¿Terrorismo suicida en Colombia?
El pasado 17 de marzo, el Departamento Administrativo de Seguridad DAS anunció en Bogotá la captura de un presunto guerrillero de las FARC llamado Luis Hipólito Ospina, y quien en las filas de la organización sería conocido con el alias de “El Musulmán”. Lo verdaderamente sorprendente de esta noticia es que, según el DAS, Ospina estaría dedicado al reclutamiento y preparación de jóvenes para cometer atentados terroristas suicidas. Esta noticia sorprendió a muchos. Esto porque, si bien Colombia sufre desde hacia varias décadas el flagelo del terrorismo en diversas manifestaciones y modalidades, el uso sistemático de los terroristas suicidas no ha sido una de las tácticas propias de las organizaciones terroristas colombianas. Pero esto no significa que al respecto no existan antecedentes en nuestro país, o que la mencionada modalidad no sea explicable dentro de las tácticas de la guerrilla. Veamos.
Según el DAS, Luis Hipólito Ospina es un veterano guerrillero de las FARC. De hecho, en varios videos que datan de la época en que existía la Zona de Despeje para diálogos de paz, se le puede ver en compañía de altos cabecillas de la organización. Según la versión del DAS, Ospina se había convertido al Islam hacía ya varios años, y de hecho, el adoctrinamiento de terroristas suicidas que él estaba realizando se basaba en el Corán y enseñanzas islámicas. Al conocerse esta noticia, se supo también que en días pasados fue capturado un joven merodeando instalaciones militares en Florencia, Caquetá, y quien al parecer habría confesado que iba a ejecutar un atentado suicida contra esa unidad militar usando un chaleco con explosivos.
Tradicionalmente, el uso de suicidas ha sido ajeno a los grupos terroristas de occidente. El inmolarse en virtud de una causa no es propio de la mentalidad occidental, y mucho menos lo es el que esto pueda convertirse en una estrategia que involucre la realización de muchos actos de tal naturaleza.
Existen, sin embargo, algunos antecedentes en Colombia de actos armados suicidas. La mayoría de estos actos fueron ordenados por narcotraficantes, y fueron ejecutados por jóvenes que habían crecido dentro de una cultura urbana de pandillismo, violencia y pobreza. Esta cultura se reflejaba en una cierta certeza sobre la brevedad de la vida y la inminencia de la muerte, certeza reforzada por el hecho de ser testigo casi a diario de actos de violencia. Igualmente, esta cultura valoraba sobre todo los esfuerzos que se hicieran para garantizar una mejor situación económica a la familia, especialmente a la madre. En su libro sobre Pablo Escobar, el hoy secretario de gobierno de Medellín Alonso Salazar relata la historia de un joven pistolero que trabajaba para Escobar y quien, a sabiendas de que no saldría vivo de la operación, se ofreció para asesinar al líder paramilitar Henry Pérez, con la condición de que se pagara a su madre una elevada suma de dinero. Piénsese igualmente en el caso del asesino que, en un avión en vuelo, dio muerte al candidato presidencial Carlos Pizarro, con la certeza de que no podría huir, y de que los numerosos guardaespaldas del candidato dispararían contra él.
Ahora bien, según lo relatado por el DAS, los agentes suicidas que estaban siendo entrenados por “El Musulmán” se ajustaban más en su perfil al de los suicidas del medio oriente. Como decíamos, estaban siendo adoctrinados usando el Corán. ¿Qué significa esto dentro de la estrategia de las FARC?
Es obvio que este grupo terrorista no tiene una orientación religiosa y mucho menos confesional. Pero lo que sí ha demostrado en el pasado es una gran frialdad al momento de valerse de personas como instrumentos para cometer actos terroristas. Piénsese en el caso de John Freddy Arellán, quien ejecutó el pavoroso atentado de febrero de 2003 contra el Club El Nogal. Arellán siempre concibió su operación como un plan en el que aprovecharía varias condiciones personales (como el poder ingresar al club) y tras el cual recibiría una recompensa económica. Hoy se sabe que Arellán fue engañado, y que las FARC hicieron explotar la bomba de tal forma que él muriera también.
En este caso, podemos estar frente al mismo tipo de utilización instrumental de personas débiles o con condiciones que puedan ser aprovechadas para el terrorismo. Sin que la organización tenga nada que ver con el Islam, las FARC sacarían provecho de la circunstancia de que un reducido grupo de jóvenes, en condición psicológica dudosa, quisiera inmolarse en actos terroristas, para utilizarlos en la ejecución de atentados de gran magnitud. En especial, las FARC utilizarían a estos jóvenes en la ejecución de un acto que siempre les ha sido esquivo, y que figura en el número 1 de sus prioridades militares: el asesinato del presidente Álvaro Uribe. La extrema seguridad que rodea al mandatario, quien ha dirigido la más efectiva campaña contra las FARC en la historia, haría creer que sólo el uso de un suicida garantizaría el éxito del atentado.
Fuente: Inteligencia Economica
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