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by Manuel F. Ayau CordonManuel F. Ayau Cordon


 





IMPUESTOS Y RECAUDO: CONSECUENCIAS

En nuestra edición anterior, se analizó la posibilidad de la implementación de una nueva reforma tributaria por parte del nuevo gobierno a posicionarse en agosto. Y, de acuerdo con las declaraciones de los que serán los encargados del manejo económico durante los próximos cuatro años, esto es prácticamente una realidad.

En efecto, la próxima administración requerirá de un incremento en el gasto público para poder cumplir con sus planes en materia de lucha contra el terrorismo, impulso a la economía y programas sociales. Tal aumento estaría en el orden del 4% del PIB, aunque es probable que en el marco del acuerdo con el FMI (que deberá ser renovado a fines de este año) solo se dé un incremento de dos puntos porcentuales, para cumplir con un déficit fiscal más manejable y que pueda ser reducido progresivamente en el corto plazo.

Para poder incrementar de esta manera el gasto público y el déficit fiscal, el cual quedaría alrededor del 5,3% del PIB, se necesitarán recursos adicionales en una cuantía considerable, y las fuentes de estos serán las acostumbradas: deuda pública y tributación. Por lo tanto, al ya explosivo crecimiento de la deuda, se le añadirán unos cuantos miles de millones de pesos, al mismo tiempo que se hará uso de los impuestos para financiar el programa de gobierno de la administración Uribe. No hay sorpresas en este aspecto, ya que son los mecanismos acostumbrados de las administraciones anteriores por el simple hecho de ser los de más fácil aplicación.

La pregunta que se debe hacer en el tema de los impuestos es ¿qué buscará exactamente la primera reforma tributaria de la administración Uribe para aumentar el recaudo? Este es un tema de sumo cuidado, ya que no solo se requerirá obtener recursos adicionales nuevos, sino además recuperar el terreno perdido en materia de recaudo en el presente año; en otras palabras, llenar el hueco tributario, que a junio era de $500.000 millones y que se espera que al llegar a diciembre sea de $900.000 millones. Este desfase nos indica claramente que el recaudo por tributación en el país es cada vez menor, y que las predicciones del gobierno nacional al respecto eran demasiado optimistas.

Dentro de las causas de la disminución en el recaudo de impuestos citadas por el gobierno, se encuentran la caída en las ventas del comercio, la disminución en las utilidades del petróleo y la caída en las importaciones. Todas estas razones son síntomas claros del descalabro económico de la nación en el primer trimestre del año. Por lo tanto, el mediocre crecimiento ha influido de manera negativa en el recaudo de impuestos.

Por el contrario, dirían otros, el crecimiento de tan solo 0,5% es consecuencia directa de haber realizado una reforma tributaria a finales del año 2000, en una economía en un proceso de reactivación y que venía intentando salir de una de las peores crisis de la historia. Estos constantes incrementos en los impuestos (ya completamos ocho reformas tributarias en la última década) se han convertido en un obstáculo importante para la recuperación. Por lo tanto, los continuos incrementos de impuestos han frenado la actividad económica, lo que se traduce en las pobres cifras de crecimiento de los últimos años, y esta es la principal causa para la caída en los recaudos. Así, el incremento de impuestos es la principal causa para la disminución en el recaudo de estos.

De esta manera, entre más se intente aumentar el recaudo de impuestos a través de incrementos en la tributación, se reducirán cada vez más los ingresos obtenidos por el gobierno por medio de este concepto. Por lo tanto, incrementar los impuestos no resultaría la mejor opción a la hora de buscar fuentes para financiar el aumento en el gasto público de la próxima administración. Es más, si se tiene en cuenta el efecto sobre la economía, en particular sobre la inversión privada y el consumo, la situación se vuelve más grave.

Sin embargo, el gobierno del presidente Uribe parece apostarle a esta opción, ya que espera que los beneficios obtenidos superen el sacrifico que tendremos que hacer los colombianos para salir de la situación actual. En otras palabras, se confía que se cumpla lo que se lee en cualquier libro de Hacienda Pública: los impuestos son devueltos a la sociedad en forma de bienes y servicios del Estado y la pérdida de eficiencia es recuperable en cierto grado. Sin embargo, en nuestro país parece que este hecho no se da, ya que estos recursos se pierden en la corrupción o en pago de deuda pública, mientras que la inversión es mínima.

Afortunadamente, el gobierno entrante parece tener planes muy serios para solucionar estos problemas, ya que ha anunciado una lucha sin cuartel contra la corrupción y un impulso importante a la economía a través del gasto público en inversión. Pero aún así se debe considerar como nocivo recurrir a la tributación para buscar los recursos necesarios.

Fuente: http://www.fundaciondl.org/



  


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