El premio a la irresponsabilidad
Por Adolfo Gutiérrez Chávez
Con el pretexto de evitar una crisis financiera y un eventual contagio a otras economías, el Fondo Monetario Internacional anunció un crédito a Brasil por 30 mil millones de dólares, mientras continúa sin "asistir" a una Argentina que se hunde entre sus contradicciones económicas y que lleva ya siete meses suplicando la ayuda del fondo. Ahora ya no puede ser acusado de rescatar a cada país que se presenta.
Lo malo no es que a Argentina no le de nada. Lo malo es que el organismo siga prestando recursos en perjuicio de aquellas economías receptoras, quienes incrementan su endeudamiento con gran éxito mientras retrasan los cambios importantes en sus políticas. El fondo ya debería haber aprendido que sus intervenciones de 'ayuda' no impiden las crisis financieras, como lo demuestra la experiencia de Rusia, Brasil y Argentina, donde a pesar de la ayuda financiera provista por FMI cayeron en severos problemas apenas unos meses mas tarde.
Cuando llegó al puesto de Director Gerente del Fondo Monetario Internacional, Horst Koehler pretendía reformar al organismo de manera que pudiera instrumentar políticas con el fin de prevenir una crisis y disminuir sustancialmente los paquetes de rescate. Pero el hecho es que bajo la dirección de Koehler, el fondo ha aumentado el tamaño de sus rescates. Primero le dio 22 mil millones de dólares a Argentina, luego 30 mil millones a Turquía y, en lo que se perfila como un grave error más del organismo, 30 mil millones a Brasil la semana pasada. Tres compromisos que se consideran como los tres más grandes hechos por el FMI en toda su historia.
Con el primer rescate masivo de la historia, hecho a México en 1995, el fondo se aseguró una serie de clientes futuros gracias a su habilidad para generar cierto ?riesgo moral? entre los países y sus prestamistas, quienes comprendieron que la ayuda estaría disponible no importando el monto necesario ni las malas políticas implementadas. Pero lo más grave es que la ayuda del fondo ha sido más bien una especie de 'morfina financiera' para los países, pues ha permitido que sus gobiernos continúen posponiendo las reformas estructurales en sus sistemas políticos y económicos. En los años que siguieron al rescate mexicano, el fondo respondió frecuentemente con grandes rescates a las crisis financieras de Tailandia, Corea, Indonesia, Rusia, Brasil, Turquía y Argentina. Ninguno de estos países llevó a cabo reformas serias para promover el desarrollo.
La razón es que al fondo no le interesa la prosperidad de las economías sino asegurar la rentabilidad de su negocio de prestamista. Por eso sus condiciones de préstamo están más orientadas a asegurarse el pago futuro correspondiente que a incentivar el crecimiento económico. El FMI es un banco, piensa como banco y actúa siempre como un banco. Por eso se le exigió a Argentina incrementar los impuestos el año pasado a tasas muy por encima de las de Estados Unidos, lo que aumenta la recaudación y asegura el pago de intereses, pero a costa del crecimiento.
Los países podrían aprender de sus errores y recuperar el crecimiento más fácilmente y a un costo muchísimo menor si enfrentaran sus problemas financieros negociando directamente con sus prestamistas, sin la ayuda o rescate de ningún organismo internacional, lo que se conoce como soluciones de mercado. Tal acción obligaría a los países a llevar a cabo reformas estructurales y buenos manejos en sus políticas públicas a cambio de financiamiento futuro, mientras que los prestamistas se verían forzados a asumir tanto ganancias como pérdidas de sus operaciones con los países.
Miles de familias perdieron su dinero que tenían invertido en empresas con gobiernos corporativos irresponsables, mentirosos y avariciosos. Imaginemos entonces que se rescatan de la quiebra a empresas como Enron, Andersen o WorldCom. El mercado en lugar de castigarlas volvería a dirigir recursos, en clara distorsión, a empresas con mañosos manejos contables pues habría la seguridad de que la ayuda en cualquier caso estaría disponible. De la misma manera, el mercado financiero internacional ajustaría los tratos entre los gobiernos y sus prestamistas. ¿Porqué rescatar a gobiernos que han mentido y robado no sólo a los inversores sino a su propia gente?
