El incremento salarial para el 2003: entre la prudencia y el desastre
Hace algunos meses, antes de la posesión del Presidente Uribe, el Banco de la República propuso que el incremento en el salario mínimo para el año 2003 debería estar alrededor del 6% ya que se consideraba que la baja inflación del país permitiría mantener el poder adquisitivo de los colombianos con este nivel de remuneraciones. De inmediato, la respuesta del ahora Ministro de Trabajo fue “zapatero a tus zapatos”, queriendo decir que esta decisión no era competencia de la autoridad monetaria. Ojalá esta posición haya cambiado y el encargado de esta cartera este dispuesto a recibir las sugerencias del Banco con agrado, ya que no hacerlo podría significar la profundización de la crisis que vive actualmente el empleo.
Por estos días está a punto de empezar la discusión del incremento salarial y las declaraciones del banco central cobran gran importancia, no tanto por la cifra propuesta, sino por el la comprensión de la situación de la economía y el impacto que una política salarial inadecuada tendría en el país. Por otro lado, se han escuchado otras propuestas como la de las centrales obreras que piden incrementos salariales para el próximo año del 11%, con el cual se incrementaría la capacidad de consumo de los trabajadores y, por ende, la demanda interna de estos bienes. De esta manera, se estaría dando un impulso a la reactivación económica que se convertiría en un circulo virtuoso.
Sin embargo, esta propuesta no tiene en cuenta los efectos de este incremento sobre el nivel de empleo de la economía. Por supuesto que entre mayor sea la remuneración, mayor será la posibilidad de los hogares de aumentar su consumo; sin embargo, el aumento salarial significaría elevar los costos laborales para el productor en medio de una situación económica bastante difícil, lo cual resultaría en la pérdida de puestos de trabajo y el aumento de la tasa de desempleo. Un ejemplo es conveniente para ilustrar este punto.
Suponga el lector que hay una empresa con 10 empleados, los cuales ganan 300.000 cada uno, y que la demanda interna se encuentra estancada como lo está en el país. En Enero, y de acuerdo al valor pactado entre gobierno y sindicatos, estos últimos en representación de los “trabajadores”, el incremento salarial es de 10%, lo que implica que el salario para ese año es de 330.000 por cada empleado. Sin embargo, si las ventas se mantienen constantes, o lo que es peor disminuyen, el empresario no podrá pagar el aumento, pero ya que este es legal y obligatorio, no le queda más salida que despedir a uno de sus trabajadores para poder cumplir con la remuneración de los 9 restantes. Así tendremos un desempleado más, lo cual multiplicado por todas las empresas del país nos dará una cifra preocupante de desempleo. La pregunta es ¿Será que esos desempleados no hubieran preferido un aumento moderado con tal de mantener su empleo? Sin embargo, esto no se tiene en cuenta cuando se negocia el porcentaje de incremento ya que solo se está pensando en los que conservarán sus empleos y en su poder adquisitivo.
De esta manera, al incrementarse los salarios en el mismo porcentaje, o por debajo de la inflación, puede que no se llegue a aumentar la capacidad de compra de los individuos, pero muchos mantendrán sus puestos y, lo que es más importante, otros tantos encontrarán trabajo ya que el empleo se ha hecho más barato. La respuesta de los sindicatos y algunos economistas a este punto, es que en los países desarrollados los salarios se incrementan y el desempleo se mantiene igual, lo cual es cierto pero lo que ocurre es que en estos países el consumo también está creciendo lo que permite la sostenibilidad de un empleo más caro para el productor; y además estos incrementos obedecen en gran parte a la mayor productividad de los trabajadores de estas naciones. Por lo tanto, se requiere una política salarial que sea acorde con la generación de empleo y al mismo tiempo conserve el poder adquisitivo de los salarios de los colombianos.
Si el salario mínimo para el 2003 se fija teniendo en cuenta la inflación prevista para ese año, el salario real permanecerá constante y el nivel de empleo no tendrá variaciones por esta causa. En este punto es necesario aclarar que este incremento se debe fijar con base en la inflación esperada para el próximo año y no basándose en la acumulada para el periodo en curso; ya que de lo contrario se dará la misma situación de los últimos años en Colombia: los salarios se incrementan por encima de la inflación, es decir que el salario real aumenta. Al respecto, según el Banco de la República, los salarios nominales del sector industrial se incrementaron en 8,5% entre julio de 2001 y el mismo mes en este año, al mismo tiempo que la inflación se redujo en 1,7% para el mismo periodo. Así, el salario real se incrementó, lo cual se reflejó en una disminución de 5,3% en el empleo del sector.
Estos aspectos tienen que ser tenidos en cuenta al momento de iniciar la negociación del salario mínimo para el próximo año, ya que mucho está en juego y los efectos serán desastrosos en caso de pactar un aumento que no considere la fragilidad del empleo en el país. Dependerá de las partes la definición de las prioridades y la consideración de las consecuencias. Por último, dado que el Banco de la República ha definido la meta de inflación para el 2003 en 5,5%; INTELIGENCIA ECONÓMICA cree que el resultado de la negociación entre empresarios, centrales obreras y gobierno arrojará un incremento del 7%.
Fuente: Inteligencia Economica
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