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by Manuel F. Ayau CordonManuel F. Ayau Cordon


 





Inflación bolivariana

Por Fernando Salas Falcón

Tradicionalmente se han definido como funciones de un banco central las de ser: banco de emisión, custodio de las reservas en efectivo de la banca comercial, guardián de las reservas internacionales del país, banco de redescuento y prestamista de última instancia, banco de compensación, contralor del crédito y, finalmente, banquero, agente y consejero del gobierno (y no financista del Gasto Público, mucho menos con la emisión de dinero inorgánico).

Tales funciones tuvieron un agregado fundamental con las ideas de la escuela de Chicago. Milton Friedman y los monetaristas sostienen que la cantidad de dinero existente en una economía, la liquidez monetaria, es muy importante. Y que la intención de conseguir tasas de crecimiento y empleo positivas con políticas fiscales y monetarias expansivas producen inflación acelerada.

Así, los bancos centrales asumieron una nueva y vital función: la de controlar la inflación manteniendo una liquidez monetaria adecuada. Se valen de herramientas como la tasa de redescuento, los encajes y las operaciones de mercado abierto. Se observa la tasa de inflación y se implementa una política monetaria acorde.

Por ejemplo, la Reserva Federal, banco central norteamericano, monitorea las cifras, entre ellas la de inflación, que llevan entes gubernamentales como las secretarías del Tesoro, de Comercio o del Trabajo y actúa. La Reserva y el público confían en esas cifras que, al final, determinan la política monetaria antiinflacionaria.

En Venezuela, hasta hoy, el BCV obtiene las cifras de inflación y formula la política monetaria. Esto puede verse como inadecuado, como un despacharse y darse el vuelto. Pero aunque el BCV nunca ha tenido autonomía plena, ha existido relativa confianza en sus cifras de inflación. Al fin y al cabo, es menos obediente que un ente gubernamental directo.

Con la modificación de la Ley del BCV la cosa será distinta. Se le restringe aún más la independencia al banco emisor y, por si acaso, se le quita la función de llevar las cifras de inflación. Será un ente gubernamental aún más docil quien nos dirá tal cosa.

Seguro que seguiremos con políticas fiscales y monetarias expansivas, en función de tasas de inflación paradisíacas. Y diremos, parafraseando a un dirigente de la IV República, a la sazón uno de los ministros de la economía, que “el gobierno dice que la inflación es tanto... pero mi mujer dice que eso es mentira”.

Fuente: CEDICE



  


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