La depreflación
por Aurelio F. Concheso
A finales de los años setenta se acuñó el término “estanflación” para caracterizar un fenómeno económico mediante el cual las economías no crecían (se mantenían estancadas) mientras que políticas fiscales inconvenientes y deficitarias producían altos niveles de inflación (a la cual los economistas keynesianos habían recurrido como mecanismo de estimular el crecimiento). Con el tiempo la mayoría de los gobiernos han aprendido como evitar la estanflación. La contracción económica de un 9% que ha anunciado el BCV como resultado del primer semestre del 2002, que viene acompañada de una devaluación en exceso de 80% en lo que va de año y una inflación que difícilmente bajará del 40%, indica que pudiéramos estar a punto de acuñar un término que caracterice el fenómeno de depresión económica con inflación, caso tal vez inédito en la economía mundial, ya que las depresiones normalmente vienen acompañadas de una reducción o “deflación” de los precios.
Pero la pregunta que tendríamos que hacernos no es como se ha podido llegar a este estado de cosas, sino como se ha podido producir este fenómeno en momentos en que los precios de nuestro principal rubro de exportación se encuentran en o cerca de máximos históricos, y con perspectivas de mantenerse así debido a la crisis política del Medio Oriente y los efectos de la guerra contra el terrorismo. Claro, que parte de la respuesta se encuentra en la desconfianza que produce la situación política y jurídica que aleja a inversionistas y ahorristas propios y extraños, pero resultados tan desastrosos no pueden atribuirse al clima político solamente. Si así fuera la economía colombiana estaría mucho peor que la nuestra.
Consideramos que el fondo del problema es un error conceptual serio del que parte el presente Gobierno ( y en el que han incurrido en mayor o menor grado los gobiernos de la democracia venezolana) en la formulación de sus políticas económicas. Ese error no es otro que el de pensar que a través de la acumulación de recursos y poder por parte del Estado se pueden dar las condiciones para la creación de riqueza y un crecimiento económico sano.
La mayor expresión de ese error es la política petrolera. Esa política ha decidido cambiar precios ( y en consecuencia renta estatal) por volúmenes y actividad productiva nacional. La renta que así ha acumulado el gobierno se está gastando de manera ineficiente, como casi siempre es característica del gasto público, y simultáneamente la actividad económica que podría producir una expansión de la industria petrolera brilla por su ausencia. Si por lo menos lo que el Gobierno gasta se dedicara a infraestructura, se vería algo de inversión privada complementaria. Como el gasto gubernamental se esfuma en sueldos, salarios y demás gastos corrientes, lo que así entra en la economía tiende a buscar refugio en el dólar, requiriendo altas tazas de interés para revertir la tendencia, lo cual contribuye al círculo vicioso al des estimular la actividad productiva.
¿Cómo revertir esa tendencia?. La única forma de hacerlo de manera creíble es con un giro de 180 grados en la política petrolera restrictiva de la producción que hoy existe. Importantes analistas de la situación nacional han ya hecho proposiciones concretas en ese sentido hasta ahora sin éxito. Cualquier medida de política económica que no tome en cuenta esa realidad será un paño caliente más que evade el problema. Y si ese paño caliente contempla aumentar los impuestos a la población en momentos de un actividad económica deprimida, entonces no debe extrañarnos que seguiremos sufriendo el primer caso de depreflación que registra la historia económica moderna.
E-mail: aurelco@cantv.net
Fuente: www.cedice.org.ve
|