De la Libertad a la Justicia

por Leandro Cantó 1

Resulta escalofriante a lo que se puede llegar en una sociedad donde se confunde la justicia con el oportunismo y la venganza. Los sistemas judiciales han incurrido sistemáticamente en el error de creer más en normas y procedimientos, que en su esencia misma, su razón de ser: ser justos. Al violarse esa tenue, pero necesaria línea que delimita las relaciones entre los seres humanos, se produce una creciente descomposición social, pero sobre todo ética.

Es cierto que resulta difícil ponernos de acuerdo acerca de lo que es lícito o no. Eso depende de diversos criterios. La mayor parte de la historia, ellos provinieron de las costumbres ancestrales y de las creencias religiosas, y se hicieron leyes. Pero desde el advenimiento del sistema democrático y pluralista de gobierno, los criterios han debido cambiar. Los ciudadanos reconocen en los demás muchos de sus derechos y libertades, y acordaron limitar sólo aquellos actos que, sin opción alguna, obligan a la víctima a ir en contra de su voluntad.

Desgraciadamente, se cometió el inmenso error de aceptar que ciertos grupos de interés consiguiesen implantar leyes restrictiva de la libertad de aquellos cuyos actos o consumos eran de su desagrado. Amparándose en influencias, campañas de opinión pública, dudosas hipótesis científicas, pero siempre buscando obligar a que los demás hagan sólo lo que a ellos les conviene o les gusta, pero no lo que ellos no están dispuestos a aceptar, han surgido normas restrictivas de la libertad individual de dudoso valor.

Véase el caso del uso obligatorio del cinturón de seguridad en los autos. Se trata de una flagrante violación del derecho de las personas, porque los efectos de un accidente sobre ellos mismos son única responsabilidad de su libre decisión de usarlo o no. En nada afectan u obligan a los demás con su conducta. Quien quiera utilizarlo, que lo haga. Que la Ley obligue a los fabricantes a instalarlos, se trata simplemente de ampliar el rango de opciones de seguridad para los usuarios. Pero ello tampoco puede colocar a las empresas automotrices ante el riesgo de que las víctimas de un accidente las demanden por las consecuencias de no haber utilizado el cinturón.

De eso justamente se trata. Hay sistemas judiciales que no entienden la simple lógica de los riesgos que implican actuar libremente. Quieren que la libertad sea sólo disfrute, no obligación. No existe libertad sin responsabilidad: yo asumo responsablemente las consecuencias de mis actos, y esa es la base de un sistema de justicia. En algunos casos se ha dicho que las empresas sabían los efectos del uso o consumo de lo que ellas hacen u ofrecen, y que no se lo comunicaron oportunamente a los usuarios o consumidores, y de allí se deriva su responsabilidad.

Pero es un argumento, además de inmoral, tonto. El mismo principio jurídico según el cual el desconocimiento de la ley no exceptúa su cumplimiento y consecuencias de no hacerlo, desdice esa lógica leguleya. Ello obligaría a todo ciudadano a ser informado formalmente por el Estado del contenido de todas sus leyes y reglamentos, cosa que se cumple sólo a través de su publicación oficial, como publicados han sido en revistas científicas los resultados de las investigaciones sobre los efectos del cigarrillo sobre la salud. Allá usted de buscarlos, estudiarlos, creerlos o no, con la misma libertad que tiene para comprarse el diario o gaceta oficial de su país y ponerse al tanto de todas sus leyes, decretos y ordenanzas.

 

1 Leandro Cantó es periodista, ensayista y profesor universitario venezolano.