Weekly Latin American
News Report by e-mail

Unsubscribe here

Subscribe to USA News Report feed
Subscribe to Latin American News feed
HACER in Facebook
HACER in Youtube
HACER in Twitter


Home
Who We Are
Directions to HACER
Contact Us



Weekly News Report & Columnist Project

HACER in the News

Non-Immigrant Work Program

Juan Bautista Alberdi Award

The Economic Transformation of Chile

Latin American Public Policy Experts Guide

HACER Advisor of the Institute for the Mexicans Abroad

HACER Book Store

Support HACER today!


  - Policy Issues
  - Online Library
  - Latin Newspapers
  - Latin BLOGS NEW!!
  - TV & Radio Links
  - Magazines Links
  - Events Calendar & Media Archive
  - Articles Archive
  - Management Tools for Think Tanks
  - Recommended Links


Recommended Books:

by Manuel F. Ayau CordonManuel F. Ayau Cordon


 




EL TURBULENTO AMBIENTE PRE-ELECTORAL: TRES TENDENCIAS SIGNIFICATIVAS

Redacción POLÍTICA ECONÓMICA.

El comienzo de la última etapa en la carrera hacia las elecciones ha estado enmarcado por un ambiente de fuerte turbulencia. Esa turbulencia se ha hecho presente desde varios frentes: en primer lugar, la guerra de acusaciones que, durante dos semanas, acaparó el debate presidencial. En segundo lugar, la ocurrencia de diversos y trágicos hechos de orden público, que han golpeado de forma contundente la moral de la población colombiana, y especialmente su fe en las posibilidades de detener militarmente la ofensiva de la guerrilla. Un tercer factor generador de incertidumbre han sido los resultados de las encuestas. A cada uno de estos factores subyacen tendencias de importancia que, en varios niveles, pueden observarse en nuestra realidad política. Es, por lo tanto, importante comprender su rumbo y sus posibles consecuencias.

La guerra de acusaciones vivida a mediados de abril no es más que otra evidencia de un proceso preocupante y peligroso: en Colombia, la política se está acabando. Ha sido sustituida, en diversas instancias, por otro tipo de relaciones, arreglos o prácticas. En el caso de la política electoral, se supone que un proceso de campañas debe ser un escenario de comparación y elección entre programas y propuestas. Sin embargo, en el pasado mes de abril, una de las campañas políticas lanzó una ofensiva de acusaciones contra su principal rival, acusaciones que poco tenían que ver con los programas o propuestas de gobierno de este candidato. Por supuesto, es importante conocer el pasado de los candidatos, ya que sus actuaciones anteriores pueden indicar qué tan calificados están para ejercer la primera magistratura. Sin embargo, en este caso, era muy claro desde el principio que las acusaciones no tenían fundamento alguno. Es más, algunas eran contradictorias, ridículas, y lo peor, algunas recaían sobre el candidato cuya campaña lanzó la ofensiva (Serpa es el principal responsable de la creación de las Convivir). En vista de la evidente falta de sustento de estas acusaciones, todo parece indicar que la intención que motivó la ofensiva fue simplemente causar un daño a la imagen del otro candidato. ¿Qué tanto se logró ese objetivo? Sin duda tuvo algún impacto, pero no el que los promotores de la ofensiva esperaban. Porque, si bien Álvaro Uribe redujo su ventaja en las encuestas, esto obedece a otros factores que explicaremos más adelante.

Por otro lado, hechos graves en el área del orden público han perturbado el ambiente electoral. Diversas acciones de las Farc crearon una zozobra de las que típicamente sigue a una ofensiva terrorista: se pierde la fe en la capacidad del Estado para garantizar las mínimas condiciones de supervivencia. Infortunadamente, en una guerra terrorista, las acciones ejecutadas pesan más que los triunfos de las fuerzas del orden. De hecho, la policía, el DAS y el ejército han cumplido una notable labor en estos días. Si alguien calculara cuántos atentados se evitaron por la acción de las autoridades, se daría cuenta de que estas han hecho una gran labor. Bastaría para ello sumar las cantidades de explosivos decomisadas. No quiere decir esto, claro, que no puedan hacerse observaciones críticas sobre el desempeño militar: los hechos de Bojayá y Vigía del Fuerte ameritan una investigación. Ahora bien, no es claro todavía cómo estos hechos influirán en las preferencias electorales. Podría ser que resulten en un mayor respaldo a la candidatura de Uribe, cuyo principal tema ha sido el orden público. Podría ser también que renaciera, por efecto del terror, el deseo de realizar otro proceso de diálogo, lo cual debilitaría la posición de Uribe. Sin embargo, tres años de un proceso fracasado y que costó mucho al país dejaron, como legado, un alto escepticismo hacia los diálogos.

En lo concerniente a las encuestas, el hecho más llamativo es el ascenso de Luis Eduardo Garzón. Tal como habíamos dicho en ocasiones anteriores, este ascenso era de esperarse. La razón es que Garzón ha sido un candidato sincero y coherente y, al parecer, la opinión pública está muy deseosa de castigar a los candidatos incoherentes y populistas. Esto constituye una razón para no creer, como algunos creen, que en una eventual segunda vuelta los votos de Garzón irían de forma automática a Serpa, quien ha tratado de fabricarse una imagen de candidato de izquierda. La razón es que el electorado que apoya a Garzón ve a Serpa con mucha desconfianza. En las encuestas, Serpa ocupa el primer lugar en la pregunta por el candidato por el cual el encuestado nunca votaría. Ahora bien, el descenso de Uribe constituye un proceso normal, a nuestro juicio. Este candidato capitalizó, en enero pasado, uno de los mayores momentos de inconformidad popular en la historia de Colombia, y no era claro que ese gigantesco respaldo se fuera a mantener hasta las elecciones. Sin embargo, Uribe sigue contando con una intención de voto sin precedentes, y que constituye por sí misma un hecho histórico. Por último, debemos decir que es muy difícil saber, a esta altura, si habrá o no una segunda vuelta.



  


© 2001 Hispanic American Center for Economic Research | Home