Libre Comercio: apuntemos a lo grande
Por Andres Mejia-Vergnaud
SUMARIO
Colombia debe apostar a lograr un acuerdo bilateral de comercio con Estados Unidos; es lo más ventajoso desde os puntos de vista comercial, político, estratégico y de negociación.
EL DILEMA
En recientes días, ha habido mucha discusión sobre cuál es el rumbo que debe tomar nuestro país en su política de libre comercio. Incluso se ha criticado a Jorge Humberto Botero, Ministro de Comercio, por parecer inseguro y dubitativo en esta materia. Pero la verdad es que, si bien la escogencia entre las alternativas existentes no es fácil, en INTELIGENCIA ECONÓMICA creemos firmemente que Colombia debe orientarse a buscar un acuerdo bilateral de libre comercio con Estados Unidos.
Sabemos muy bien que esta es una opinión que muchos analistas no comparten. En particular, estos analistas temen que dicha orientación estratégica aleje a Colombia del contexto de la Comunidad Andina de Naciones CAN. Por un lado, se dice que hay que sacar provecho de la existencia de la CAN, constituyéndola como un bloque sólido que permita negociar con más fuerza las condiciones y términos del ALCA. En segundo lugar, se teme que un acuerdo de libre comercio bilateral con Estados Unidos pueda, en algunos aspectos, ser contrario a las normas y el espíritu de la CAN, resultando esto en un debilitamiento de este grupo económico regional. Pues bien, en INTELIGENCIA ECONÓMICA creemos, como primera medida, que no hay razones para pensar que la CAN pueda constituir un bloque único de negociación efectivo para obtener buenas condiciones en el ALCA; más bien, creemos que la situación política y económica de los países de la CAN hace pensar lo contrario; además, creemos que en términos de efectividad de negociación, Colombia puede lograr mejores resultados por sí sola. Por otro lado, pensamos que los beneficios de un acuerdo bilateral con Estados Unidos superarían con creces a los perjuicios, inciertos además, que pudiera provocar un debilitamiento del mecanismo andino de comercio.
DE CARA A LA NEGOCIACIÓN
Supongamos que Colombia opta por conformar un bloque andino para negociar el ALCA, renunciando a la posibilidad de un acuerdo bilateral con Estados Unidos. La conformación de dicho bloque requeriría, además de buenas intenciones, que se logren acuerdos fundamentales sobre política de libre comercio entre sus integrantes, acuerdos estos que en buena medida exigirán que los dirigentes de estos países compartan ciertos. En particular, nuestros gobernantes deben estar de acuerdo sobre las virtudes del comercio libre, y la necesidad de avanzar a paso firme hacia una eliminación de las barreras al intercambio.
Además, la conformación de dicho bloque exigiría compartir una serie de políticas e incluso de indicadores, que permitan llegar a la mesa de negociación mostrando una sola cara. Todos los países de este hipotético bloque deberían practicar una política seria de lucha contra la inflación y mantener una actitud permanente de responsabilidad fiscal. Deberían renunciar a las manipulaciones monetarias de origen político, y mostrar un indeclinable compromiso con el cumplimiento de obligaciones internacionales. Además, deben dar garantías de que sus instituciones de control de cambios y controles a flujos de capitales son, a lo sumo, mínimas.
¿Cree el lector, seriamente, que un grupo con tales características podría conformarse con la Venezuela de Chávez y el Ecuador de aún incierto Gutiérrez? Y esto sólo para mencionar a los dos países más problemáticos en la actualidad. Recuérdese que Perú coqueteó con el regreso de Alan García, arquetipo y quintaesencia de la irresponsabilidad económica.
En el caso de Venezuela, miembro importante de la CAN, se ha pasado ya de la retórica a la realidad. Su presidente, siempre cargado de una incendiaria agresividad verbal contraria a todos los principios que hemos mencionado, encabeza un gobierno que ya ha establecido un control de cambios, y que ha amenazado con llegar al extremo de establecer controles de precios. La viabilidad política de este gobierno es muy incierta, e incluso se teme que la situación actual degenere en un caos de violencia y desorden. Ecuador no es tampoco un paradigma de estabilidad, y aunque el recién electo Gutiérrez ha suavizado su discurso protochavista, no es claro todavía que rumbos seguirá, en especial en materia de deuda. Si alguien cree que con estos países puede conformarse un bloque serio de negociación, está realmente en mora de explicar cómo se hará tal cosa.
Sería sin duda más fácil y efectivo conformar un equipo local de negociación, integrado por profesionales de primera línea (que tenemos en abundancia), que se mueva bajo una única orientación estratégica, que actúe con base en principios ya definidos, que no tenga que discutir varios meses sobre asuntos filosóficos, que sea confiable, que no deba entorpecer sus procesos por la influencia de grupos de interés de la región, y que pueda estar bajo la estricta supervisión ejecutiva de nuestro gobierno. Un grupo así sería el encargado de negociar un acuerdo bilateral de comercio con Estados Unidos.
VALE LA PENA EL RIESGO
En segundo lugar, el debilitamiento del mecanismo de la CAN es un precio que valdría la pena pagar por celebrar un acuerdo bilateral de comercio libre con Estados Unidos. Es cierto que Colombia tiene unos importantes flujos comerciales con los países de la CAN, pero las relaciones que fundamentan estos flujos continuarán existiendo incluso si firmamos un acuerdo bilateral con Estados Unidos.
La pregunta que de verdad debemos hacernos en materia de riesgo es esta: ¿vale la pena desaprovechar esta oportunidad “única y feliz” por causa de consideraciones regionales de esta índole? Estados Unidos es el mayor y más vibrante mercado del planeta. Su economía no sólo es la más grande del mundo, sino que ella sola es el doble de la de Japón, el segundo en la lista. Las dinámicas del consumo en Estados Unidos, pese a que han sido golpeadas por las recientes dificultades políticas y económicas, hacen de este país un mercado inmensamente atractivo.
Si nuestro país toma una decisión equivocada en esta materia, estaría renunciando a oportunidades doradas de progreso, de integración, de generación de empleo y aumento de nuestra competitividad. Todos estos beneficios se producen cuando se hace comercio con los grandes.
Fuente: Inteligencia Economica
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