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Los dos futuros de Bolivia

Por Alvino-Mario Fantini *

Cuando se posesione el nuevo presidente de Bolivia el próximo año (el sexto cambio de gobierno desde el 1997), enfrentara una decisión monumental. Tendrá que decidir si se fortalecerán las alianzas formadas en la década de los 90 con firmas internacionales para desarrollar las industrias del país y sus servicios básicos. O, por otro lado, podrá sencillamente ceder a la presión de activistas y cambiar los contratos ya hechos con inversionistas extranjeros (a pesar de haber sido invitados por el mismo gobierno) y efectivamente confiscar sus inversiones.

Pero lo que no queda claro es el interés fundamental que el pueblo boliviano tiene en esta decisión monumental. Para los bolivianos (uno de los pueblos más pobres de Sudamérica) la decisión es realmente entre dos futuros diferentes.

Reformas Recientes

Para entender el posible futuro de Bolivia, uno tiene que primero entender su pasado. Hablando a nivel regional, mientras que para el periodo de 1950 al 2000, los ingresos reales subieron un 75 por ciento en Argentina, 200 por ciento en Chile, y 350 por ciento en Brasil, la gente en Bolivia gano 1 por ciento menos de lo que ganaban sus abuelos.

Pero esta trayectoria de estagnación empezó a cambiar en la década de los 90, principalmente a través de la formación de alianzas estratégicas con firmas internacionales, parte de toda una estrategia gubernamental. Sobre este punto, de acuerdo a un reciente informe del Banco Mundial, “las reformas fueron significativas y se mantuvieron y dieron resultados—inicialmente una estabilización económica veloz y, como consecuencia de esto, un crecimiento promedio de 4.5 por ciento durante 1994-98.”

El Banco Mundial dice que la trayectoria del gobierno y los resultados de estas políticas ayudaron a producir un aumento de los niveles de inversión—llegando a 12 por ciento del PIB en 1998, en contraste a 3 por ciento en 1995. El crecimiento económico producido efectivamente redujo la tasa de desempleo oficial en las grandes urbes del país—a 4 por ciento en 1997 de más de 10 por ciento en 1989. Además, este crecimiento contribuyo a una reducción de la pobreza urbana—reduciéndola a 46 por ciento en 1999 de un 52 por ciento en 1993.

De acuerdo a otro documento del Banco Mundial, las inversiones sociales también empezaron a subir en este periodo, llegando a 18.7 por ciento del PIB en 2001 de un 2.5 por ciento en 1986. Pero lo más importante es que se ha visto una reducción del número de personas con necesidades básicas no satisfechas—a 59 por ciento en 2001 de 86 por ciento el 1976.

Progreso Frustrado

Lamentablemente, el Banco Mundial también encontró que, como resultado de las convulsiones sociales y la incertidumbre política, “Bolivia no tiene los marcos legales, regulatorios, o institucionales necesarios para competir y lograr la prosperidad en el siglo veintiuno.”

La problemática boliviana se complica aun más por las limitaciones de la historia. La Guerra del Pacifico del siglo 19 dejo al país—y a su gente—sin acceso al Océano Pacifico y con un inolvidable rencor hacía los chilenos. Por eso, la incapacidad de poder seguir adelante con un proyecto en Chile para construir un gasoducto, y una planta para la liquificación de gas natural, dejo a Bolivia aislada de los mercados internacionales. Al mismo tiempo, el gobierno se ha comprometido a venderle gas a Brasil por un largo plazo a precios más bajos que los del mercado internacional.

La incapacidad de poder comprometerse a un plan a largo plazo con la Argentina durante la crisis de ese país, ha llevado a Bolivia a ser considerada en los mercados internacionales como un proveedor de emergencia—y mientras más corta la emergencia, mejor—postergando por ahora su transformación en el centro energético del cono sur.

Los inversionistas internacionales se han fijado mucho en los últimos acontecimientos en Bolivia. Desde 1999, la inversión privada en el país ha caído precipitadamente y el crecimiento del PIB ha logrado un promedio de 2.2 por ciento por año. Y a medida que las convulsiones sociales y el caos político del país se han profundizado en los últimos años, la pobreza ha vuelto a subir por encima de 65 por ciento y la tasa de desempleo ha llegado a los dos dígitos.

Dos Futuros

¿Qué futuro tendrá Bolivia si continúa ignorando su ambiente comercial, si abroga sus contratos y ataca el capital extranjero? En la opinión del Banco Mundial, el crecimiento per capita probablemente caerá un 1.6 por ciento durante el 2000-10. Dada una tasa de crecimiento poblacional de 1.9 por ciento anual, estos niveles de crecimiento económico son totalmente insuficientes para bajar el nivel de desempleo o lograr algún progreso en la reducción de pobreza.

Además, el estatus que tiene Bolivia como asociado (y no miembro pleno) dentro del esquema del ALCA podrá resultar en otra oportunidad perdida. El Banco Mundial calcula que Bolivia podrá perder hasta $51 millones en potenciales exportaciones.

Por otro lado, ¿que ganaría Bolivia si regresara a políticas de estado para atraer capital extranjero y proteger inversiones extranjeras? El Banco Mundial sugiere que podrá generar una tasa de crecimiento de 4.5 a 5 por ciento anual, lo cual “haría reducir dramáticamente sus problemas de pobreza. A lo largo de los próximos 10 años, el promedio de ingresos reales podrá subir 26 a 32 por ciento; y en 20 años alcanzarían el 55 a 71 por ciento.” Si así fuera, en 10 años, la tasa de pobreza alcanzaría a la mitad de la población y ya no a los dos-tercios actuales. Y en 20 años, quizás podrá caer hasta un-tercio.

¿Semejante milagro podrá tener lugar en un país con una historia tan difícil? El Banco Mundial cree que si—pero solo si el gobierno boliviano se compromete a reducir la “inestabilidad política, los disturbios sociales y ese clima de incertidumbre.” Esto significa recuperar el estado de derecho, respetar los contratos y lograr la resolución de disputas en cuanto a las inversiones extranjeras de una forma que “se percibiría ampliamente como algo justo por ambos—los bolivianos y los inversionistas extranjeros.”

Regresando de esta manera a una estrategia de apertura al exterior, reciprocidad, estabilidad y transparencia le permitiría a Bolivia a tomar ventaja de sus reservas masivas de gas natural, realizar sus ambiciones en cuanto a los mercados regionales de energía y quizás disfrutar de los resultados de un acuerdo de libre comercio andino.

En resumidas cuentas, el próximo presidente boliviano enfrenta dos senderos distintos que conducen al país a dos futuros opuestos. Uno podrá llevarlos a un futuro mejor que cualquier otra cosa que hasta ahora han conocido. El otro podrá traer las peores consecuencias que Bolivia ha atravesado en cualquier momento del siglo 20.

* Alvino-Mario Fantini es un periodista y escritor Boliviano-Norteamericano. Ha trabajado en Bolivia por cinco años como corresponsal de prensa y como un oficial de asuntos externos de una organización de desarrollo internacional. Se graduó de Dartmouth College y ha recibido estipendios periodísticos de la Fundación Phillips y de la Unión Europea.


(C) Hispanic American Center for Economic Research

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