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Latin America

Opinion: Confusión sin Confucio – por Armando Ribas

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” Tratar a los demás como queremos ser tratados” Confucio

Voy a insistir en mi preocupación por comprender al mundo en que vivimos. Y esa preocupación se ahonda cuando percibo que en el país al que le debemos la libertad, los Estados Unidos de América, aparece la visión demagógica que ignora los principios fundacionales de la nación. Así ha llegado a la lucha política la supuesta inequidad de la mala distribución de la riqueza, en tanto se olvidan los determinantes de su creación.

Por otra parte pareciera que se sigue analizando al mundo en términos históricos, conforme a la cual la lucha de los estados era el carácter de la evolución histórica. Es decir que en el análisis internacional perviven Kant y Hegel y en el orden interno nacional Rousseau y Marx están presentes. De conformidad con los primeros la razón estaba en la historia y el antagonismo determinante de su evolución, Kant. Consiguientemente “el Estado es la divina idea tal como se manifiesta sobre la tierra y la guerra la salud ética de los pueblos”, Hegel.

Entonces en el orden interno reaparece Rousseau, para quien la propiedad privada era el origen de la desigualdad de los hombres. Por tanto la expropiación de los expropiadores (capitalistas) es el camino para el logro de la igualdad que conduciría al nirvana  del fin de la historia donde se pasaría a cada cual según sus necesidades. Por supuesto esta última versión revolucionaria fue convertida por Edward Bernstein a la democracia. Así  la democracia como el derecho de las mayorías se presenta a través de la social democracia y su consecuencia el incremento del gasto público, que provoca  la caída de la tasa de creación de riqueza, y el aumento de la deuda pública a niveles impagables. Dicho sea la crisis que enfrenta Europa.

Todo el proceso anterior, resultante de la falacia imperante sobre la virtud política de la civilización occidental, a mi juicio impide comprender la realidad del mundo en que vivimos.¿Hasta cuando vamos a aceptar que el capitalismo es un sistema económico y no el resultado de una concepción ética, política y jurídica? Esa concepción es el principio en que se sustenta   el “rule of law” que ahora parece haber sido redescubierto por los economistas. Tanto así que recientemente le otorgaron el premio Nobel de economía a dos economistas que se habían “enterado” que el Rule of Law existía.

Pero, ¿qué es el Rule of Law? No voy a entrar en las disquisiciones de los economistas, que según un reciente informe la han conceptualizado conforme a dos principios diferentes que denominan thick and thin. La primera incluye el concepto de democracia, en tanto que el segundo se refiere tan solo al respeto de la propiedad y la administración eficiente de la justicia. Me voy a permitir entonces explicar el concepto del Rule of Law de conformidad con el proceso histórico que la creara. En primer lugar se partió de un principio ético, conforme al cual se admite que el hombre es como es y no como debe ser. Así fue David Hume quien reconociera que la naturaleza humana es inmutable, y por tanto si se quieren modificar los comportamientos es necesario modificar las circunstancias.

Fue John Locke de quien surge el liberalismo como sistema político quien por primera vez reconoce que los monarcas también eran hombres. Por tanto era imprescindible limitar las prerrogativas de los mismos. Seguidamente reconoció los derechos individuales a la vida, la libertad, la propiedad y a la búsqueda de la propia felicidad. Fue a partir de esta concepción ético-política que se produjo una transformación del mundo y se dio un salto cuántico en la historia. El criterio opuesto de crear un hombre nuevo  concebido por Rousseau, que siguiendo el imperativo categórico de Kant  y en conciencia de la teoría de la alienación y de la explotación de Marx, produjo el advenimiento de Robespierre, Lenin, Stalin, Mao y no olvidemos a Fidel Castro. A los hechos me remito.

Como podemos ver ha sido en Occidente donde se produjeron las dos concepciones ético-políticas más antagónica. De la una surgió la libertad por primera vez en la historia y de la otra el totalitarismo como la racionalización del despotismo. Es decir el oscurantismo de la razón. Por tanto ignorar esta divergencia fundamental representa una confusión histórica que nos impide reconocer la verdadera naturaleza del mundo actual. Asimismo nos impide reconocer que ya en la China de Confucio y en los Upanishads se encuentran principios morales que llegaron a Occidente mediante el cristianismo.

Como he dicho con anterioridad, la llamada globalización que surge de las comunicaciones, ha globalizado la información pero no la formación que permitió alcanzar el mundo en que vivimos. En ausencia de esa formación y la descalificación del rule of law bajo el supuesto del capitalismo, nos encontramos ante una confusión política sin precedente, que nos impide reconocer la naturaleza misma de la crisis que se vive. En esa situación se encuentra Europa ante el fracaso del welfare state, y por supuesto América Latina ante el proyecto del socialismo del siglo XXI. Y no olvidemos el aparente olvido del presidente Obama de los principios generadores de los Founding Fathers.

Por otra parte es importante reconocer quela Chinaparece haber reencontrado a Confucio, y abandonado la confusión dela CivilizaciónOccidentalengendrada por Rousseau y Marx. Consiguientemente han crecido a tasas inigualables, y aparentemente comprendido el principio de Hume, ignorado pertinazmente en Europa, según el cual la riqueza de tu vecino no te perjudica, sino que te beneficia. En función de ese presupuesto compran los bonos americanos, aun cuando Standard and Poor baja la calificación de los mismos. No obstante esa realidad la falacia dela CivilizaciónOccidentalve la el avance de China como una amenaza a la seguridad de Occidente.

En el mundo del presente condicionado por la existencia de las armas nucleares, el antiimperialismo no es una provocación a una guerra mundial, sino un presupuesto nacionalista demagógico, para imponer el poder absoluto interno. En ese sentido se da la mano con el socialismo que como bien dijera Alexis de Tocqueville: “Socialismo y concentración de poder son frutos del mismo suelo”. Asimismo debemos igualmente reconocer su sabiduría por admitir que el sistema es el determinante de los comportamientos y consiguientemente de los resultados. Occidente está en crisis precisamente por ignorar la naturaleza del Rule of Law, en tanto que la demagogia de la izquierda impera y se apodera de la ética. Y por último recordemos a Vaclav Havel: “Culturas hay muchas, civilización es una sola, donde se respetan los derechos individuales”.

Fuente: HACER

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