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by Manuel F. Ayau CordonManuel F. Ayau Cordon


 





La falacia de la “temporalidad” de los impuestos en Colombia: El caso del impuesto al patrimonio

“No hay nada más permanente que un programa temporal de gobierno”, dijo una vez el Nobel de Economía Milton Friedman. Y su afirmación quedo comprobada luego de una reunión de varias horas entre el Presidente Uribe, el ministro Jungito y los congresistas ponentes de la reforma tributaria; en la que el país conoció la iniciativa de volver permanente el impuesto al patrimonio, así como otros cambios adicionales al proyecto presentado por el gobierno nacional con el que se buscan recaudar alrededor de $2,2 billones y darle así un respiro al desequilibrio fiscal.

Así, el impuesto del 1,2% sobre el patrimonio, el cual fue decretado a través de la figura de la conmoción interior, y era en un comienzo pagadero una sola vez, podría volverse permanente o al menos aplicarse por algunos años más. Esto implicaría que las personas y empresas con patrimonio liquido superior a $169 millones, tendrían que seguir pagando este tributo; el cual no solo es totalmente antitécnico, sino además significaría un duro golpe al ingreso disponible de los colombianos, y a la inversión y al ahorro.

Al respecto, en ocasiones anteriores INTELIGENCIA ECONÓMICA ha resaltado la necesidad de sanear las finanzas públicas para corregir la explosiva tendencia de la deuda pública y sentar las bases adecuadas para la reducción del tamaño del Estado; y de igual forma hemos expresado que la reforma tributaria del gobierno podría ser una solución, aunque no la ideal. Sin embargo, no es correcto aprovechar la gravedad de la situación para saturar la economía con impuestos, en especial cuando se están presentando las primeras señales alentadoras en mucho tiempo (como la cifra de crecimiento para el segundo trimestre del año).

Si bien la propuesta de volver permanente el impuesto al patrimonio proviene del Congreso, el gobierno no ha visto con malos ojos la idea, ya que según las cifras oficiales la reforma tributaria tan solo despejaría el panorama fiscal por un solo año, el 2003. Así, de aprobarse la continuidad del tributo, se esperarían recaudar recursos similares a los $2 billones que se obtendrán con la propuesta inicial, es decir, que el impuesto únicamente se pagaría una vez; iniciativa que fue aceptada por los empresarios nacionales, ya que el mismo presidente se comprometió a asegurarse que tal medida no se convertiría en permanente.

Por esta razón, es comprensible el rechazo de estos contribuyentes, ya que no solo se incumpliría lo inicialmente pactado, sino que además esto significaría un duro golpe a su capacidad adquisitiva, puesto que la reforma tributaria también incluye una sobretasa del 10% al impuesto a la renta. De esta manera, la disminución en el ingreso disponible de las personas y empresas con grandes patrimonios, afectará el consumo, la inversión y el ahorro de estos grupos; y, por ende, el crecimiento mismo de la economía colombiana se vería comprometido.

De aprobarse esta medida, se repetiría el caso del impuesto a las transacciones financieras, o dos por mil; el cual, al momento de su implantación, en el año 1999, fue presentado como un tributo temporal y su desaparición no solo nunca ocurrió, sino que además se incremento a tres por mil y aún no se contempla su desmonte ya que se considera como una fuente importante de ingresos para el gobierno. Así, este “impuesto transitorio” le había costado a los colombianos, hasta agosto del año anterior, la no despreciable suma de $2,85 billones en tan solo 27 meses (cifra mayor a lo recaudado por concepto de la sobretasa a la gasolina en el mismo periodo).

Si el impuesto al patrimonio corre la misma suerte del tres por mil, el gobierno estaría incurriendo en un nuevo error de política económica; ya que además de ser antitécnico y discriminador, es seguro que la meta de recaudo de $2 billones anuales por este concepto jamás sería alcanzada ya que indudablemente la evasión a este tributo empezaría a crecer, como ocurrió con la reforma tributaria del 2000, y estaríamos en una situación donde las finanzas públicas continúan en crisis y el ingreso disponible de los colombianos sería cada vez menor.

Por último, si la propuesta de reforma tributaria que se discute actualmente en el Congreso no soluciona el problema fiscal a fondo, ¿vale la pena realizarla? El apoyo incondicional de muchos sectores de la economía nacional hacia el proyecto de ley, se basaba en el efecto definitivo que este tendría sobre las finanzas públicas y sobre esta creencia se acepto el sacrificio a realizar. Pero si esta reforma será solo una más entre las muchas de la última década, tal vez valga la pena revisar la dimensión del esfuerzo y su conveniencia.

Fuente: Inteligencia Economica



  


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