El plan de “protección” al campo y las restricciones a la importación de leche
El gobierno nacional, en decisión conjunta de los ministerios de agricultura y comercio, decretó que las importaciones de leche serán sometidas al mecanismo de licencia previa por espacio de seis meses, debido a la frágil situación en que se encuentra este sector en Colombia. Así, cada centímetro cúbico que entre de este liquido, no podrá hacerlo de manera automática, sino por autorización de la entidad encargada. Se espera que con esta medida se logren solucionar en buena medida los problemas que enfrentan los productores de lácteos nacionales, como consecuencia de una sobreoferta, que mantiene bajos los precios, y de la situación comercial con Venezuela.
Esta decisión es la última de una serie de medidas adelantadas por el gobierno desde el pasado mes de agosto, cuando se impuso un arancel del 56% a la importación de leche. Sin embargo, según la posición del ministerio de agricultura, esta sobretasa no fue suficiente, ni sus posteriores incrementos a 58% en septiembre y 61% en octubre. Así, la disminución de las importaciones de lácteos registrada, de 1.600 toneladas por mes se pasó a solo 300 como consecuencia del impuesto, no es suficiente y se requiere una mayor protección al sector. De esta manera, se espera que con la restricción a las importaciones se reduzca la sobreoferta y se logren consumir los 15 millones de litros de leche que produce el país diariamente. Es más, se espera que los lácteos colombiano se puedan distribuir en Perú y Venezuela, nación que en la actualidad tiene restringido el ingreso de la leche colombiana.
Nuevamente, y luego del revuelo que causó todo el asunto de los aranceles a la importación de productos agrícolas, se invoca la defensa del empleo rural y la precaria situación de los campesinos colombianos como justificación a esta medida proteccionista. Sin embargo, y a diferencia de la discusión anterior, no existe un argumento claro y sólido que apoye esta decisión; es decir, la indignación que producen en muchas personas los subsidios agrícolas de los países desarrollados era la base de la posición de defensa a los aranceles, pero en esta ocasión no existe algo por el estilo. La única razón parece ser el bajo nivel en que se encuentran los precios internacionales de la leche, lo cual ha facilitado la importación de este liquido.
“El incremento en el arancel es gracias a la baja en los precios internacionales, como es el caso del norte de Europa y Suramérica”, expresó el ministro de agricultura el mes de octubre al notificar el incremento del arancel a la importación de leche. Y se refiere a la disminución del precio en países como Argentina, donde la tonelada pasó de U$2.100 a U$1.300 en tan solo un año. Sin embargo, si cada vez que un bien producido en el país baje de precio en el resto del mundo, se requieran subir los aranceles la política comercial sería inmanejable y confusa.
¿Qué habría ocurrido si no se restringen las importaciones de leche? La dinámica del mercado indica que ante el exceso de oferta, el precio de este bien tendría que disminuir. Entonces, ¿es nocivo que bajen los precios de un bien, y en especial los de uno tan vital como la leche? En síntesis, otra vez se están poniendo los intereses de los productores y dueños de las tierras por encima de los beneficios para los consumidores, lo cuales podrían acceder a los lácteos en mayor cantidad, en especial cuando se estima que gran parte de la población del país, en especial la de escasos recursos, presenta problemas de nutrición y alimentación.
Finalmente, ante el anuncio del gobierno, la Asociación Colombiana de Productores de Leche, Asoleche, expresó su complacencia y aprobación. ¿Acaso no eran estos los mismos empresarios que se encontraban preocupados e iracundos ante la decisión del gobierno de Venezuela de restringir la entrada de leche colombiana a su país?
Fuente: Inteligencia Economica
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