7,5 por ciento en Perú, el guarismo para Chile sólo llega a 4,5 por ciento; mientras la economía chilena desciende posiciones en los índices internacionales de competitividad (entre 2005 y 2007 baja del lugar 18 al 26), Perú debuta en estas lides a escasa distancia de Chile, y con promisorias perspectivas. Esta situación no deja de llamar la atención, por cuanto ambos países tienen en el cobre su principal fuente de recursos externos y en los dos casos la política fiscal se ha manejado responsablemente.
¿Dónde radica la diferencia? En la forma como se está abordando el desafío del crecimiento y en el compromiso asumido por las más altas autoridades de gobierno. El propio Presidente Alan García ha incorporado esta tarea como eje fundamental de su gestión, convencido de que es éste el único camino para superar la situación de pobreza y postración en que ha estado empantanado Perú por décadas. Este enfoque le ha significado no pocos costos políticos al grupo gobernante, pero lo que ha prevalecido es una visión de largo plazo. No es casualidad, por tanto, que las máximas autoridades del país vecino destinen buena parte de su tiempo a promover proyectos y negocios, destrabando obstáculos e invitando a inversionistas a participar en nuevos emprendimientos. Y todo esto se está llevando a cabo en un marco de abierto pragmatismo, sin prejuicios ideológicos.
En contraste, a pesar de haber enfrentado Chile un escenario internacional igualmente favorable que el de Perú, la falta de claridad en los objetivos perseguidos por el gobierno chileno -permanente batalla entre "las dos almas" de la Concertación, que por intentar compatibilizar el actual modelo de desarrollo con el enfoque más característico de un Estado Benefactor está conduciendo a una notoria pérdida de vigor económico- está dejando pasar desaprovechada una oportunidad inigualable para dar el anhelado salto hacia el desarrollo.
Hay que ser justo, en todo caso, y reconocer que no obstante el impresionante avance registrado por Perú en los últimos años, el vecino país aún se encuentra a una considerable distancia de Chile en cuanto a niveles de ingreso per cápita y de desarrollo económico y social en general. Este punto no está en discusión.
No es casualidad, por lo demás, que el salto que dio Chile en las décadas anteriores haya tenido su origen en reformas de similar naturaleza a las que actualmente se aplican en Perú. El tema de fondo que debe destacarse es otro: en el desafío del crecimiento no hay espacio para la autocomplacencia ni tiempo para dormirse en los laureles, ya que ello sólo conduce a un estancamiento en la mediocridad. En la batalla por crecer más se requiere un compromiso constante con la búsqueda de fórmulas que faciliten el desarrollo de la capacidad de emprendimiento de las personas, aliviándoles cargas innecesarias y procurando mejorar la competitividad de la economía en los más diversos ámbitos.
A fin de cuentas, lo que está quedando meridianamente claro en esta coyuntura es que los capitales fluyen hacia donde se perciben mejores oportunidades y menores costos de producción, al margen de consideraciones políticas. De esta realidad pueden también dar cuenta los inversionistas chilenos.
El Presidente Alan García, emulando declaraciones que son características en los certámenes deportivos, ha señalado respecto de Chile: "Queremos ganarle, queremos ser mejores". A diferencia de lo que ocurre en el fútbol, en que al final hay un solo ganador, en la lucha por el crecimiento y el desarrollo todos los países participantes pueden resultar ganadores en la contienda.
Ojalá Chile lograra unirse en pos de este objetivo, al igual como lo hace cuando intenta clasificar a un Mundial de Fútbol. Una sana competencia entre los dos países no sólo les permitiría a ambos "clasificar" para la liga superior, sino que al mismo tiempo ello se convertiría en la mejor herramienta de integración entre ambas naciones.














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