Argentina: La inflación oficial
La Prensa
Causó desilusión el anuncio del costo de vida de 2007 que hizo el Indec, muy por debajo de lo que calculan los expertos económicos y el hombre de la calle.
Se atribuye a Abraham Lincoln esta frase memorable: "Se puede engañar a todos poco tiempo, se puede engañar a algunos todo el tiempo, pero no se puede engañar a todos todo el tiempo". El concepto calza a la perfección con las estadísticas oficiales sobre el costo de vida.
El Indec -que por desgracia ha dejado de ser autónomo e imparcial- acaba de informar que la inflación de diciembre fue del 0,9 por ciento, acumulando a lo largo de 2007 un incremento de 8,5 por ciento, el menor de los últimos cuatro años. De este modo la Argentina se convirtió en uno de los dos países de Latinoamérica (el otro es Paraguay) que durante el año pasado registraron un incremento de precios menor al de 2006, a pesar del explosivo aumento del precio de los alimentos y la energía.
La Universidad Austral calcula que la inflación real en nuestra patria es del 19 por ciento. Los sindicatos están reclamando compensaciones y para 2008 un ajuste de salarios del 25 por ciento por lo menos. No hace falta ser un erudito para percatarse de que está muy lejos de la realidad la aseveración del Indec de que la canasta alimentaria subió sólo el 6,6 por ciento en 2007. La economía, por buenas y malas razones, sufre un grave rebrote inflacionario. Los bolsillos crujen. El Gobierno ha optado por desvirtuar el termómetro en lugar de abocarse de manera realista a bajar la fiebre. Como consecuencia, se han empobrecido aquellos sectores sociales y aquellos trabajadores que no cuentan con poder de fuego en la mesa de discusión de la distribución de ingresos. La lista es muy larga: empleados informales, jubilados, maestros, policías, personal de las Fuerzas Armadas, agentes municipales, asalariados de pymes con dificultades, entre otros.
Los mercados recibieron con desilusión la primera medición inflacionaria de la Presidenta. Se esperaba una paulatina normalización del Indec con el cambio de gobierno.
Aquí se plantea una cuestión delicada. Como algunos de los nuevos bonos de la deuda pública se ajustan por el costo de vida oficial, muchos inversores se sienten estafados. Creen que se trata de otra afrenta a la seguridad jurídica. No se trata, en verdad, de una tensión limitada a los rendimientos financieros. Afecta a toda la República.
¿Cuántos inversores estarán dispuestos a arriesgar sus capitales en un país donde las estadísticas oficiales no son creíbles?
No es casualidad que la Argentina tenga el riesgo país más alto de la región a pesar de experimentar un formidable crecimiento del Producto Bruto. Ese tufillo de "incorregibles" nos condena al subdesarrollo.
Fuente: La Prensa
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