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México: Individuo informado, individuo liberado – por Ricardo Valenzuela

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Hace algunos años fueron recipientes del premio Nobel de economía los Profesores George Akerlof, Michael Spence y Joseph Stiglitz creando una serie de inquietudes. Los economistas fueron galardonados por su contribución de la información asimétrica en el proceso económico. Pero el mensaje llama a pensar el que, a menos que todos los participantes en el mercado tengan la información “necesaria,” no se puede dar el famoso orden espontáneo de Adam Smith.

El pensamiento de estos galardonados se ha iniciado a interpretar por los talibanes del colectivismo con la misma ferocidad que Bin Laden interpretaba el Islam, y gritan ya lo injusto de los mercados para aquellos sin información. Por lo mismo solicitan la intervención de ese ser infalible; el Estado, y así limar sus imperfecciones, tal vez creando una Secretaría de la Justicia Informativa—o mejor, “desinformando a los informados,” para hacerlo más parejo.

Aun cuando estos intelectuales se quedan cortos al afirmar el que el mercado tiene esas “imperfecciones,” han creado confusión en cuanto a los posibles remedios. Akernof piensa que soluciones de mercado para ciertos problemas serían “garantías y sobre todo, la reputación de los vendedores.” Stiglitz parece tener más confianza en la intervención gubernamental, pero cae en el mismo problema de infinidad de analistas que se dedican solo a criticar, sin ofrecer soluciones.

Hayek aseguraba que la información requerida para la buena marcha de los mercados se encontraba descentralizada en las mentes de los millones de sus participantes. Este fue su argumento cuando en 1935 pronosticó la debacle del socialismo. Preguntaba; ¿Cómo podemos construir un orden económico racional? La respuesta es simple. Si poseemos toda la información relevante, tenemos un sistema de preferencias y controlamos el conocimiento de los medios disponibles, el problema remanente es de lógica pura para aplicar sabiamente lo que Milton Friedman afirmaba: La Libertad de Elegir.

Tenemos dos alternativas; la información descentralizada y la información gubernamental. La primera tiende a ser sumamente útil; la segunda fatal. En un sistema de mercados libres cada persona puede usar la información que tiene—lo que Hayek llamaba “conocimiento de circunstancias especiales;” Los economistas Hayekianos llaman a este proceso; “conocimiento local.” Sin embargo, en la Unión Soviética los compradores no podían comunicar sus necesidades a través del mercado porque éste no existía, y los vendedores producían para satisfacer a los burócratas: Resultado; caos y pobreza extrema.

El principal problema económico que enfrenta la sociedad es el adaptarse a los cambios de sus condiciones particulares, por lo que lo lógico sería dejar esas decisiones a sus miembros más familiarizados con ellas; son los que conocen esos cambios y los recursos disponibles para enfrentarlos. No podemos pensar en resolver el problema comunicando toda esta información a un comité central el cual, luego de concentrarlo, emitiera órdenes. Sin embargo, el tener esa información no es la solución completa; Hay que distribuirla de una forma democrática.

Es cuando inicia su función “La economía del cálculo” representada por el sistema de precios. Los precios “libres” es el mejor mecanismo para comunicar información si entendemos su función. Lo impactante del sistema es la increíble economía del conocimiento con la que opera, y lo poco que los participantes necesitan saber para poder tomar las acciones adecuadas. “Libremente” funciona como un termómetro que reporta cambios, o un sistema de telecomunicaciones en el que los productores pueden observar sólo indicaciones como un ingeniero observa sus instrumentos, para ajustar sus actividades a los cambios que reporta el comportamiento de los precios.

Vivimos ya la era de la información. Esto implica competencia en el ciberespacio, una nueva área no sujeta a monopolios puesto que el territorio ahí es inexistente. Es la información computarizada, no el trabajo o la producción en masa lo que estará catapultando la economía mundial en un nuevo mundo enlazado por más de 1,000 canales de TV. La información existe ya en el ciberespacio—esa nueva dimensión creada por una interminable reproducción de redes de computadoras, satélites, módems, bases de datos y, sobre todo, el dominio popular del Internet.

Conforme aumenta la cantidad de información almacenada por individuos, las fronteras económicas desaparecerán totalmente, la competencia será feroz y a nivel mundial, en todas las áreas, en todas las actividades, en todas las regiones del mundo.

Compradores y vendedores de todo tipo de productos y servicios se encontrarán en el espacio cibernético sin importar credo, raza, nacionalidad, continente. Las constructoras Italianas estarán presentando sus ofertas en México, los Bancos Alemanes estarán operando en Pekín, los money manager de los EU licitarán en Chile, los agricultores mexicanos vendiendo sus productos en Europa, los capitales internacionales estarán invadiendo los países sin que los gobiernos “nacionalistas” lo puedan evitar. Los proveedores de información serán los ganadores en este nuevo escenario en el que no habrá lugar para los ineptos, por más apoyo gubernamental que traigan a la mesa.

No podemos afirmar que el proteccionismo esté muerto, no, todavía tenemos infinidad de empresas que constantemente están pidiendo y logrando la protección del gobierno de sus rivales internacionales. Pero a pesar de eso, el libre comercio es en estos momentos más libre que nunca. Eso quiere decir que los consumidores pueden contar con competencia internacional para mantener competitivos los precios de automóviles, ropa, zapatos, alimentos, y otra gran variedad de bienes. Es también un hecho la cantidad de trabajadores disponibles en todo el mundo para satisfacer las necesidades del consumidor americano y mantener la economía expandiéndose sin inflación.

Hay que recordar que el concepto de libre comercio no solo incluye bienes, servicios o el libre movimiento de capitales. También incluye el libre movimiento de otro importante recurso, trabajadores y sus almacenes de información. Tampoco hay duda que los trabajadores del mundo se están desplazando agresivamente, algunas veces de forma legal, otras clandestinamente, a donde las oportunidades se presentan. Para los EU esto representa una abundante mano de obra competitiva para construir fábricas, recoger cosechas, transportar bienes, y satisfacer la demanda de personal de alta preparación tecnológica.

En esta nueva economía por primera vez en la historia de la humanidad el trabajador es dueño de los medios de producción; la computadora. La sociedad civil tiene a su disposición, a través del Internet, la información necesaria para participar sin desventajas en esta nueva economía del Siglo XXI. El Tele cosmos estará liberando la sociedad civil como nunca antes y estará creando ese nuevo individuo soberano. El argumento de los nuevos laureados me parece obsoleto.

Fuente: Asuntos Capitales (México)

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