Chávez, repudiado
por Hernán Felipe Errázuriz
Como buen populista, además mesiánico, Chávez, camina a su fin. Sus tácticas y socialismo del siglo XXI ya están suficientemente desacreditados: hasta sus partidarios saben que es otro el camino.
Al enfrentamiento con el rey Juan Carlos siguió, esta semana, la conminación del rey saudita Abdullah, en la Cumbre de la OPEP, a no tratar “el petróleo como instrumento para emociones y conflictos”. Luego, Lula decidió hacer fracasar el mayor proyecto venezolano: el oleoducto del Sur, que atravesaría Brasil, Paraguay, Uruguay y Argentina. Simultáneamente, la SIP inició un proceso por transgresiones a la libertad de expresión en Venezuela, y el Presidente de Colombia quitó su respaldo a la mediación de Chávez para la liberación de rehenes colombianos. En Chile, la Presidenta, diputados socialistas, la DC, el PPD y la oposición condenaron las actuaciones de Chávez en la desaprovechada Cumbre de Santiago. En Caracas, aumentan las manifestaciones por la escasez de alimentos básicos y por la propuesta de reelección indefinida.
Igual, el gobernante venezolano debería ganar el plebiscito del próximo domingo: sus funcionarios manejan los registros de votantes y cuentan las preferencias. Lo que no podrán es impedir una significativa abstención electoral, muchos votos de rechazo y su debilitamiento consiguiente.
La estridencia de líderes ideologizados hace creer que gobernarán indefinidamente. Durante la Guerra Fría, Occidente se resignó a la perpetuidad de la Unión Soviética. Aplicó, temeroso, la coexistencia pacífica. Después, fue sorprendido por el colapso del comunismo. Reagan confesó que cuando en Berlín, en 1987, demandó: “Señor Gorbachov, derribe esa muralla”, nunca soñó que tres años después el muro desaparecería, y que el Kremlin, sin mediar fuerza, quedaría desalojado de jerarcas comunistas.
El fin de Chávez es cuestión de tiempo, y no de mucho tiempo más: sus bravuconadas ya no atemorizan y su gestión está desprestigiada. Quedan los perjuicios causados y los que causará en el intertanto. Seguramente, aumentará sus financiamientos para entrometerse en América Latina, incluidos fondos para su contingente chileno. Lo más riesgoso es su alianza con Irán, su intervención en Bolivia y su promesa de transformarla en otro Vietnam, si peligra Evo Morales. Entonces, Chile y Brasil no podrán desentenderse.
La permanencia de Chávez depende de las respuestas que reciba de sus opositores internos. Y no menos importante será la reacción pública de los restantes gobernantes a sus intromisiones, más allá de sus reclamos privados y de las réplicas de reyes, sean moros o cristianos.
Chávez prometió transformar Bolivia en otro Vietnam, si peligra Evo. Chile y Brasil no podrán desentenderse.
Fuente: El Mercurio
For an automatic English Google translation of this article click here.
|