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by Manuel F. Ayau CordonManuel F. Ayau Cordon


 





Liderazgo y continuidad vs. cortoplacismo

Por Andres Mejia-Vergaud

Con el año 2003 apenas en sus comienzos, es muy claro que las cosas se han puesto difíciles en muchos terrenos para el gobierno del presidente Álvaro Uribe Vélez. En su edición del 24 de febrero, la revista Cambio titula su portada con un drástico “Fin de la luna de miel”, seguido por un artículo en que se detalla la forma en que la gran popularidad inicial del gobierno ha comenzado a descender.

A este hecho debe sumarse una adversa conjunción de factores tristemente simultáneos, y que harán sentir efectos negativos en varios frentes de la vida nacional. Se trata de la oleada terrorista, la situación en Venezuela y la entrada en vigor de algunas drásticas pero necesarias medidas económicas.

Al contrario de lo que muchos pueden pensar, los recientes atentados terroristas, lejos de ser un signo del fracaso de las políticas de seguridad, son un indicio de que estas han empezado a arrojar resultados. En nuestra guerra irregular, el terrorismo es un recurso que la guerrilla busca cuando quiera que sus modos ordinarios de operación han sido perturbados. ¿Y cuáles son esos modos ordinarios de operación? Son todas las actividades y prácticas que permiten a los grupos guerrilleros establecer el control sobre zonas importantes del territorio nacional. Y no queremos decir con esto que actualmente no existan regiones que sufren esa condición, pero sí es claro que a la guerrilla se le hace hoy más costoso y difícil moverse y establecerse como lo ha venido haciendo desde hace décadas. A juzgar por la especial crueldad que mostró este atentado, hay una intención especial de infligir daño que podría explicarse por la rabia que produce la ofensiva del gobierno. No se debe olvidar que, dentro de la ortodoxia revolucionaria que aún profesan las FARC, este tipo de actos son inadmisibles. Se trata, pues, de una reacción inusual que indica que las políticas de seguridad democrática han comenzado a surtir efectos.

Por otro lado, la creciente gravedad de la situación en Venezuela tendrá, de forma inevitable, efectos adversos sobre la economía colombiana. Y es que el deterioro de la situación de este país ya ha rebasado el ámbito de lo regional, para convertirse en un tema de interés a nivel mundial. La adaptación de nuestras empresas a esta grave realidad tomará un tiempo, y los daños serán considerables. Y aunque la prudencia diplomática parecería aconsejar otro camino, la sociedad colombiana, en especial sus gremios económicos, deben asumir con ahínco la causa de denunciar la ruina a la cual Chávez ha llevado a Venezuela, y promover abierta y activamente una salida electoral pronta que evite que la situación llegue a peores niveles de gravedad. El gobierno, que sí debe observar un grado de diplomacia en su actuar, ha hecho bien manteniendo una posición firme, y denunciando de forma audible al mundo la falta de cooperación de Chávez en la lucha contra el terrorismo. Los oídos del mundo no olvidan que, ya antes, Chávez ha sido acusado de promover y albergar a grupos terroristas.

Al momento de redactar esta nota, se acaban de conocer los resultados de la encuesta de Fedesarrollo sobre los niveles de confianza en los consumidores colombianos, con unos resultados nada alentadores. Para INTELIGENCIA ECONÓMICA, esto no es nada anormal, y era de esperarse. Lo sorprendente habría sido lo contrario. Parece ser que los críticos que ante estos datos reaccionan con alarma, se rasgan las vestiduras y reclaman medidas cortoplacistas, no han comprendido la gravedad de nuestra situación, y lo difícil y prolongado que será salir de ella.

Lo mismo puede decirse de la mayoría de los críticos de la política de seguridad democrática. Para algunos, la mera ocurrencia de un atentado terrorista es motivo suficiente para afirmar que tal política no sirve. Otros, rechazan de forma sistemática cualquier propuesta de endurecimiento de nuestra legislación antiterrorista. Estos últimos parecen creer que la lucha contra un grupo terrorista de más de 20,000 hombres, que cuenta con jugosos recursos financieros, puede todavía ser tratada como un asunto de policía.

Ante el panorama un poco gris que hemos descrito, lo único que el gobierno debe hacer es continuar con sus políticas y profundizarlas, evitando caer en el espejismo del corto plazo. Además de esto, debe ejercer un liderazgo que permita a los colombianos comprender que estamos en medio de un proceso, que este proceso es difícil y doloroso, y que su culminación satisfactoria sólo se verá en muchos años.

Fuente: Inteligencia Economica



  


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