Los defensores de los grandes rescates raramente mencionan los altos costos que ocasionan a la sociedad por posponer las reformas realmente importantes, al tiempo que subestiman el poder de las soluciones de mercado. A menudo se habla del exitoso rescate mexicano porque restauró la confianza en el peso, permitió una relativamente rápida recuperación económica e impidió una crisis financiera global. Pero nunca se habla del altísimo costo de haber pospuesto una reforma fiscal, laboral y monetaria. El daño fue tal que hasta la fecha se discute este asunto, mientras se sigue empobre-ciendo a los mexicanos. La falta de asistencia financiera de Washington hubiera obligado al país a llevar a cabo los cambios fundamentales que hoy todavía no tenemos.
Existe suficiente evidencia de que las soluciones de mercado -esto es sin los rescates del fondo- ofrecen mayores beneficios y menores costos. Un cuidadoso estudio hecho por Michael Bordo y Anna Schwartz compara aquellos países en crisis que no fueron rescatados por el FMI con los que si fueron asistidos por este organismo. Los autores concluyen que la asistencia financiera del FMI resulta dañina para el desempeño económico de los países... y que este efecto se ha amplificado a raíz de la crisis mexicana de 1995. El estudio destaca cómo las naciones que no fueron rescatadas resolvieron el problema de su deuda, de su política cambiaria y de su sistema bancario más rápido que las 'rescatadas' y que por lo tanto retomaron el camino del crecimiento más rápido. Gracias a esto y al enorme esfuerzo de Allan Meltzer por tratar de reformar al FMI es que el Congreso de los Estados Unidos ha reconocido que la asistencia financiera del fondo, y de otros, no ha generado evidencia de mejorar los niveles de ingreso y la calidad de vida de los habitantes de las naciones a quienes asiste.
En la década de los años ochenta, cuando el FMI le negó la ayuda financiera, Nueva Zelanda se vio obligada a llevar a cabo la agenda de reforma estructural con cambios fundamentales en el sistema fiscal, monetario, laboral y político. Ahora, gracias a eso Nueva Zelanda crece anualmente a tasas considerables, registra una inflación menor al dos por ciento, no devalúa, tiene el mayor crecimiento de la fuerza laboral entre los países de la OCDE, resiste problemas como las crisis asiáticas sin ayuda y los partidos en el Parlamento ya no discuten sobre la lucha entre ricos y pobres.
Es por todo esto que el acuerdo del FMI con Brasil constituye un grave error, y más cuando el mismo fondo ha insistido en que no dará dinero a países donde el problema fuera de política interna. El FMI ofreció 30 mil dólares a un gobierno aún no electo, donde los principales candidatos son socialistas, donde los principales candidatos siempre han mostrado su total repudio por el FMI y donde los principales candidatos no han formulado completamente sus políticas. Por eso que diversos analistas denuncian que las verdaderas intenciones del fondo son tratar de influenciar el proceso democrático ofreciendo miles de millones de dólares al gobierno futuro. En palabras de Meltzer: "Es un programa que no puede ser aceptado, porque uno no puede poner dinero para cambiar la política".
Es por lo mismo que el gobierno de Duhalde no debe recibir un solo centavo de la comunidad internacional. No se debe dar dinero a un país cuyo presidente ha violado la ley, robado a los ciudadanos, y que ha responsabilizado a la apertura comercial de todos los males que aquejan a su país. Ceder ante la tentación de rescatar a Argentina constituiría otro gravísimo error que terminarían pagando los propios argentinos; una factura que se adicionaría a la que ya están sufragando actualmente. No se puede premiar a gobiernos irresponsables, no se vale. El propio mercado debe encargarse del asunto. El problema es que ahora el FMI enfrenta la tentación de prestarle pues está por vencer un pago de 2 mil millones de dólares que Argentina debe hacerle al organismo; el fondo no querrá enfrentar esa pérdida. ¿Sucumbirá ante la tentación? O esperará a que el gobierno argentino nombre al favorito, Ricardo López-Murphy como ministro de Economía.
Fuente: www.todito.com
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