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by Manuel F. Ayau CordonManuel F. Ayau Cordon


 





Regresa el fantasma de la inflación

El fantasma de la inflación, al cual más valdría calificar de monstruo, ha hecho aparición nuevamente en el escenario de nuestra economía. Durante varios años, en los cuales nuestras preocupaciones dominantes han sido la recesión y el desempleo, nos habíamos casi olvidado de ese mal que alguna vez afectó nuestra vida económica, y que castigó muy duramente a otros países como Perú y Bolivia a mediados de los años ochenta. Es más, durante los últimos años, algunos analistas llegaron a subestimar los perjuicios de la inflación, diciendo incluso que el Banco de la República debería haberse arriesgado a seguir políticas inflacionarias para lograr una reactivación de nuestra economía.

Tal posición parte de un error de hecho y de un grave defecto de valoración. En primer lugar, la pretendida relación entre inflación y crecimiento no es necesaria. La creencia según la cual las políticas expansivas e inflacionarias provocan crecimiento no es correcta, y más aún, cuando tales políticas logran ese objetivo, lo logran sobre bases débiles y falsas, que pueden causar que la economía caiga de nuevo en el mediano plazo con más fuerza. Por otro lado, no está bien y no es prudente subestimar los efectos perjudiciales de la inflación.

La cifra arrojada por el DANE sobre el aumento del costo de vida en enero es sorprendente. No sólo es alta, sino que es más de la quinta parte de la meta de inflación que nuestro banco central había fijado para este año. Eso nos arroja la triste certidumbre de que tal meta ya no se podrá alcanzar, certidumbre que se hace más sólida al pensar que aún falta valorar el efecto de la reforma al IVA sobre el nivel de precios.

Esta noticia ha causado cierto temor, justificado por cierto, entre varios sectores de la economía, que pronostican que ante la nueva amenaza inflacionaria el emisor apretará sus políticas, presionando alzas de las tasas de interés. De hecho, hace algunos días el Banco de la República elevó sus tipos de interés. Se teme que el efecto combinado de la reforma tributaria con una hipotética alza de las tasas de interés constituya una muy pesada carga para el sector productivo, deteniendo el lento e incipiente proceso de reactivación y dilatando aun más el proceso de lucha contra el desempleo. Estos temores no son injustificados ni fantasiosos, y el emisor debe ser muy responsable al diseñar sus acciones de lucha contra la inflación.

Sin embargo, y por más justificados que estos temores sean, no podemos caer en el error de afirmar que es preferible tener una inflación en aumento si ese es el precio que hay que pagar por un proceso de reactivación. Como lo habíamos dicho al comienzo, no es cierto que exista tal relación. En INTELIGENCIA ECONÓMICA creemos que, de darse en Colombia una escalada de la inflación, hay serias posibilidades de que la alta inflación y el bajo crecimiento convivan juntos por un buen tiempo, y esto sí sería una auténtica catástrofe para la economía nacional. Y tal situación no es improbable. Estados Unidos la vivió en los años setenta, y Venezuela la está viviendo justo en este momento.

Incluso en una situación de crecimiento y buen nivel de empleo, la inflación es un mal muy peligroso. De nada sirve tener empleo cuando se vive en una economía inflacionaria. Para nadie será un consuelo el saber que está empleado si cada mes o quincena, al recibir su salario, encuentra que el poder de compra de lo que gana es cada vez más exiguo. Y no es cierto, tampoco, que las inflaciones cercanas al 10% puedan ser tolerables. A pesar de que su efecto sobre los ahorros y los salarios no sea tan drástico, una inflación de este nivel tiene serias consecuencias para la economía, en el sentido de que impide la planeación a mediano y largo plazo, y causa considerables distorsiones en los sistemas financieros.

Cada vez que el Banco de la República persiste en adoptar su actitud rígida en contra de la inflación, muchos analistas locales se quejan dolorosamente, y comparan a nuestro Banco Central con la Reserva Federal dirigida por Alan Greenspan, incorrectamente elevado a la categoría de dios. Que Grenspan hizo aquello, que Greenspan hizo lo otro, que Greenspan sí es responsable. Es cierto que la Reserva Federal se ha bajado drásticamente sus tasas en respuesta a la recesión norteamericana; pero esto es algo que puede hacerse cuando las amenazas inflacionarias son inferiores al 5% anual, y donde en general se disfruta de una economía muy dinámica. Y ese no es nuestro caso.

Fuente: Inteligencia Economica



  


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