Roberto Blum
Periódico El Economista
25 de Febrero de 1999
"A las puertas del milenio"
La carga de la deuda mexicana, ¿cómo enfrentarla?
La deuda del gobierno sigue creciendo. En 1998, la deuda interna
creció unos 83,000 millones de pesos. De 260,000 millones
a 343,000 millones. La externa creció tres mil millones de
dólares (30,000 millones de pesos a un tipo de 10 por 1) para alcanzar
los 82,200 millones. En 1999 deberá el gobierno pagar al extranjero,
o refinanciar, unos trece mil millones de dólares. A sus acreedores
en pesos deberá pagarles unos 85,000 millones sólo en intereses.
Así estamos hablando de que el gobierno - todos los mexicanos -
deberemos pagar unos 21,500 millones de dólares en este año.
El presupuesto federal considera 180,000 millones de pesos para tal efecto.
Hasta aquí todo parece otra danza financiera de millones.
Cifras inimaginables. Pero, deber esas cantidades ¿esta bien,
o no? ¿Es mucho o no es tanto? Habrá que hacer
algunas comparaciones. Cuando observamos que los ingresos que México
obtiene por la exportación de su petróleo alcanzan un poco
mas de 6,000 millones de dólares al año, nos damos cuenta
de la enormidad de esas obligaciones. Necesitaremos mas de tres años
de exportaciones petroleras para hacer frente a la carga que este
año representa la deuda que han asumido nuestros gobiernos.
Otra comparación. Ya hipotecamos casi una tercera parte de
todos los bienes y servicios que los mexicanos producimos cada año.
La deuda representa un 27.3% del PIB. Y esto es sin contar los casi
650,000 millones de pesos que representan los pasivos del viejo Fobaproa
o el nuevo IPAB. Ni tampoco los 25,000 millones de dólares
de inversión que exige la modernización de la industria eléctrica
nacional. Ni las inversiones millonarias que también esta
requiriendo Pemex. ¿De donde habrán de salir esas monstruosas
cantidades?
Es obvio que el gobierno no produce bienes comercializables. La
CFE y Pemex, por ejemplo, son empresas propiedad del gobierno pero no son
el gobierno. Las únicas fuentes de ingreso propias y legitimas
del gobierno son los impuestos, los derechos, los productos y los aprovechamientos,
además del endeudamiento prudente y moderado. Otra forma de
allegarse recursos, ésta, perniciosa e inmoral, es la expropiación
de los bienes de los ciudadanos, bien mediante un decreto "farisaico y
legaloide" - "a la Jolopo," o veladamente por medio de la inflación
que desatan las políticas perversas del gobierno como lo han hecho
también el mismo López Portillo, de la Madrid y Zedillo en
sus administraciones. Así, con una deuda pública creciente
y el día de saldar cuentas cada vez más cercano, ¿qué
podemos esperar los mexicanos en el futuro?
Parece claro que Zedillo y Tellez - al cabo buenos financieros -- ya
se dieron cuenta del "broncón" en que esta metido el país.
Toda la ingeniería financiera del mundo no puede cambiar ni un ápice
la realidad. México debe demasiado. Debe más
de lo que puede pagar. La crisis financiera global, ¿producto
de la desinflación?, evitará que se pueda seguir refinanciando
"al infinito" la deuda mexicana. Los acreedores ya quieren ver su
dinero. México tiene que comenzar pronto a pagar. Pero para
hacerlo, debe poder crecer. Sin más recursos no podrá
crecer. La situación parece una trampa diabólica.
Un dilema bicornudo. Una posición extremadamente incomoda.
Y Zedillo y Tellez lo saben.
El tiempo se acaba. La ventana de oportunidad se cierra.
El gobierno ya solo puede escoger entre realizar una verdadera reforma
fiscal, vender los activos que le quedan o robarse la "lana prestada" y
engrosar las filas del "barzón internacional." La decisión
es difícil, extremadamente difícil. La tentación
de "licuar" la deuda sin duda esta presente en sus cabezas. Cualquier
alternativa que escojan tendrá costos graves. Parece que Zedillo
y Tellez quieren hacer, al menos en este respecto, lo mejor para el país.
Eso hay que reconocerlo. La apertura del sector eléctrico
al capital privado, tardía y limitada, sin embargo parece indicar
la voluntad de ir en la dirección correcta. Su actitud parece
responder al sentido común, "si los 'bienes' no sirven para aliviar
los 'males,' entonces ¿para que sirven?" Desgraciadamente,
vender los activos del gobierno solo nos dará un corto respiro temporal.
A Zedillo ya se le acabó el tiempo. Al país se le esta
acabando. México requiere crecer rápida y sostenidamente
para eliminar la pobreza que agobia a mas de cuarenta millones de compatriotas.
La solución no puede surgir solamente del gobierno. La sociedad
por si sola tampoco lo puede hacer. Sólo cuando hagamos las
"paces" aquí adentro, en el país y en el corazón de
cada uno, podremos enfrentar los problemas que nos aquejan. México
esta gravemente enfermo. Enfermo del corazón. Enfermo
de corrupción. Solo una conversión puede curarnos.
e-mail: roberteblum@compuserve.com
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