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Honduras

Honduras: Dos años después del “Golpe de Estado” – por Ricardo Angoso

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Cuando han pasado dos años desde que el presidente-bufón Mel Zelaya fuera depuesto por las Fuerzas Armadas de su país en virtud de un mandato legal, constitucional y acorde al ordenamiento político de Honduras, las cosas se van viendo con más claridad y la inestabilidad lejos de desaparecer se presiente  cercana.

Es cada vez más meridianamente clara la amenaza, la calma chicha es sólo el prólogo de seguros conflictos. Según han revelado algunos medios locales hondureños, el actual presidente, Porfirio Lobo, habría pactado con emisarios del sátrapa de Caracas,  Hugo Chávez, el regreso de Zelaya y la puesta en escena posterior, que devino en un déjà vu de tintes marxistas y en la reorganización de la mal llamada “resistencia” hondureña.

Chávez nunca ha ocultado que siempre ha pretendido establecer una base estratégica y política que le sirva como punta de lanza en Centroamérica para atacar desde allí al “imperio”, es decir, a los Estados Unidos. Comprándole con petróleo y  animándole con la esperanza de una reelección infinita, Zelaya cayó en la trampa y accedió a poner al servicio de la causa chavista a su país. El bufón no deja de ser, siguiendo la terminología leninista, tan en boga ahora en América Latina, un “tonto útil”, un aliado pasajero dispuesto a servir a la “revolución” y, una vez que los comunistas se hagan con las riendas definitivamente, ser apartado sin contemplaciones de esta opera bufa continental que comenzó hace ya una docena de años en Caracas.

Y es que los verdaderos jefes de Zelaya son el mismo Chávez y la ex canciller y principal ideóloga del régimen que se pretendía fundar, la castrochavista y retrógrada sandinista Patricia Rodas, que junto con sus seguidores, los llamados “patricios”, tenían las ideas bastante claras: convertir al país en un satélite de Venezuela, fiel servidor de la doctrina bolivariana, y seguir, en definitiva, a pies y puntilla lo que dicta la franquicia chavista.

Una vez celebrada la consulta que pretendía celebrar Zelaya, el 28 de junio de 2009, y alterado el orden constitucional, la oposición hubiera tenido pocos espacios para vertebral y articular una alternativa al nuevo régimen, tal como está sucediendo en todos los países bolivarianos y especialmente en Venezuela. Los comunistas llegan para quedarse el mayor tiempo posible y tratan de establecer regímenes políticos de carácter irreversible, como el de Cuba, sin posibilidad de regreso a la lógica democrática.

 

LA TÁCTICA DEL ENTRISMO PARA DESTRUIR LOS SISTEMAS DEMOCRÁTICOS EN AMÉRICA LATINA 

Rodas y sus partidarios, casi todos procedentes de la extrema izquierda hondureña y del ala izquierdista del Partido Liberal, sabían que una formación de corte marxista no ya comunista nunca tendría éxito en la siempre moderada y apacible Honduras, donde el pueblo siempre dio la espalda al extremismo y a las aventuras revolucionarias de algunos de sus vecinos. Poco a poco, y utilizando todos los medios a su alcance, se fueron acercando al endeble y poco formado Zelaya para irle moldeando y llevarle a su terreno.

Henchido de gloria y alimentando su nunca ocultado objetivo de reelegirse indefinidamente, Zelaya se plegó a sus exigencias, incluyó a Honduras en la ALBA –una suerte de Pacto de Varsovia chavista que el dictador venezolano financia a golpe de talonario y petrodólares-  y pretendió cercenar los poderes institucionales de la democracia hondureña.

Por suerte para Honduras, el 28 de junio de 2009, y siguiendo un inequívoco guión legal y el ordenamiento constitucional, el presidente Zelaya fue depuesto y salió teóricamente del país. Desde ese mismo instante, Chávez, utilizando a todos sus aliados del ALBA y todos los instrumentos que poseía, incluida una sumisa Organización de Estados Americanos (OEA) que no entendía lo que estaba en juego, empleó toda la artillería para deslegitimar a la democracia hondureña y hacerla capitular como lo ha hecho ahora.

Durante meses, el presidente hondureño de entonces, Roberto Micheletti, resistió estoicamente los insultos, las provocaciones, la condena al ostracismo internacional, la intromisión permanente e incluso la insurrección alimentada por potencias extranjeras, por no hablar de otras cosas, del régimen de Chávez y de sus marionetas hondureñas en el exterior, que como Rodas y el mismo Zelaya hicieron todo lo posible para desacreditar y expulsar de todas las instituciones a Honduras en la escena mundial. Luego, gracias a la fortaleza de la democracia hondureña y a la entereza heroica y verdaderamente resistente de Micheletti, se pudieron celebrar las elecciones parlamentarias y presidenciales de noviembre del año 2009, que paradójicamente dieron la presidencia al hoy claudicante y apaciguador Lobo.

El resto, de sobra lo conocemos; de Chávez y su tropa no esperábamos nada menos. Sabemos como se las gastan y lo que pretenden: convertir a todo el continente en una suerte ergástula marxista donde no quede espacio para la disidencia.

 

UN NUEVO PACTO DE MUNICH EN VERSIÓN CARIBEÑA: EL PACTO DE CARTAGENA SANTOS-CHÁVEZ 

Lo que ya no me queda tan claro en esta historia es el papel de esta suerte de Chamberlain del siglo XXI en que se ha convertido el presidente de Colombia, Juan Manuel Santos, que se ha prestado de una forma indigna y vergonzosa a una nueva versión del Pacto de Munich en versión caribeña, entregando Honduras al castrochavismo -que conspirará abiertamente a través de su caballo de Troya para destruir las instituciones hondureñas- y dejando a este endeble democracia abandonada a su suerte.

No olvidemos que allá por el 1938, cuando las democracias europeas entregaron a Hitler los Sudetes checos y destruyeron Checoslovaquia para aplacar la ambición del dictador alemán, nada se consiguió y ese pacto fue sólo el preludio de una gran guerra y una lucha titánica entre el bien y mal, la libertad y la esclavitud total. Hoy esa batalla es la que se está dando en América Latina y el presidente Santos parece no enterarse, ¿o es que se entera y acepta como irreversible la victoria del chavismo? Si es así, que Dios nos coja confesados.

Fuente: Gentiuno

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