Consideraciones sobre el plan de intercambio de prisioneros
Por Andres Mejia-Vergnaud
Las voces que claman a favor de que se establezca un mecanismo para liberar secuestrados a cambio de dejar libres a guerrilleros presos, cualquier que sea el nombre que se le de, han visto su causa un poco eclipsada por el rescate del Sr. Obispo de Zipaquirá, que hicieran las fuerzas militares a finales de la semana anterior. De hecho, el recurso al canje o intercambio humanitario se basa, al menos parcialmente, en la creencia de que las fuerzas de seguridad no están en la capacidad de enfrentar el problema del secuestro. Y si bien rescatar a todos los secuestrados del país es una tarea más que titánica, la citada operación de rescate sí mostró a la opinión dos importantes hechos: uno, que la cooperación puede conducir a resultados rápidos y casi inmediatos, y dos, que las familias de los secuestrados pueden correr el riesgo de autorizar un rescate y obtener buenos resultados. Y a pesar de que aún algunos sectores insisten con vehemencia en sus propuestas de intercambio, se ha reducido notablemente la fuerza de opinión que estas había tomado luego del secuestro del jerarca religioso.
Ahora bien, ante los evidentes peligros que la figura del canje evoca, y tal vez para contrarrestar el desprestigio que esta palabra ha sufrido, los líderes de organizaciones civiles que favorecen esta figura han optado por buscar otros nombres para ella. Además, de nuevo con el ánimo de despejar las dudas que sobre las consecuencias de este intercambio existen, han afirmado que lo que ellos proponen no es un canje, sino una nueva figura amparada en el Derecho Internacional Humanitario, y en virtud de la cual podría realizarse una “liberación simultánea”, tanto de guerrilleros presos como de secuestrados. No se ha aclarado qué clase de secuestrados entrarían en tal acuerdo, pero es casi seguro que, de realizarse, los beneficiados serían los secuestrados llamados políticos, en palabras claras, aquellos que las FARC han secuestrado precisamente para presionar el canje: Ingrid Betancur, Guillermo Gaviria y Gilberto Echeverri, Jorge Eduardo Gechen, y cientos de integrantes de las fuerzas militares y de policía.
La llamada “liberación simultánea”, por más que esté amparada por normas internacionales, y por más que su espíritu no sea el del cambio una por una de las personas privadas de la libertad, es en la práctica exactamente igual a un canje, y las consecuencias nefastas de esta última figura subsistirían plenamente en la llamada “liberación simultánea”. Y como lo hemos dicho en escritos anteriores, si bien no hay anhelo más noble y merecedor de atención que la libertad de los secuestrados, esta no debe buscarse por medios que signifiquen un costo excesivamente alto para la sociedad.
Desde el punto de vista de las Farc, no importa si a la figura se le llama canje, intercambio humanitario o liberación simultánea. Eso no es más que un mero cambio de nombre, pero los efectos son los mismos: como consecuencia de una fuerte y constante presión, realizada a través de la práctica sistemática del secuestro, las Farc obtendrían un acuerdo que, a cambio de la liberación de algunos secuestrados, permita dejar libres a varios de sus integrantes que se hallan en la prisión, o a todos ellos. Ese es uno de los más fervientes anhelos de las Farc. Nótese que, incluso desde antes de que empezara el proceso de paz de Pastrana, las Farc ya hablaban de canje, y durante este proceso, ese fue el único tema que se mostraron siempre dispuestos a discutir; de hecho, dentro del proceso los jefes de las Farc también hicieron fuerte presión para que se discutiera en canje como primer paso de cualquier negociación. En los últimos años, el canje ha sido el más vehemente e importante paso estratégico en los planes de las Farc.
No sería equivocado decir que, desde el punto de vista de las Farc, la realización de un “intercambio humanitario” o una “liberación simultánea” sería uno de los más grandes triunfos de su historia, si no el mayor. Eso les permitiría luchar con más argumentos para obtener el estatus de beligerancia y, si logran que se establezca este procedimiento como algo permanente, tendrán en sus manos la llave que les permitirá liberar a cualquier guerrillero que sea capturado en el futuro. Recuérdese que las Farc ha propuesto que se promulgue una ley de canje permanente.
El más importante de los efectos dañinos del canje, que también sería causado por la “liberación simultánea,” es que un procedimiento así crearía un incentivo permanente para el secuestro. Es decir, como consecuencia del intercambio, el secuestro se convertiría en Colombia en una práctica mucho más extendida de lo que es ahora. La razón es que un acuerdo así mostrará a los grupos terroristas que la sociedad y el gobierno están dispuestos a ceder cuando se trata de liberar secuestrados políticos de alto perfil en la opinión pública. Y no hay razón alguna para suponer que las Farc, habiendo visto triunfar su plan, no vayan a repetirlo en el futuro. Todo lo contrario: un principio elemental de racionalidad individual muestra que las personas están más dispuestas a realizar una actividad cuando esta les ha dado beneficios. Si por ejemplo se captura a algún jefe guerrillero de importancia, puede esperarse que la guerrilla desencadene una ola de secuestros de personalidades de cierta importancia, confiados en que de tal manera lograrán la libertad de ese líder. Nótese además que el famoso intercambio humanitario es un proceso en esencia elitista, ya que sólo involucra a los secuestrados cuyo perfil en la sociedad es relativamente alto.
Sólo existe un escenario en el cual el intercambio sería una opción viable para nuestra sociedad, y consiste en que este acuerdo venga acompañado de un compromiso humanitario mayor, que incluya como elemento principal el fin del secuestro, tanto político como extorsivo. Si tal cosa ocurriese, será sin duda bienvenida, pero en realidad es muy poco probable que la guerrilla renuncie a una de sus más importantes fuentes de financiación y terrorismo, más cuando ha podido comprobar que a nivel político también deja grandes utilidades.
Quienes dicen que un acuerdo de intercambio es un primer paso hacia la paz están engañando gravemente a la sociedad. No hay nada en el intercambio que pueda conducir a un proceso de paz exitoso; por el contrario, como lo hemos anotado, el intercambio sólo contiene incentivos para seguir en la guerra. Al realizarlo, se facilitara a las Farc la conducción y realización de su guerra, y se les dará estímulos para que continúen con ella. Quienes piensan que el canje traerá paz son como Chamberlain, el primer ministro inglés que forzó a los checos a ceder parte de su territorio a Hitler, bajo la creencia de que así este cesaría en su ánimo expansionista, que “se calmaría” como decimos en Colombia. Son también iguales a un expresidente Colombiano quien, recientemente, creyó que el camino hacia la paz consistía en otorgar a la guerrilla todo lo que pidiera. En ambos casos los resultados fueron uno sólo: más y peor guerra.
Una sociedad sólo puede avanzar hacia la paz cuando establece que ciertos principios y valores no pueden ser en ningún caso objeto de negociación. Uno de estos, ciertamente, es la libertad. El intercambio humanitario convertiría en Colombia a los ciudadanos en mercancía de transacciones comerciales de alto nivel.
|