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Latin America

Opinión: CELAC: Europa y América Latina, separadas por más de un océano – por Víctor Hugo Becerra

Concluyó este domingo en Santiago la Cumbre de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC) y la Unión Europea (UE), que reunió a líderes de 60 países de ambos lados del Atlántico. Como todas las cumbres de su tipo, la CELAC-UE concluyó sin grandes resultados aunque sí grandilocuentes propósitos y compromisos.

Pocos puntos concretos pueden extraerse de la llamada Declaración de Santiago, donde ambas regiones sellaron una “nueva alianza estratégica”. Entre estos puntos concretos destacan el compromiso común de brindar seguridad jurídica a inversiones (compromisos 10 y 45), evitar el proteccionismo comercial (compromiso 11), cooperar en la lucha contra del crimen organizado (compromiso 34), el reconocimiento a la economía verde en el contexto de la lucha contra la pobreza (compromiso 40) y consolidar los esfuerzos de cooperación de la UE respecto a América Latina (compromiso 22). Aún cuando todos estos buenos propósitos se cumplieran, el balance de los logros y proyectos concretos es poco, realmente poco para tanto esfuerzo y la presencia de tantos dirigentes.

En buena medida esto se debe al error de óptica de ver a América Latina como una región consolidada, similar a la UE, cuando sólo es un conjunto de economías con intereses más o menos convergentes sólo en pocos puntos y situaciones. Así, no son de extrañar las dificultades para llegar a acuerdos en temas espinosos como los de la seguridad jurídica a las inversiones, el limitar el absolutismo de los gobiernos latinoamericanos sobre “sus” recursos naturales, o la propuesta alemana de suscribir por fin un acuerdo de libre comercio entre Mercosur y la UE. Incluso es un despropósito hablar de eliminar el proteccionismo y acrecentar el comercio entre ambas regiones, cuando los países latinoamericanos ni siquiera comercian entre sí y cuando lo hacen, como en Mercosur, aparece rápidamente el abuso de los países grandes sobre los chicos, no la “hermandad” latinoamericana, como pueden atestiguar sobradamente Paraguay y Uruguay.

Por ello y ante las dificultades por avanzar en temas concretos, cabe suponer que la UE irá concentrando sus esfuerzos en unos pocos países: México, Brasil y en el mediano plazo la Alianza del Pacífico (Colombia, Perú, Chile), como dejó ver Mariano Rajoy con meridiana claridad al insistir en la incorporación de España a dicha iniciativa. Esto no obstante las sobradas ínfulas de tantos gobiernos latinoamericanos, que creen estar presenciando y logrando un cambio “histórico” en la correlación entre ambas regiones. En realidad, América Latina ha hecho poco y nada en ello y el interés de la UE en la región es sólo coyuntural, mediado por la necesidad de garantizar un buen clima de negocios para sus empresas.

Las dificultades cada vez más evidentes de economías como las de Venezuela y Argentina, que en poco tiempo pueden despertar funestamente de la autosatisfacción y la demagogia, son un buen indicativo de la distancia que media en Latinoamérica entre los discursos políticos y las realidades económicas. Al respecto, no basta más que observar la tragicomedia que significa que la dictadura cubana sea, a partir de este lunes, la representante de las democracias latinoamericanas.

Al margen y por último, quisiera sólo hacer notar que el nuevo presidente mexicano usó su presencia en la cumbre de Santiago como argumento para no estar en la junta anual del World Economic Forum en Davos, inaugurada días antes y donde la presencia y el diálogo de los presidentes mexicanos con los tomadores de decisiones de las mayores empresas del mundo, era habitual. En realidad, pareciera que la ausencia de Enrique Peña Nieto en Davos obedece más a una definición de política que a la imposibilidad de estar en ambos encuentros: varios de los presentes en la CelacUE pudieron estar en ambos foros sin dificultad.

Así, Peña Nieto ha venido insistiendo en dar prioridad a fortalecer un supuesto liderazgo mexicano en América Latina, lo que supone, entre otras cosas, regresar al viejo discurso priista de contemporizar con las dictaduras de izquierda (allí está, por ejemplo, la designación en marcha de Lázaro Cárdenas Batel como embajador mexicano en Cuba) y confiar más en el estado y no en las empresas como palanca para el desarrollo. Si es así, México habrá perdido muchísimo, en aras de la vuelta del “ogro filantrópico” y las “ventajas” de un supuesto “liderazgo” que sólo están en las cabezas de los burócratas del nuevo gobierno mexicano. De cualquier manera, se agradece a Peña Nieto que sea cada vez más claro en sus propósitos, si bien no por anunciarlos y discutirlos, al menos sí por irlos dejando ver.

Fuente: Wikikeando (Mexico)

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