Costos de la confrontación
Por Aurelio Concheso*
A estas horas, en las que todavía no se vislumbra un desenlace final para el inmenso conflicto en que se encuentra el país, lo único cierto es que los costos económicos de la presente confrontación van a ser enormes, y probablemente irreparables en el corto plazo. De un paro empresarial y laboral que originalmente comenzó con un horizonte de 48 horas de duración y el anunciado propósito de producir en la mesa de negociación un acuerdo para conducir la conflictividad política a través de un proceso electoral en el corto plazo se ha escalado una situación impensable hace escasos días.
Ya dejaron de ser parte del folclore televisivo diario los anuncios de la inefable Ministra del Trabajo asegurando que el 80% del país estaba trabajando como si nada, y lo que nadie hubiera supuesto, que la actividad económica privada se mantuviera o bien paralizada o en algunos casos a menos de media marcha por mas de dos semanas, se ha combinado con el primer paro de la producción petrolera venezolana desde el reventón de Los Barrosos y el pozo Zumaque Uno. No hay que olvidar que en la histórica huelga petrolera de 1936 la producción siguió fluyendo debido a los planes de contingencia de las empresas, los cuales implementan los técnicos y ejecutivos de la nómina mayor y media.
Las implicaciones totales del paro petrolero y marítimo están aún por verse. Que el mismo se haya desatado con tanta fuerza y apoyo indica que la crisis que comenzó en febrero con los intentos de politizar la Industria solamente se soslayó con la remoción de la Junta Directiva dirigida por Gastón Parra en Abril, y que la aparentemente conciliadora presencia de Alí Rodríguez resultó tan solo un especie de repliegue táctico en los planes del Gobierno. La forma torpe en la que el Gobierno le ha dado la espalda a cualquier posibilidad de negociación ( tanto en la mesa de Gaviria como en PDVSA) esta trayendo reprecisiones gigantescas.
En la parte marítima Venezuela se encuentra hoy aislada, y difícilmente regresarán los buques internacionales (tanto de carga general como petroleros) a no ser que haya un cambio en la forma marcial de actuar. Por otra parte, sustituir a la mayor parte del personal de una industria global y tecnológicamente compleja no es lo mismo que retirar algunos generales en una Fuerza Armada que no tiene responsabilidad económica en la generación de riqueza. En el mejor de los casos para el Gobierno, si logra dominar la huelga sin negociar, le demorará meses si no años regresar a PDVSA a los niveles de productividad que tenía antes del conflicto, y probablemente solo lo logre “privatizando” o “concesionando” operaciones completas (como el complejo de Paraguaná) a empresas extranjeras, no precisamente la forma mas nacionalista de actuar.
¿Realmente era necesario ir por esta ruta de la confrontación a ultranza?. No si el propósito es tener un país en que quepan todos, Gobierno, Oposición, y los que no comulgan con ninguna tendencia pero tampoco con molinos de viento “revolucionarios”. Aún hay tiempo para evitar una debacle que terminará arrastrando a todos, pero, como siempre, afectando en mayor grado a los mas humildes. Aún hay tiempo para que el Gobierno presente por fin una alternativa de salida electoral en la Mesa y busque un acuerdo negociado con el personal de PDVSA. Aún hay tiempo para evitar que los costos de la confrontación que ya son gigantescos se vuelvan catastróficos para la economía ... y que las cacerolas se cambien por las cacerinas. Aún hay tiempo, pero cada vez el margen de maniobra es menor y la búsqueda de una salida consensual y pacífica se hace mas difícil e imperiosa.
*Presidente del Centro de Divulgación del conocimiento Económico (CEDICE)
Fuente: CEDICE
|