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by Manuel F. Ayau CordonManuel F. Ayau Cordon


 





Las primeras medidas de Lula

Por Alberto Míguez

Pocos presidente en Iberoamérica han suscitado tanta expectación y tantas esperanzas como el nuevo jefe del Estado brasileño, Lula da Silva. Todo indica sin embargo que el “estado de gracia” que suele concedérsele interna y externamente a cualquier nuevo dirigente cuando llega al poder, durará poco.

Lula ha empezado ya a cometer errores. El primero: enviar a Venezuela para apoyar a su amigo y compadre, Chávez, un petrolero para romper la huelga que la oposición democrática de este país lleva a cabo desde hace más de un mes para acabar con la surrealista y bananera dictadura “bolivariana”.

El primer epíteto que la coordinadora democrática venezolana ha lanzado contra Lula ha sido simple y llanamente, “esquirol”, algo que en un antiguo obrero y sindicalista está muy mal. Sea cual sea el futuro político de Venezuela, algunos de cuantos hoy luchan a brazo partido contra Chávez y su dictadura tendrán un papel destacado y dirigente. Algún día Lula deberá tratar con ellos y este primer encontronazo no le facilitará la tarea. Lula ha preferido quedar bien con un amigo de parrandas ideológicas que respetar los intereses y la soberanía de un país amigo y vecino. El coste de esta frivoliudad puede ser alto.

El hecho de que Fidel Castro y Chávez hayan sido las estrellas de la toma de posesión de Lula dice bastante sobre las intenciones y simpatías del nuevo presidente y también lo dice el hecho de que Bush haya enviado para representarlo a un funcionario de segundo nivel que ni siquiera llegó a entrevistarse con el nuevo presidente.

La segunda metedura de pata de Lula se ha producido una semana después de haber asumido su cargo cuando anunció su decisión de facilitar a los pobladores de las favelas (chabolas) la posibilidad de convertirse en propietarios. Por lo general, estos terrenos fueron ocupados por la fuerza y pertenecían legalmente a otras personas de modo que antes que otorgárselos a sus actuales ocupantes, el gobierno brasileño deberá llegar a un acuerdo con los primeros propietarios, algo que se anuncia complicado.

Pero es que cualquier gobernante con un poco de caletre y menos demagogia populista hubiera hecho exactamente lo contrario: anunciar la supresión de esas infraviviendas y ofrecer a sus habitantes otra alternativa menos mísera. Convirtiendo a los pobres en propietarios de su pobreza se facilitan todo tipo de chanchullos (las primeras voces advirtiendo que muchos de los nuevos propietarios lo primero que harán será vender sus favelas e irse con viento fresco a sus lugares de origen) y quienes probablemente sacarán pingues beneficios de esta decisión serán precisamente los sectores más poderosos dedicados al negocio inmobiliario que verán cómo el Estado les facilita la compra de terrenos –algunos de ellos en pleno centro de la ciudad y con vistas: ejemplo, Rio de Janeiro– en condiciones muy favorables. Les será fácil a estos “promotores” convencer a los chabolistas de que abandonen sus casas y construir sobre estos terrenos.

Lejos de erradicar la pobreza y la corrupción, Lula ha decidido legalizarlas y extenderlas sin por ello eliminar las causas que las generan. Claro que eso no tiene rentabilidad a corto plazo y lo que el nuevo presidente busca son éxitos instantáneos y aplausos graneados.

Lula prepara también un tour de turismo social con sus ministros y nuevos funcionarios. Se trata de enseñarles las zonas más deprimidas donde habitan esos cincuenta millones de habitantes que pasan hambre literalmente y que el nuevo dirigente pretende mejorar, aunque todavía no ha dicho ni cómo, ni cuando ni con qué medios. Parece increíble que estos ministros, todos ellos políticos de profesión, no conozcan las crudas realidades sociales de su país y necesiten al Lula de lazarillo. Al final, el gesto será apenas eso, un gesto para la galería. La peregrinación gubernamental no acabará con el hambre y la explotación: incluso puede promoverlas.

El temor de que una buena gobernación reformista sea sustituida por medidas populistas y populares comienza a filtrarse en los medios de comunicación que hasta ahora exaltaban a Lula. El síntoma es pésimo.

Muchos esperaban en Brasil que Lula extremase la prudencia en las primeras semanas de su mandato. Eso, al menos, había dado a entender antes de tomar posesión. Pero todo apunta que por temperamento y carácter el ex dirigente metalúrgico de Sao Paulo no es paciente ni en exceso prudente. Ojalá sus primeros errores sean producto de su inexperiencia y no reflejo de su temperamento.

Fuente: Libertad Digital



  


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